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Democracia en la era del analfabetismo digital Opinión

Democracia en la era del analfabetismo digital

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Víctor Yáñez Pereira
Por : Víctor Yáñez Pereira Director Académico de Postgrado
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Hoy en día la alfabetización digital constituye una habilidad necesaria para desenvolvernos en nuestras sociedades, no solo en ámbitos académicos y profesionales, también, en la vida cotidiana. Mientras a empresas y organizaciones aporta competitividad e innovación, en las ciudadanías permite nuevas formas de vivir, asociarse, trabajar y aprender.

Al contrario, el analfabetismo digital conlleva la incapacidad para comprender y utilizar las TICs, internet o aplicaciones más sofisticadas, lo que para Icaza-Álvarez (2019) provoca falta de conocimiento y capital cultural, mientras para García (2021), impide gozar de oportunidades que ofrece la sociedad de la información.

La brecha digital resta autonomía, genera aislamiento y exclusión social, dificulta incorporarse en procesos de desarrollo, optar por servicios de apoyo, adaptarse a las exigencias del mercado laboral global, etc. En 2024, Subtel y Cadem informan que el 94,3% de la población chilena contaba con acceso a internet. De ese total, el 95,1% representa hogares con jefatura masculina, respecto de un 93,2% con jefatura de hogar femenina. El 77,4% usa redes sociales, según datos de Transnews y la conectividad portátil supera los 30 millones de dispositivos móviles, que se utilizan para comunicarse (69,8%) y poder informarse (57,0%).

Sin embargo, la Fundación País Digital junto a Entel (2024), señalan que el 54% de chilenos/as solo cuenta con habilidades digitales básicas, el 5% no cumple con ninguna de esas prácticas y únicamente el 7,2% posee manejo avanzado de ellas. Las más afectadas son las personas mayores; el informe Radiografía Digital, elaborado por ClaroVTR y Criteria Research (2024), muestra que el 66% se siente presionado a convivir con nuevas tecnologías, aun cuando al 82% le interesa adquirir habilidades digitales para facilitar su diario vivir y permanecer conectados.

Entonces, la premisa ha de ser: tecnología a la mano de todas las ciudadanías. Siguiendo la ruta del Plan Brecha Digital Cero 2022 – 2025, el sector gubernamental y productivo deben articularse para robustecer políticas en materia de educación e inclusión digital, como de regulación y seguridad en el mercado y consumo de plataforma.

Por su parte, las universidades han de renovar planes de estudio y apuntar hacia infraestructura sostenible, promoviendo ciudadanías digitales, preparadas para el ejercicio de derechos y responsabilidades, que distingan y dispongan de información transparente, se comprometan, debatan y participen en comunidades virtuales, de forma ética, inclusiva, crítica y deliberativa, dando respuesta a asuntos públicos y problemas reales (ONU, 2013).

Son esfuerzos por la E-democracia, como le llamo Steven Clift (2004), utilizando la tecnología para abrir procesos de gobernanza, capaces de hacer frente a la era de la desinformación, donde priman las fake news, la infodemia y la infoxicación, manipulando la opinión pública y erosionando la estabilidad de instituciones democráticas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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