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Por qué armar un PC en 2026 cuesta mucho más (y qué tiene que ver la geopolítica)
Lo que partió como un alza puntual en la memoria RAM hoy refleja un cambio mayor: la tecnología dejó de ser un mercado estable y pasó a depender de conflictos, decisiones industriales y una demanda global que ya no tiene techo.
Si un diseñador gráfico cotizaba un computador en septiembre de 2025: procesador, tarjeta gráfica, placa madre y 32 GB de memoria RAM DDR5. Total: 1,2 millones de pesos. Meses después, en marzo de 2026, vuelve a cotizar exactamente lo mismo. El resultado cambió: 1,56 millones.
La diferencia no estuvo en el procesador ni en la gráfica. Fue un solo componente: la memoria RAM, que pasó de costar 180 mil a 540 mil pesos.
El caso no es aislado. Es una señal local de un fenómeno global: el encarecimiento abrupto de los semiconductores, impulsado por una combinación de decisiones industriales, demanda tecnológica y tensiones geopolíticas.
Un mercado que se tensionó en meses
La memoria RAM, el espacio donde el computador maneja tareas en tiempo real, se ha vuelto uno de los cuellos de botella más visibles del mercado.
Desde fines de 2025, los principales fabricantes, Samsung, SK Hynix y Micron, redujeron producción. Al mismo tiempo, la demanda explotó, especialmente por el crecimiento de la inteligencia artificial. Empresas como Google, Microsoft o Amazon están comprando grandes volúmenes de memoria para sus centros de datos, presionando los precios hacia arriba.
El resultado: kits de 32 GB DDR5 que han llegado a triplicar su valor en menos de medio año, con proyecciones de seguir subiendo.
El trasfondo: la guerra por los chips
Pero el problema no es solo oferta y demanda. Detrás hay una transformación más profunda.
Durante décadas, la industria de semiconductores funcionó como una cadena global eficiente: Estados Unidos diseñaba chips, Taiwán los fabricaba y China los ensamblaba. Esa lógica empezó a romperse con las tensiones entre Estados Unidos y China, que desde 2018 han escalado en restricciones tecnológicas y comerciales.
Hoy, los chips son considerados un activo estratégico.
Taiwán, donde se concentra la fabricación más avanzada del mundo, se ha convertido en un punto crítico. La dependencia global de esa isla, sumada a su situación política con China, introduce un nivel de incertidumbre que hace una década no existía.
La pandemia evidenció esa fragilidad: industrias completas se paralizaron por la falta de componentes mínimos.
En respuesta, Estados Unidos impulsó políticas para relocalizar producción, como el CHIPS Act, que subsidia la fabricación local de semiconductores.
Cómo impacta esto en el usuario común
Aunque estos movimientos parecen lejanos, tienen efectos directos en mercados como el chileno, que depende completamente de importaciones.
El alza de precios no solo encarece los computadores nuevos, también cambia las decisiones de compra. Componentes que antes eran secundarios, como la RAM, hoy pesan tanto como el procesador en el presupuesto total.
Y aquí aparece una variable nueva: el procesador vuelve a importar por precio
En paralelo a esta crisis, 2026 también trajo una generación de procesadores que cambió ligeramente la ecuación.
Intel lanzó su línea Core Ultra 200S Plus con precios agresivos: cerca de 199 dólares para modelos como el Ultra 5 250K Plus y alrededor de 299 dólares para el Ultra 7 270K Plus . En la práctica, eso los posiciona directamente frente a la gama media de AMD Ryzen 9000, pero con una estrategia distinta.
La diferencia no es solo marketing. En pruebas recientes, el Ultra 7 270K Plus compite directamente con chips como el Ryzen 7 9700X, superándolo con claridad en tareas de productividad y quedando muy parejo en gaming . En cargas multihilo, incluso puede marcar ventajas significativas gracias a su arquitectura híbrida con más núcleos totales.
Donde AMD sigue fuerte es en eficiencia energética y en algunos escenarios de gaming muy específicos, especialmente con modelos que usan caché 3D. Pero fuera de esos casos, la diferencia real en uso cotidiano es menor de lo que era hace un par de años.
Y ahí está el punto clave: en un contexto donde la RAM cuesta el triple, ahorrar 100 o 200 mil pesos en procesador o plataforma deja de ser marginal.
El factor técnico que se vuelve económico
Además, estos nuevos procesadores traen mejoras en controladores de memoria y soporte para velocidades más altas de DDR5, hasta 7200 MT/s de forma nativa .
Eso no necesariamente cambia radicalmente el rendimiento en juegos, pero sí ayuda a exprimir mejor una memoria que hoy es extremadamente cara. En otras palabras, el margen de error se reduce.
Más allá de marcas: una decisión de contexto
La competencia entre Intel y AMD sigue siendo muy estrecha. En muchas comparaciones, la diferencia depende más del tipo de uso que de una superioridad clara de uno sobre otro .
Pero en 2026 aparece una capa adicional: precio de entrada, disponibilidad de componentes y estabilidad de la cadena de suministro.
Para el usuario promedio, eso se traduce en algo simple: dos PCs con rendimiento similar pueden tener diferencias de precio relevantes dependiendo de la combinación de plataforma.
Qué considerar hoy si vas a armar un PC
Primero, asumir que los precios actuales no son una anomalía puntual.
Segundo, mirar el sistema completo y no solo el procesador. Hoy la RAM define mucho más el costo total que antes.
Tercero, entender que la diferencia entre plataformas es cada vez más contextual: qué encuentras disponible, a qué precio y para qué uso específico.
Un mercado que dejó de ser predecible
El armado de computadores siempre ha tenido ciclos, pero el actual combina demasiadas variables al mismo tiempo: transición tecnológica, auge de la inteligencia artificial y tensiones geopolíticas.
El resultado es un mercado menos predecible, donde decisiones que antes eran puramente técnicas hoy también son económicas.
Para el consumidor, eso implica algo poco habitual: entender que el precio de su próximo PC, e incluso de su celular no depende solo de la tecnología, sino también del estado del mundo.