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Karin Cuyul, cineasta: “No se pueden separar las historias generales de las particulares” CULTURA Cedidas

Karin Cuyul, cineasta: “No se pueden separar las historias generales de las particulares”

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A través de archivos filmados originalmente a color, “La vida que vendrá” reconstruye la memoria política y social de Chile desde la Unidad Popular hasta el estallido social, en una reflexión sobre el tiempo, los ciclos históricos y las imágenes como archivo vivo. Todo desde una mirada personal.


El Mostrador Fuente Preferida

La vida en los 70 no fue en blanco y negro, pero gran parte de los registros de aquella época sí lo fueron. Por eso, pensar hitos fundamentales de la historia reciente de Chile —como la Unidad Popular (1970-1973) y los inicios de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)— en color parece una tarea poco habitual. Bajo esa premisa, la directora Karin Cuyul propone una mirada distinta en su más reciente largometraje documental, La vida que vendrá.

La película recorre distintos momentos de la historia reciente del país y los resignifica visualmente a través de un relato no lineal, que comienza en los años de la Unidad Popular y se extiende hasta el estallido social de 2019, guiado por la voz en off de la propia realizadora. Una nítida reflexión que nace desde una mirada autobiográfica, acompañada de un estudio arqueológico de imágenes que instauran la idea de que la historia es cíclica y los sucesos históricos tienden a repetirse.

“Me parece que el color le otorga a la película un carácter justo de archivo vivo”, explica Cuyul a El Mostrador. La directora sostiene que “el blanco y negro retrata a las personas desde un lugar asociado a la violencia y únicamente al dolor, y no como personas con agencia propia. En el fondo, el color no solamente traía cierta sensación de vida en la imagen, sino que también otorgaba a las personas ese espacio de agencia, de mostrar que sí se organizaron, que sí creyeron en algo y darles ese lugar de representación”.

La investigación y el acceso a los archivos

El primer acercamiento de Karin Cuyul a la idea nació de manera fortuita. “Cuando empecé a diseñar cómo iba a enfrentar el proceso de investigación, lo único que me importaba en ese minuto es que no fuese una película cronológica. Hablar de estos ciclos políticos y dilucidar cómo hacíamos este loop”, explica.

Luego de adjudicarse el Fondo Colombiano y Chileno para la Realización en 2023, la directora y su equipo iniciaron el trabajo más profundo, pues la idea se venía gestando desde el año 2021. En ese momento, Karin cuenta, fue la instancia en la que comenzaron la búsqueda de estos archivos de forma “metódica y disciplinada”.

– ¿Cómo fue el proceso de acceder a las imágenes a color?

Fue un proceso muy democrático y muy abierto. Con ello me di cuenta es que había todo un banco de imágenes, tanto nacional como internacional, enviados por corresponsales extranjeros que vinieron a Chile a cubrir como todo el momento de elecciones de Allende y también del proceso de la Unidad Popular. Casi todos los materiales de origen a color. Eso fue como encontrarse una cápsula de tiempo, ver esas imágenes así tan lindas y tan nítidas, porque además vienen en soporte fílmico de origen.

El haber descubierto esas imágenes, el haber accedido a esas imágenes y entender que están conservadas y preservadas en en cinetecas fue como un regalo y sentí que se nos impuso una forma de entender ese periodo en particular de nuestra historia.

– ¿Existió algún material al que te haya costado acceder? 

– Sí, aunque lo que pasó en realidad es que presentaron ciertos desafíos que al final terminaron contribuyendo a la narrativa de la película. Uno de ellos se presentó cuando decidí trabajar con archivos amateurs y con archivos de instituciones. Eso hizo que quedara afuera un montón de archivo oficial y sobre todo archivo oficial extranjero. Material de corresponsales que vinieron, sobre todo a filmar en los 70. Al momento en que empezamos a consultar por esos archivos, las conversaciones se tornaban transaccionales y eso nos llevó a tomar esa decisión (trabajar con material amateur).

Aunque existe un archivo que nos hubiese gustado incluir. Es un archivo que está albergado en el Museo de la Memoria, de un cineasta holandés, que vino a filmar, y que se encuentra en una película. Ese archivo fue donado al museo, por lo que decidimos solicitamos ocupar ciertas escenas para esta película. Pero él consideraba que el hecho de que esté  en otra película era una forma de lucro. Por eso no nos dio el acceso y no hubo manera de poder convencerlo.

– ¿De dónde viene el nombre de la película? 

– El título lo puso mi mamá en un momento en que yo no encontraba títulos y pertenece a una frase que se encuentra en la canción “El Pueblo Unido” de Quilapayún –“El pueblo va a triunfar, será mejor la vida que vendrá”–. Me parece muy interesante que esa canción se haya escrito en Chile y que haya atravesado las fronteras. Sirve para representar la resistencia en distintos lugares.

Pero además cae en este juego de temporalidad, del pasado. Lo que me enseñó esta película fue que, justamente, encontré la fortaleza para enfrentar mi propia derrota política en lo que contienen las imágenes; en lo que contienen los relatos. Y cómo ese pasado está súper vigente.

Siento que no hay que dejar de soñar con la vida que vendrá, porque eso nos va a sostener si se deja de pensar en una proyección del futuro colectivo.

El cine de Karin Cuyul

Karin Cuyul denomina a su familia y a ella misma como nómada. Su madre y su padre son del norte y se mudaron a Chiloé, donde vivió gran parte de su infancia y juventud. Para concretar sus estudios superiores, se mudó a Valparaíso y terminó por asentarse en Santiago y concretó sus estudios en la Escuela de Cine de la Universidad Arcis en 2011, e incluso con un paso por México. Desde esos distintos territorios, temas como la identidad personal y territorial se transformaron en una constante dentro de su obra, presente en sus dos largometrajes —Historia de mi nombre (2019) y La vida que vendrá (2025)— y en el cortometraje Notas para el futuro (2023).

– ¿En qué momento decidiste que este era el cine que querías hacer?

– Fue casualidad en realidad. Salí de la escuela de cine y salí trabajando en producción. Luego hice mi primer largometraje Historia de mi nombre, sin haber dirigido hasta ese minuto. Empecé a desarrollarlo fue tomando vuelo y hasta que se fue convirtiendo poco a poco en una película. Fue una película más autobiográfica, pero que también se relaciona mucho con la historia política del país. Y ahí fue la primera vez que trabajé con archivos.

Entre las tres películas hay cierta correspondencia, pero gracias a la primera descubrí la potencia de los archivos. Con ellos se pueden construir distintas películas, incluso usando las mismas.

Fue en el periodo de la pandemia que comencé a trabajar en Notas para el futuro, utilizando material en fílmico. Yo no había trabajado con archivos fílmicos hasta ese momento y su particularidad es que hoy en día está en la biblioteca.

Siento que ese fue el puente para La vida que vendrá. Para mi, esta película viene a cerrar todo ese capítulo de investigación de archivos entre las tres, porque fue un trabajo mucho más grande; múltiples formatos, otro tipo de archivos, un material muy político, y que, además, abarcaban 50 años de nuestra historia. Construir una memoria del país, ya era un un desafío mayor.

Me interesa mucho el vínculo de las historias personales y cómo se involucran con lo que está pasando alrededor nuestro. Yo siento que no podemos separar la historia, la historia general de nuestras historias particulares y me gusta mucho trabajar así, construir a partir de eso. No separar lo que pasa alrededor de las personas con la historia propia.

– Tomando en cuenta que comenzaste a construir la película en 2021, ¿imaginaste alguna vez que tu película iba a estrenarse en el periodo político en el que vivimos hoy? 

– No, para nada. De hecho, la película la terminamos el año pasado en el 2025 todavía con Gabriel Boric como presidente, y me parece muy loco. Porque al final, claro, las imágenes son una cosa y nos hablan de una historia sentimos pasada, pero la actualidad nos está manifestando otra cosa. La historia es cíclica, eternamente volviendo. Sobre todo en un país como el nuestro que se ha desarrollado avanzado sin solucionar problemáticas que debiesen haberse solucionado más profundamente.

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