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Créditos: El Mostrador.
Restringir las redes sociales a adolescentes podría desplazar los riesgos a otros espacios digitales
Un estudio del British Medical Journal advierte que limitar el acceso a las redes sociales en adolescentes puede generar efectos no previstos, desplazar los riesgos hacia otros espacios digitales y beneficiar de manera desigual a los jóvenes según su contexto social y familiar.
Las restricciones al uso de redes sociales en adolescentes pueden disminuir algunos riesgos, pero no garantizan una solución definitiva. Un estudio publicado en el British Medical Journal advierte que estas medidas pueden generar consecuencias inesperadas, afectar de manera desigual a los jóvenes e incluso trasladar los problemas hacia otros espacios digitales.
Los investigadores sostienen que este tipo de políticas debe abordarse como parte de un sistema complejo, en el que interactúan adolescentes, familias, establecimientos educacionales, gobiernos y empresas tecnológicas. Por ello, limitar el acceso a las plataformas no necesariamente elimina los riesgos asociados a su uso.
Según el análisis, las restricciones podrían llevar a que los adolescentes migren hacia entornos más privados o difíciles de supervisar, además de incentivar cambios en las propias plataformas digitales. Asimismo, los beneficios de estas medidas podrían concentrarse en quienes cuentan con mayor apoyo familiar, mejores habilidades digitales y alternativas seguras de socialización fuera de internet.
Amrit Kaur Purba y sus colegas advirtieron que una visión reduccionista del problema puede derivar en políticas visibles, pero poco efectivas. En el trabajo recogido por la British Medical Journal, los autores alertaron de que los gobiernos corren el riesgo de introducir políticas que causen daños no previstos mientras dejan intactas las causas de fondo.
Las posibles respuestas de las empresas tecnológicas
Los investigadores plantean que las compañías de redes sociales podrían reaccionar ante nuevas regulaciones de manera similar a como lo han hecho otras industrias vinculadas a la salud pública, como las del tabaco y el alcohol. La premisa es que estas políticas no afectan un comportamiento aislado, sino que intervienen en un ecosistema dinámico y en constante evolución.
Entre los escenarios que anticipan, se encuentra la posibilidad de que las empresas redefinan qué servicios califican como redes sociales para evitar quedar sujetas a nuevas normativas. También prevén un aumento de las inversiones en plataformas relacionadas o en espacios con menor regulación.
El estudio señala, además, que las compañías pueden influir en el debate público y político mediante estrategias como el cabildeo, campañas comunicacionales, financiamiento de investigaciones y acciones de marketing. Estas respuestas, advierten los autores, pueden manifestarse en los ámbitos político, científico, tecnológico y económico.
No todos los adolescentes enfrentarían las mismas consecuencias
El trabajo también plantea que las restricciones podrían empujar a los adolescentes hacia espacios digitales más privados, como aplicaciones de mensajería cifrada o sistemas de conversación basados en inteligencia artificial, donde la supervisión resulta más compleja.
Los investigadores subrayan que los efectos de estas políticas no serían iguales para todos los jóvenes. Aquellos que cuentan con familias presentes, buenas competencias digitales, acceso a recursos educativos de calidad y oportunidades seguras fuera del entorno digital podrían verse más beneficiados que quienes viven situaciones de aislamiento, inseguridad o con escaso apoyo social.
Un joven que figura entre los autores del estudio respaldó esta visión desde su experiencia personal. Describió las redes sociales como “un lugar donde se forman amistades, donde las personas pueden encontrar comunidades, expresarse, aprender cosas nuevas y, a veces, un lugar para escapar de situaciones difíciles”.
Ese mismo coautor añadió, en declaraciones recogidas por la British Medical Journal: “Tuve amigos que se pusieron en contacto conmigo en redes sociales sobre cosas de las que no se sienten cómodos hablando con familiares, y yo hice lo mismo. Sin las redes sociales, ¿qué podríamos haber hecho?”.
Más allá del tiempo de pantalla: cómo evaluar estas políticas
Frente a este escenario, los autores proponen utilizar herramientas de mapeo de sistemas para comprender mejor los posibles impactos de las restricciones y diseñar políticas más equilibradas. Aunque reconocen que este enfoque no permite predecir con exactitud los resultados, sí ayuda a identificar cómo se relacionan los distintos actores involucrados y de qué manera pueden amplificarse ciertos efectos.
Además, recomiendan ampliar los criterios con los que se evalúan estas medidas. En lugar de concentrarse únicamente en el tiempo que los adolescentes pasan frente a las pantallas o en cambios inmediatos en su salud mental, sugieren incorporar indicadores como el compromiso escolar, la calidad de los vínculos sociales, las respuestas de la industria tecnológica y las consecuencias a largo plazo.