Opinión
Inteligencia Artificial: la trampa del desarrollo interno, otra vez
Hay un patrón que quienes han pasado años en la industria tecnológica reconocen de inmediato. Hoy, la mayoría de las empresas experimenta con inteligencia artificial: rediseña experiencias, automatiza procesos, construye agentes con equipos propios o financia extensos proyectos de consultoría.
En paralelo, los hyperscalers y nuevos jugadores compiten por imponer su plataforma de orquestación. Y sobre todo esto sobrevuela una pregunta que pocos directorios logran responder: cuánto va a costar. No solo construir estas soluciones, sino también mantenerlas. Si se suman los costos de consumo de plataformas, modelos de lenguaje y servicios de terceros, la incertidumbre sobre el costo real de operación y el ahorro prometido se vuelve difícil de ignorar.
Los datos acompañan esta inquietud: según el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), el 95% de los pilotos de IA generativa no genera un impacto medible en los resultados, y la consultora de investigación Gartner proyecta que más del 40% de los proyectos de IA agéntica será cancelado antes de fines de 2027 debido al aumento de los costos y a un valor de negocio poco claro.
Esta historia ya la vivimos. El auge del desarrollo interno impulsó plataformas a medida que transformaron a muchas compañías en verdaderas fábricas de software, con cientos de programadores, sistemas difíciles de escalar y modernizar, y una dependencia crítica del talento y del conocimiento interno. La respuesta del mercado fue el modelo SaaS: soluciones que se adaptaban al negocio y devolvían el foco a la operación. Hoy estamos atravesando una etapa similar.
La salida de este proceso será parecida. Comienza a consolidarse el consumo de Services as Software (SaS): compañías especializadas en dominios de soporte, como contabilidad, finanzas, marketing o asuntos legales, que entregan resultados a través de plataformas diseñadas para capturar el verdadero valor de la IA y la automatización. La ecuación es clara: concentrar el esfuerzo propio en IA sobre el núcleo del negocio y consumir el resto como servicio, obteniendo beneficios desde el primer día, sin proyectos interminables ni backlogs que envejecen antes de ser ejecutados.
En un mercado donde la velocidad de adopción define a los ganadores, los líderes tecnológicos deben plantearse una pregunta incómoda: ¿no estamos cayendo de nuevo en la trampa del desarrollo interno? En Illumia elegimos un camino diferente: ofrecer el contacto con el cliente como un servicio, con un equipo especializado y una plataforma que se adapta a cada negocio, en lugar de agregar otra plataforma más a arquitecturas ya saturadas. Hoy en día, una estrategia abierta es la verdadera ventaja.
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