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Del hervidor inteligente a la parrilla sin humo: cómo la tecnología está cambiando la cocina
Desde hervidores que permiten elegir la temperatura hasta cafeteras programables, hornos que controlan automáticamente la cocción y parrillas que buscan reducir el humo, la tecnología está entrando cada vez más en nuestras cocinas.
Me gusta la tecnología. Mucho. Pero hay un límite que, al menos por ahora, no estoy dispuesta a cruzar: los robots de cocina.
Sé que son una tendencia, que pueden ser tremendamente útiles y que probablemente le han facilitado la vida a más de una persona que no disfruta particularmente cocinar. Pero ese no es mi caso. A mí me gusta cocinar. Me gusta elegir los ingredientes, probar, equivocarme y volver a intentarlo. En ese proceso, no necesito necesariamente que una máquina cocine por mí.
Eso no significa que renuncie a la tecnología en la cocina. Todo lo contrario: muchas veces busca hacer más preciso, cómodo y seguro aquello que ya sabemos hacer.
Tengo un hervidor inteligente que permite seleccionar exactamente la temperatura del agua. Una cafetera que incorpora cada vez más posibilidades de programación y control. Y hoy existen máquinas capaces de hacer hielo, agua con gas, cafeteras que controlan variables que antes dependían exclusivamente de la experiencia del usuario, hornos que automatizan temperaturas y tiempos e incluso sistemas de cocción lenta que pueden programarse con anticipación.
La diferencia está en qué problema intenta resolver la tecnología.
No necesariamente se trata de apretar un botón y olvidarse de cocinar. Muchas veces se trata de controlar mejor una variable: alcanzar una temperatura determinada, mantenerla durante cierto tiempo, repetir un proceso con mayor precisión o simplemente hacerlo de manera más cómoda.
Y hay una razón para que la entrada de tecnología en la cocina sea algo particularmente interesante: aquí no solamente estamos hablando de comodidad.
Estamos hablando de alimentos, calor, electricidad, agua y, en algunos casos, fuego.
Por eso, la cocina parece haber recibido esta transformación tecnológica con cierto cuidado. No todo lo que puede automatizarse necesariamente significa que sea conveniente automatizarlo.
Y es justamente cuando pensamos en ese equilibrio entre tecnología, experiencia y seguridad que aparece un buen ejemplo: la parrilla.
El desafío del asado en un departamento
Hay algo particularmente asociado a las Fiestas Patrias en encender el carbón, esperar que aparezcan las brasas y comenzar a cocinar. El humo, además, forma parte de esa experiencia que muchos asociamos inmediatamente con un buen asado. El problema es que no todos vivimos en una casa con patio.
Yo vivo en un departamento en Santiago Centro. Me encanta hacer parrilla y sé hacer fuego, pero tener una parrilla tradicional no es una alternativa sencilla (o legal). Una parrilla a gas tampoco es una opción para mí, por eso terminé cediendo ante la parrilla eléctrica.
Es práctica, ocupa menos espacio y permite resolver buena parte del problema. Pero hay algo que no desaparece por el hecho de enchufarla: el humo.
La grasa cae, la cocción genera humo y, si el equipo está dentro de la casa, el olor termina rápidamente en las cortinas, los muebles y prácticamente todo lo que esté alrededor.
Y en Santiago hay además una consideración adicional: el humo no es solamente una molestia. En un departamento, la ventilación, la seguridad y las condiciones del entorno importan.
Ahí es donde la tecnología comenzó a ofrecer alternativas bastante más interesantes, porque las parrillas eléctricas actuales están lejos de ser simplemente una resistencia debajo de una rejilla.
La innovación aparece en la forma en que distribuyen el calor, controlan la temperatura, manejan la grasa, circulan el aire e incluso incorporan sistemas para reducir o controlar el humo.
Y hay dos caminos particularmente interesantes: Uno busca eliminar o reducir el humo y el otro busca controlarlo y utilizarlo como parte del sabor.
Cuando la tecnología intenta quitar el humo
Una de las alternativas que pude conocer este año es la Smokeless Grill Master de EasyWays.
A primera vista, incluso parece más cercana a un pequeño horno que a la imagen tradicional que tenemos de una parrilla. Pero su objetivo es precisamente resolver uno de los principales problemas de quienes parrillan en espacios pequeños: la generación de humo y olores.
El equipo utiliza un sistema que combina ventilador, bandeja de agua y tapa de vidrio para minimizar el humo durante la cocción.
Según explica María Teresa Infante, Head of Products de EasyWays Chile, aunque el sistema reduce el humo casi por completo, la recomendación sigue siendo mantener cierta ventilación natural, especialmente cuando se cocina durante períodos prolongados o en grandes cantidades.
También recomienda dejar espacio libre alrededor del equipo para permitir la correcta circulación del aire, no dejarlo funcionando sin supervisión y desconectarlo una vez terminada la cocción.
El mantenimiento también es parte del sistema: la bandeja de agua y la bandeja de recolección de grasa deben limpiarse después de cada uso y el equipo debe enfriarse completamente antes de manipular sus componentes.
Y aquí aparece una precisión importante: smokeless no significa necesariamente “sin ventilación”.
La tecnología puede reducir significativamente el humo, pero las condiciones de uso y las recomendaciones del fabricante siguen siendo fundamentales.
¿Y si el humo no fuera el enemigo?
La otra aproximación es completamente diferente.
Existen actualmente parrillas eléctricas que incorporan sistemas de ahumado mediante pellets de madera. En este caso, el objetivo no es eliminar el humo, sino controlarlo para convertirlo en parte del sabor.
Es una idea interesante porque demuestra que la tecnología no necesariamente busca reemplazar las características tradicionales de una parrilla. En algunos casos, intenta hacerlas más controlables, donde por ejemplo el humo deja de ser simplemente una consecuencia de cocinar y pasa a convertirse en una herramienta gastronómica.
Los pellets, las distintas maderas y los sistemas de circulación de aire permiten trabajar el ahumado de una manera mucho más predecible que simplemente agregando leña o carbón al fuego y eso nos lleva a una pregunta bastante más interesante: ¿Qué es realmente lo que llamamos “sabor a parrilla”?
Porque una cosa es cocinar con fuego y otra es conseguir las características sensoriales que asociamos con un alimento hecho a la parrilla como la temperatura, el dorado, la reacción de Maillard, caramelización, grasa, humo y aromas de la madera participan en ese resultado.
Por eso, decir que una parrilla eléctrica “reemplaza” una parrilla a carbón probablemente sea demasiado simple.
Lo interesante es entender qué elementos de esa experiencia puede reproducir la tecnología, cuáles puede modificar y cuáles todavía dependen de algo tan poco tecnológico como saber manejar el fuego.
Quien cocina no sé reemplaza
Yo tengo muy claro hacia donde quiero que evolucione mi forma de cocinar. No quiero que una máquina haga todo por mi, aunque no me molesta que hoy la tecnología lave mi ropa y aspire mi piso. En la cocina lo que busco es que me ayude a hacerlo mejor.
Un hervidor que permite elegir la temperatura correcta. Una cafetera que controla variables que antes dependían completamente del usuario. Un horno que mantiene una temperatura determinada. Una parrilla que distribuye mejor el calor o reduce el humo.
En todos esos casos, la tecnología está tomando una variable difícil de controlar y haciéndola más predecible.
Y en la parrilla eso resulta especialmente interesante porque históricamente cocinar con fuego ha significado justamente aprender a controlar algo que, por naturaleza, es difícil de controlar.
Más simple pero con la misma precaución
Que una parrilla sea eléctrica o tenga tecnología para reducir el humo no significa que podamos instalarla en cualquier lugar o utilizarla sin mayores precauciones.
Durante Fiestas Patrias, además, las terrazas, patios y balcones suelen concentrar parrillas, luces, equipos de música y conexiones eléctricas adicionales.
Aníbal Preez, Gerente de Customer Intelligence de Verisure, advierte que sobrecargar alargadores, utilizar zapatillas o extensiones sin certificación, mantener conexiones expuestas a la humedad o ubicar elementos inflamables cerca de fuentes de calor son situaciones que pueden aumentar los riesgos durante estas celebraciones.
Por eso, antes de encender la parrilla también hay que revisar el entorno: cables, enchufes, conexiones, ventilación y distancia respecto de materiales combustibles.
La tecnología puede ayudar a controlar el calor y reducir el humo. Pero todavía no existe un dispositivo capaz de reemplazar el sentido común.
¿Una parrilla del futuro?
La tecnología está cambiando la forma en que cocinamos, pero no necesariamente está intentando borrar nuestras costumbres. Seguimos queriendo café. Seguimos queriendo pan tostado. Seguimos queriendo, con más o menos complicaciones, cocinar. Y en septiembre seguimos queriendo parrillar. La diferencia es que hoy podemos hacerlo con herramientas que permiten controlar mejor algunas de las variables que antes dependían exclusivamente de nuestra experiencia.
Incluso algo tan cotidiano como preparar café refleja ese cambio: KRUPS acaba de lanzar en Chile la familia Coffee Crush, con dos modelos de apenas 15 centímetros de ancho que integran molinillo, prensado automático y permiten trabajar tanto con café en grano como molido y preparar de forma más simple en casa alternativas como . cold brew, cappuccino y ajustes de intensidad, volumen y temperatura.
Son cambios pequeños si los miramos por separado, pero hablan de una misma evolución: la tecnología no está intentando hacer desaparecer la cocina, sino ayudarnos a controlar mejor aquello que hacemos en ella. Y quizás ese sea el mejor lugar para entender hacia dónde está avanzando la parrilla. No se trata necesariamente de reemplazar el carbón, la madera ni el fuego, sino de ofrecer nuevas alternativas para quienes, por espacio, tiempo o condiciones de vida, quieren acercarse a esa experiencia de otra manera.
Porque al final, la parrilla tecnológica no busca reemplazar el fuego. Está aprendiendo a controlarlo.