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¿Dónde se fueron mis clientes? Opinión

¿Dónde se fueron mis clientes?

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Nicolás Franz
Por : Nicolás Franz Fundador de Whooo
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El Mostrador Fuente Preferida

Hay una conversación que se repite cada semana en nuestra oficina, y siempre empieza con la misma pregunta.

Un cliente llega preocupado con un informe: el sitio sigue apareciendo primero en Google para sus búsquedas más importantes, las palabras clave están donde deben estar, el contenido se publica con la misma frecuencia de siempre. Y, sin embargo, las visitas, llamados y contactos caen mes a mes. Nadie hizo nada mal. Simplemente algo dejó de funcionar.

La explicación no está en el sitio ni en la estrategia. Está en un cambio de hábito que ocurrió rápido y casi sin que lo notáramos, la gente dejó de buscar el producto o servicio que vendes como antes estabas habituado.

Cuando buscas dónde pasear el fin de semana, cuál maestro llamar para arreglar la cañería del departamento, o una nueva escuela para tus hijos, nos recibe Google o ChatGPT con una recomendación completa, la calificación de toda una comunidad de clientes, y comparaciones de costo beneficio breves y muy acertadas. Esa recomendación la escribió un sistema de inteligencia artificial que leyó varias fuentes, las resumió y entregó una conclusión. El usuario obtiene lo que necesita sin salir de esa pantalla. Los estudios de la industria muestran caídas cercanas al 40% en la tasa de clics cuando aparece una de estas respuestas generadas sobre los resultados tradicionales. La búsqueda no desapareció. Lo que desapareció es el tránsito hacia tu sitio.

Acá está el punto que más cuesta asimilar en esta nueva dinámica, estar bien posicionado y ser citado dejaron de ser lo mismo, así como de generar resultados similares. Ambos, la presencia en Google y la recomendación de una IA, pasaron a generar impacto directo en los resultados y el flujo de caja. Sin embargo son poquísimas marcas, empresas u organizaciones las que están realmente ajustando el rumbo de las velas para acomodarse a este nuevo paradigma.

Durante cerca de dos décadas todo ha funcionado en base a llevarse el primer lugar en las búsquedas. Si estabas entre los primeros resultados, eras la fuente que la gente consultaba. Esa equivalencia se ha quebrado. Los análisis disponibles muestran que la coincidencia entre los primeros lugares de Google y las fuentes que efectivamente citan los sistemas de inteligencia artificial se ha distanciado de forma drástica en poco más de un año. Hoy es perfectamente posible ser el primer resultado y no aparecer en ninguna respuesta, o peor aún, no lograr suficiente visibilidad para que nuevos clientes te conozcan. Son dos competencias distintas, con reglas distintas, y la mayoría de las marcas todavía está jugando solo la primera.

Los casos documentados son elocuentes. HubSpot, la empresa que popularizó el marketing de contenidos y que durante años fue el ejemplo que todos seguíamos, vio caer el tráfico de su blog de 13,5 millones a 6,1 millones de visitas. Chegg, compañía de servicios educativos que cotiza en bolsa, atribuyó públicamente a la canibalización de la IA una caída de entre 50% y 70%. Y en la escala pequeña el golpe es más duro todavía: HouseFresh, un sitio independiente de análisis de productos que mantiene su propio laboratorio de pruebas, perdió más del 90% de su tráfico de búsqueda.

En Whooo revisamos más de cien casos documentados públicamente entre 2024 y 2026 y el patrón se repite en todos los tamaños y rubros : quien dependía de que Google le enviara visitas hoy recibe una fracción de las que recibía.

¿Por qué ocurre esto? Porque un modelo de lenguaje no construye su respuesta con el sitio de la marca. La construye con fuentes que considera confiables. Tu landing page, por buena que sea, es una parte interesada hablando de sí misma. El modelo lo sabe y actúa en consecuencia.

Esa es la mala noticia para quienes invirtieron durante años en producir contenido propio. No fue un error, era exactamente lo que había que hacer. Pero ya no alcanza, porque el lugar donde se decide tu visibilidad se movió hacia afuera.

¿Qué hacer, entonces, en los tiempos de visibilidad en inteligencia artificial?

Lo primero es dejar de medir solo posiciones o ranking. Hay que saber qué responden Chat GPT, Gemini o Claude cuando alguien pregunta por tu servicio o producto, y si tu marca aparece ahí. Si nunca lo has revisado, hazlo hoy mismo.

El segundo paso es construir presencia fuera de tu propio sitio. Que otros hablen de ti, con nombre y con datos verificables. Prensa, estudios propios, buen marketing, participación en espacios sectoriales. No es una campaña de imagen, es infraestructura de visibilidad.

El tercero es ordenar la información de tus canales de contacto con clientes – todos, sin excepción – para que sean legibles por una máquina, por una IA. Datos estructurados, información consistente, fuentes citables. En Whooo le hemos denominado ingeniería de contenido. Suena aburrido, pero es lo que más rinde.

Posicionar una marca hoy significa facilitarle la lectura a las IAs sin dejar de hablarle a las personas. Es lo que hemos trabajado con Fundación Chile: sus contenidos se volvieron referencia en sus temas, y sus audiencias resuelven las dudas tanto en buscadores como con el asistente de IA que prefieran.

Quiero cerrar con una advertencia, porque este tema se está llenando de gurús de urgencia. Que haya marcas al borde del abismo es real y lo vemos en nuestros propios datos. Lo que no existe es un atajo. Lo que funciona es la orquestación técnica y estratégica del marketing, que lleva tiempo y se sostiene. Por eso conviene desconfiar de quien promete resultados inmediatos.

La autoridad se construye afuera. Antes se notaba en la reputación, después en los enlaces, hoy además en qué fuentes elige citar una inteligencia artificial. El mecanismo cambió pero el principio es el mismo: credibilidad, reputación, autoridad.

La pregunta del título, entonces, tiene una respuesta incómoda. Tus clientes no se fueron a otra parte. Se quedaron en la pantalla de resultados, leyendo una respuesta que alguien más escribió por ti.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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