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Elecciones en Brasil: la IA y los algoritmos abren una nueva batalla en la influencia política Digital

Elecciones en Brasil: la IA y los algoritmos abren una nueva batalla en la influencia política

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La disputa entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegó hasta los algoritmos de Meta. Restricciones de contenido, propaganda creada con inteligencia artificial, deepfakes y chatbots que pueden orientar a los votantes muestran un nuevo escenario que llegó a tribunales.


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La campaña presidencial de Brasil de 2026 está dejando una pregunta que probablemente sobrevivirá al resultado de las urnas: ¿qué ocurre cuando una parte importante de la campaña política depende de sistemas tecnológicos que candidatos, autoridades y ciudadanos no pueden observar?

El Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil dio este lunes 24 horas a Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, para demostrar que está adoptando medidas que garanticen un tratamiento igualitario de las campañas presidenciales. La decisión elevó además a un millón de reales diarios (cerca de 200 millones de pesos) la eventual multa por incumplimiento.

La controversia surgió después de que la campaña del presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva denunciara restricciones en la distribución e impulso de sus contenidos. Según informó Reuters citando un reporte de Folha de S.Paulo, comunicaciones internas de trabajadores de Meta reconocieron restricciones que afectaron las cuentas del mandatario, mientras los sistemas de la compañía recomendaron el perfil de su rival, el senador Flávio Bolsonaro, y su canal de WhatsApp.

Meta rechaza que exista una intervención política. La compañía sostiene que los problemas correspondieron a errores técnicos y que sus sistemas no clasifican ni distribuyen contenido de acuerdo con una determinada ideología. Entre otros episodios, reconoció que la cuenta publicitaria de la campaña de Lula fue desactivada erróneamente durante algo más de una hora y que existió una falla en las protecciones de Meta AI.

El caso, sin embargo, va bastante más allá de determinar si una empresa favoreció o no a uno de los candidatos.

Cuando el algoritmo entra en campaña

Facebook, Instagram, TikTok, YouTube, X y WhatsApp llevan años formando parte de las elecciones. Lo nuevo es que la inteligencia artificial agrega otra capa tecnológica entre los candidatos y los ciudadanos.

Hasta hace poco, el debate estaba centrado principalmente en la moderación de contenidos, la publicidad segmentada y los algoritmos que determinan qué publicaciones aparecen en el feed. Con la IA generativa entraron nuevos actores: chatbots capaces de responder preguntas políticas, sistemas que generan imágenes y videos y herramientas que permiten fabricar contenidos audiovisuales de personas reales a bajo costo.

En Brasil, esta transformación ya se puede medir. Antes de la primera vuelta, Reuters detalló que políticos vinculados a las candidaturas de Lula y Bolsonaro habían difundido cientos de publicaciones identificadas como generadas mediante inteligencia artificial en apenas 15 días.

Aos Fatos detectó además 50 publicaciones en TikTok protagonizadas por supuestos electores creados mediante IA que manifestaban preferencias presidenciales. En conjunto habían acumulado 7,4 millones de visualizaciones. Algunos contenidos recurrían también a información falsa o estereotipos para favorecer o perjudicar candidaturas.

La capacidad de producir propaganda sintética a escala modifica la economía de una campaña digital: ya no se necesita necesariamente grabar a una persona, contratar actores o montar una producción audiovisual. Un modelo generativo puede producir imágenes, voces y personajes ficticios en minutos.

El problema ya no son solamente los deepfakes

Los deepfakes —videos, imágenes o audios artificiales capaces de hacer aparecer a una persona diciendo o haciendo algo que nunca ocurrió— representan la cara más visible del problema.

Pero existe una influencia mucho menos evidente y compleja, con los sistemas que deciden qué contenido se muestra, recomienda, bloquea o permite promocionar.

Un algoritmo de recomendación puede amplificar una publicación. Un sistema automatizado de moderación puede reducir su distribución. Un mecanismo antifraude puede bloquear una cuenta publicitaria. Un chatbot puede responder preguntas sobre un candidato. Y un generador de imágenes puede aceptar determinados comandos y rechazar otros.

Ninguno de esos mecanismos necesita haber sido diseñado deliberadamente para beneficiar a una candidatura para producir un efecto político.

Ahí está precisamente uno de los principales desafíos tecnológicos de las elecciones: distinguir entre un error informático, una regla automatizada mal diseñada, un sesgo algorítmico y una intervención deliberada.

El TSE ha denominado parte de esta preocupación como la necesidad de garantizar una “paridad de armas” entre las campañas. En una reunión con representantes de Meta, el tribunal abordó tanto el funcionamiento de Meta AI como los canales de WhatsApp y la publicidad electoral.

¿Puede una inteligencia artificial decir por quién votar?

Brasil llegó a las elecciones con algunas de las reglas más específicas sobre inteligencia artificial aplicada a campañas. La Resolución 23.755 del TSE exige identificar explícitamente los contenidos electorales sintéticos creados o significativamente modificados mediante IA. Además, estableció una ventana especialmente restrictiva: desde 72 horas antes de la votación hasta 24 horas después está prohibido publicar, republicar o promocionar nuevos contenidos sintéticos que utilicen la imagen, voz o manifestaciones de candidatos o figuras públicas, incluso cuando estén correctamente identificados como artificiales.

El tribunal también estableció criterios específicos para determinar cuándo un contenido constituye un deepfake. Las obligaciones no recaen solamente sobre candidatos y partidos. Nueve grandes plataformas —Google, Kwai, LinkedIn, Mercado Livre, Meta, OpenAI, Telegram, TikTok y X— entregaron al TSE planes de cumplimiento para enfrentar riesgos relacionados con las elecciones.

El país incluso decidió llevar la regulación incluso hasta las conversaciones entre ciudadanos y chatbots. Las reglas aprobadas para las elecciones de 2026 prohíben que los proveedores de sistemas de inteligencia artificial entreguen recomendaciones de candidaturas, incluso cuando sea el propio usuario quien las solicite. La intención declarada por el TSE es evitar una “interferencia algorítmica” en la decisión del voto.

El problema técnico es considerable. ¿Cómo debe responder una IA si alguien le pregunta qué candidato coincide mejor con sus posiciones sobre impuestos, aborto, seguridad o medioambiente? ¿Puede comparar programas sin terminar recomendando indirectamente una candidatura? ¿Dónde termina la información y comienza la persuasión?

Una investigación de InternetLab, LabDados/FGV y Rede Conhecimento Social probó ocho sistemas —ChatGPT, Claude, Copilot, DeepSeek, Gemini, Google AI Mode, Grok y Meta AI— precisamente para estudiar este comportamiento.

En pruebas realizadas entre el 19 y el 23 de septiembre, Meta AI y ChatGPT casi nunca clasificaron ni recomendaron candidaturas. Meta AI respondió al 70,7% de las consultas relacionadas con el voto mediante un mensaje estándar que remitía al sitio del TSE. Pero el estudio también encontró dificultades en otras áreas y advirtió que los resultados no permiten concluir que una plataforma cumpla integralmente la legislación ni determinar si favorece políticamente a un candidato.

Es decir, que un chatbot se niegue a decir “vote por X” no significa necesariamente que todos sus mecanismos sean políticamente neutrales.

Meta, bajo la lupa

La posición de Meta resulta especialmente sensible porque concentra varias capas del ecosistema electoral brasileño. Facebook e Instagram distribuyen publicaciones y publicidad política; WhatsApp constituye uno de los principales espacios de circulación de mensajes; y Meta AI introduce ahora inteligencia artificial generativa dentro de ese mismo ecosistema.

La compañía asegura haber destinado durante la última década más de US$30.000 millones a seguridad, incluyendo protección de procesos electorales, y afirma haber activado para Brasil un Centro de Operaciones para Elecciones con especialistas en ingeniería, ciencia de datos, inteligencia de amenazas, políticas públicas y otras áreas.

Pero la regulación brasileña se ha intensificado. Tras una decisión del TSE del 15 de octubre, Meta anunció que implementaría un mecanismo para permitir propaganda electoral únicamente de anunciantes autorizados —candidatos, partidos, federaciones y coaliciones— durante la recta final de la elección. La empresa reconoció que introducir el cambio en pocos días podía generar errores y bloqueos indebidos.

Por eso, el conflicto entre Meta, Lula, Flávio Bolsonaro y el Tribunal Superior Electoral puede terminar siendo más relevante que una controversia puntual de campaña. Expone el problema que las próximas elecciones enfrentarán en todo el mundo: cuando buena parte del debate político ocurre dentro de sistemas controlados por empresas tecnológicas, la neutralidad electoral también pasa a depender del código, los datos y los algoritmos.

La discusión ya no se limita a eliminar una noticia falsa después de que se viralizó. Incluye determinar por qué un algoritmo recomendó una cuenta y no otra, por qué un anuncio fue rechazado, cómo un chatbot responde una pregunta electoral, qué criterios utiliza un modelo para generar la imagen de un candidato y quién puede auditar esas decisiones.

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