Adolescencia: “Más que una etapa difícil es una etapa de cambio”
Fortalecer la comunicación cotidiana, mantener la presencia y construir relaciones de confianza son algunas de las recomendaciones para acompañar una etapa marcada por cambios y búsqueda de autonomía.
La adolescencia suele asociarse con conflictos, distancia y dificultades en la comunicación familiar. Sin embargo, especialistas advierten que esta etapa también representa una oportunidad para fortalecer el vínculo entre padres e hijos y construir relaciones de confianza que actúen como un factor protector frente a distintas conductas de riesgo. En el marco del Día del Niño y el Mes de la Niñez, la psicóloga Constanza Chiu, coordinadora del programa Familias Unidas de la Fundación San Carlos de Maipo, entrega herramientas para acompañar este proceso desde una mirada preventiva.
Una etapa de cambios, no de problemas
Aunque frecuentemente se describe la adolescencia como una etapa difícil, Constanza Chiu plantea que esa definición simplifica una realidad mucho más compleja.
“Más que una etapa difícil es una etapa de cambio, la etapa de la adolescencia, y son los cambios normativos que todos conocemos, escuchamos y hemos vivido también“, señala.
Los cambios físicos, hormonales, sociales y de construcción de identidad forman parte del desarrollo normal. Sin embargo, explica que la transformación no ocurre únicamente en los adolescentes.
“Cuando el adolescente empieza a enfrentar estos cambios, también empieza a cambiar cómo la familia se relaciona con el adolescente. Eso es lo que a veces puede ser una situación ya más difícil, más compleja o que necesitemos acomodarnos. Pero también esa es la oportunidad, es la oportunidad de poder fortalecer el vínculo con el adolescente“, afirma.
La comunicación como principal herramienta
Uno de los pilares del programa Familias Unidas es fortalecer la comunicación familiar.
“Es un programa que acompaña a los padres y a las madres para poder sentirse también más seguros en la etapa de la crianza. Se entrega herramientas muy concretas y prácticas para el día a día, para poder mejorar la comunicación, para poder mejorar la manera en que resolvemos los conflictos de una familia y fortalecer los vínculos familiares”, explica la psicóloga.
Para Chiu, cuando un adolescente siente que puede expresar sus opiniones sin ser juzgado, es más probable que recurra a su familia cuando enfrenta una situación compleja.
“Cuando un adolescente se siente escuchado, siente que puede hablar en su casa, puede hablar con su familia, siente que lo escuchan, siente que su opinión vale, es ahí cuando ese adolescente probablemente va a acudir a su familia cuando tenga alguna (3:42) situación que resolver o cuando tenga alguna duda“, explica.
Esa confianza, sostiene, no se construye únicamente en las grandes conversaciones, sino en los pequeños momentos cotidianos.
“Los espacios del día a día son donde ocurre la magia. Cuando vamos camino al colegio, durante una comida o en una conversación breve se va construyendo esa comunicación”, señala.
¿Qué hacer cuando parece que ya no quieren hablar?
Una de las preocupaciones más frecuentes entre madres y padres es la sensación de que sus hijos adolescentes ya no quieren conversar. La especialista reconoce que esa percepción es común, pero advierte que no significa que los adolescentes hayan dejado de necesitar a sus familias.
“Lo que más necesita el adolescente es cariño, compañía y sentirse seguros. Entonces cuando existe un rol, cuando existe un cuidador, una mamá, un papá, que pone límites claros, que acompaña con cariño, que está presente, eso lo cambia todo“, afirma.
Por eso recomienda adaptar la forma en que los adultos se acercan a ellos, comprendiendo que la comunicación también cambia con la edad.
Muchas veces, explica, el problema no es la falta de interés del adolescente, sino que los adultos intentan conversar en momentos poco oportunos o utilizando estrategias que ya no resultan efectivas.
El principal factor protector
Durante la entrevista, Chiu enfatiza que la familia continúa siendo el principal espacio de protección frente a distintas conductas de riesgo.
“La familia es el principal factor protector de un niño o niña adolescente. Es aquí donde nos jugamos todo.“, sostiene.
A medida que se fortalece el vínculo y mejora el funcionamiento familiar, aumenta la probabilidad de que los adolescentes busquen orientación en sus padres antes que en otras fuentes.
“Hoy los adolescentes pueden acudir a internet, redes sociales o sus pares para resolver dudas. Nosotros queremos que la familia siga siendo ese lugar de confianza”, explica.
Pedir ayuda también es parte de la crianza
Otro de los mensajes que entrega la especialista es que ninguna familia debe enfrentar sola los desafíos de la adolescencia.
Si madres, padres o cuidadores sienten que han perdido la comunicación con sus hijos o que las estrategias utilizadas ya no están dando resultado, buscar apoyo puede marcar una diferencia.
“La crianza no debiese vivirse en soledad (…) Nunca es tarde para fortalecer el vínculo con un hijo o una hija”, señala.
Desde esa perspectiva, el programa Familias Unidas trabaja con familias de adolescentes entre 11 y 16 años mediante una metodología basada en evidencia que entrega herramientas concretas para fortalecer la comunicación, resolver conflictos y acompañar esta etapa del desarrollo.
En un contexto donde las familias enfrentan nuevos desafíos asociados a las redes sociales, la autonomía y los cambios propios de la adolescencia, Chiu insiste en que la clave sigue siendo la misma: mantener la presencia, escuchar y construir espacios cotidianos donde los adolescentes sepan que siempre encontrarán apoyo.