Sociedad
Créditos: El Mostrador.
Burnout neurodivergente: cómo reconocer las señales de alerta antes de que el desgaste avance
El burnout neurodivergente puede afectar a personas autistas y con TDAH tras una exposición prolongada a sobrecarga y entornos poco flexibles. Expertos explican sus principales señales y qué cambios pueden impulsar las organizaciones para prevenir este desgaste.
El cansancio acumulado del año comienza a hacerse sentir entre los trabajadores. Para una parte de ellos, sin embargo, el desgaste puede superar ampliamente el estrés habitual asociado a las labores. Es el caso del burnout neurodivergente, un fenómeno que comienza a adquirir mayor relevancia en la conversación sobre bienestar laboral y que puede afectar la salud mental, el desempeño y la permanencia en el empleo de personas autistas, con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y otras condiciones del neurodesarrollo.
Según la encuesta Work in Progress 2025, elaborada por Buk, el 13% de los trabajadores chilenos se identifica como neurodivergente, la cifra más alta entre los países considerados en el estudio. El informe también señala que un 44% ha experimentado discriminación laboral, mientras que uno de cada cuatro declara haber vivido episodios frecuentes de depresión asociados al trabajo. Las cifras evidencian los desafíos que aún enfrentan las organizaciones para avanzar hacia espacios laborales más inclusivos.
Entender la neurodivergencia para identificar el desgaste
Pero ¿qué significa ser neurodivergente? Para Soledad Gómez, periodista, MBA, consultora en neurodiversidad, coach neuroafirmativa y fundadora de AtípicaMente, comprender este concepto es fundamental para entender por qué este tipo de agotamiento requiere una mirada diferente.
“La neurodivergencia es un término político y sociológico, no médico. Fue acuñado para describir a personas cuyo funcionamiento neurológico difiere del considerado neurotípico e incluye la gran mayoría de condiciones de salud mental, sin embargo, en algunos círculos, se usa para referirse a condiciones como el autismo, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la dislexia, la dispraxia, algunos trastornos del procesamiento sensorial y, en determinados casos, condiciones adquiridas como el estrés postraumático”, explica.
La experta en neurodiversidad señala que las diferencias en la manera de procesar el entorno también permiten comprender por qué el burnout neurodivergente presenta características particulares frente al agotamiento laboral tradicional.
“El burnout para una persona que procesa el mundo de manera diferente, no es simplemente estar agotado por el trabajo. Afecta todas las áreas de la vida y no se origina únicamente en lo laboral. Muchas veces se confunde con depresión, pero se trata de una fatiga total del sistema nervioso. A diferencia del burnout tradicional*, muchas veces no basta con descansar unos días, porque el origen del desgaste está en la acumulación de esfuerzos por adaptarse durante mucho tiempo a entornos que no consideran las distintas formas de funcionar de las personas”*, explica Soledad Gómez.
Este desgaste, agrega la fundadora de AtípicaMente, suele relacionarse con la sobrecarga sensorial y el esfuerzo sostenido por adaptarse a entornos poco flexibles. Entre los factores que pueden contribuir se encuentra el masking o enmascaramiento, entendido como el esfuerzo constante por ocultar determinadas características para responder a las expectativas del entorno y parecer neurotípico.
Sostener esta adaptación durante meses o incluso años puede generar agotamiento, ansiedad, pérdida de identidad y un deterioro de la salud mental.
“El problema no es adaptarse. Todos nos adaptamos en distintos contextos. El problema aparece cuando esconder quién eres deja de ser una elección y se transforma en una condición permanente para poder pertenecer. Ese esfuerzo sostenido tiene un costo muy alto en la calidad de vida”, sostiene.
Las señales que pueden alertar sobre un burnout neurodivergente
A diferencia del cansancio habitual, una de las principales señales del burnout en personas autistas es la pérdida progresiva de habilidades que antes podían realizarse con normalidad.
“Una señal importante aparece cuando tareas que antes hacías sin dificultad comienzan a volverse extremadamente difíciles. Si cuesta iniciar actividades, planificar, organizarse o notas un retroceso en funciones que antes dominabas, es momento de bajar las demandas antes de que el desgaste siga aumentando”, advierte Gómez.
La recuperación, explica la fundadora de AtípicaMente, no implica aumentar el esfuerzo, sino reducir la sobrecarga. Priorizar tareas, fortalecer las redes de apoyo, revisar las exigencias del entorno y buscar acompañamiento profesional pueden contribuir a evitar que el agotamiento continúe avanzando.
En determinados casos, también resulta necesario revisar qué demandas pueden reducirse tanto en el ámbito laboral como en la vida personal.
El desafío de construir espacios laborales más neuroinclusivos
Prevenir el burnout neurodivergente no depende únicamente de las personas. En un escenario donde una proporción relevante de trabajadores se identifica como neurodivergente, comprender este fenómeno también constituye un desafío para líderes y organizaciones, que pueden revisar sus prácticas y derribar sesgos para generar espacios donde las distintas formas de pensar, aprender y trabajar puedan desarrollarse plenamente.
Desde su experiencia acompañando a personas y organizaciones, Gómez plantea que comprender la neurodivergencia también exige abandonar una mirada centrada exclusivamente en las dificultades. A su juicio, la responsabilidad es compartida: las organizaciones deben avanzar hacia culturas más inclusivas y las personas evitar que el diagnóstico se convierta en una limitación para su desarrollo.
“Tenemos que salir tanto de la victimización como de los prejuicios*. La inclusión no consiste en asumir que una persona no puede, sino en generar las condiciones para que desarrolle todo su potencial.* Adaptar un proceso de selección o un puesto de trabajo no significa dar privilegios; significa ofrecer igualdad de oportunidades para que todas las personas puedan acceder a la misma puerta de entrada”, afirma la experta en neurodiversidad.
La consultora agrega que, cuando las organizaciones dejan de concentrarse únicamente en las brechas, también pueden reconocer capacidades valoradas en el mundo laboral, entre ellas la creatividad, el pensamiento crítico, el hiperfoco, la innovación, la atención al detalle y la capacidad para responder ante escenarios de crisis.
En esa línea, sostiene que avanzar hacia entornos más neuroinclusivos no necesariamente requiere grandes inversiones. Entregar instrucciones claras, ayudar a priorizar tareas, disminuir las interrupciones constantes, disponer de espacios con menor sobrecarga sensorial o permitir momentos de concentración son medidas que pueden favorecer tanto el bienestar como el desempeño de los equipos.
“La mayoría de los ajustes neuroinclusivos benefician a cualquier trabajador. Todos rendimos mejor cuando tenemos claridad sobre lo que se espera, menos interrupciones y ambientes que favorecen la concentración. Diseñar organizaciones más humanas no solo ayuda a las personas neurodivergentes; mejora el bienestar y el desempeño de todos los equipos”, concluye Gómez.
Comprender el burnout neurodivergente representa así una oportunidad para ampliar la mirada sobre el bienestar laboral. Medidas como entregar mayor claridad, reducir interrupciones, flexibilizar algunas dinámicas o disminuir la sobrecarga sensorial pueden mejorar la experiencia, el desempeño y el bienestar de los equipos en su conjunto.