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“Las personas están repensando los lugares y el propósito de los centros urbanos” Sustentabilidad

“Las personas están repensando los lugares y el propósito de los centros urbanos”

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Durante la Conferencia Internacional de Ciudad CChC, expertos en ciudad plantearon soluciones que se podrían implementar para convertir a las urbes en el futuro sostenible que se necesita para una ciudadanía cada vez más exigente, compleja y cambiante. 


El destacado urbanista estadounidense y experto en gestión de suelo y desarrollo económico William Fulton asistió como expositor a la Conferencia Internacional de Ciudad 2023 de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC). Ahí explicó que la ciudad sufre cambios a medida que el ser humano también cambia y un gran ejemplo es la evolución de las ciudades post covid.

En la mitad de la pandemia se pudo ver un antes y un después en sitios que normalmente estaban llenos de gente a espacios totalmente vacíos.

Siendo uno de los 100 mejores pensadores urbanos de estos tiempos, Fulton señaló que “yo creo que hay dos cosas que están pasando, una es que la gente está repensando los lugares, cuál es el propósito de los centros urbanos, la ubicación y proximidad de sus vidas como resultado del covid, y la otra es una tendencia a largo plazo -pero que se ha acelerado con el covid- de que no hay suficiente vivienda, algo que sucede en todo el mundo”

En cuanto al primer punto, uno de los mayores cambios es que las personas ya no se juntan porque tienen que hacerlo, sino porque quieren. “Ahora el desafío para las ciudades es que los lugares tienen que ser lo bastante atractivos para que los habitantes quieran estar ahí”, mencionó.

Entonces, ¿qué queda por hacer? Revitalizar y repensar son algunas de las claves. Según Fulton todo está relacionado y “tenemos que entender cómo entregar vivienda de forma equitativa y amplia, como dije antes, se repiensa el lugar ya que la gente está encariñada con su barrio. Muchas veces se resisten a los cambios y construcción de nuevos edificios porque no quieren que su barrio cambie, pero la gente tiene que entender que todos los lugares diferentes que existen son necesarios para que una ciudad funcione”.

Vida estática y ciudades rígidas

Hoy las ciudades son cambiantes, dinámicas, llenas de actividades que forman parte de la rutina de cada ciudadano que conforma los espacios. Nos encontramos en un período de rápida adaptabilidad a nuevas generaciones y estilos de vida que giran en torno a la tecnología, pero también a comportamientos sociales distintos, que hace que el entorno también se moldee.

Otra de las expositoras del evento, Catherine Paquette, investigadora en políticas urbanas y habitacionales en IDS Francia, explicó que hoy existe un consenso entre los actores públicos, privados, la sociedad civil y los organismos internacionales sobre que la recuperación y revitalización de la ciudad es un proceso incuestionable.

“Hace cinco años cuando hablábamos de la ciudad sostenible, estábamos muy enfocados al prisma medioambiental, en cambio ahora se habla cada vez más del tema social, de la convivencia urbana, de la calidad de vida y condición de vida de las personas sin dejar el medioambiente de lado, pero el hecho de evolucionar así es algo muy positivo”, dijo la doctora en urbanismo.

Uno de los ejemplos modernos de los que se habla para poder avanzar hacia ese objetivo común es la ciudad de los 15 minutos, donde podamos tener acceso caminando o en bicicleta al trabajo, lugares de compra, de ocio, educación, entretenimiento, entre otros.

Y Fulton complementa ese tipo de pensamiento cuando dice que “las ciudades ya no son lugares donde la gente va a sentarse a trabajar, son lugares donde la gente se reúne e interactúa, entonces esto se vuelve más importante y las ciudades tienen que reorientarse a este tipo de actividades dinámicas, opuesto a actividades estáticas”.

“Las ciudades son muy rígidas; los comercios en un lugar, las viviendas en otro y las oficinas en otro, pero algo que hemos aprendido con el covid es que tenemos que mezclar las cosas, hacer que sean más flexibles”, agregó.

Si bien actualmente existen los lineamientos para materializar este deseo compartido entre todos los actores que conforman la sociedad, Paquette asegura que “todo esto es el discurso e intenciones sobre la ciudad, pero en realidad por más que se haya integrado este reto y que no haya dudas, hay que reconocer que tratándose en particular de las ciudades latinoamericanas, existe aún un desfase importante entre el discurso e intenciones que se profundizan en la implementación”.

La ley de aporte al espacio público

Desde el 2016, con una actualización en el 2020, se promulgó la Ley 20.958 que establece un sistema de aportes al espacio público con el fin de rescatar el principio original de la legislación urbanística chilena, en cuanto a que todos los proyectos de construcción colaboren en la conformación de ciudades equilibradas, en las cuales no solo los recintos privados sean los adecuados, sino también los espacios públicos y lugares donde transcurre gran parte de la vida de las personas.

Básicamente, se trata de necesidades que surgen del impacto que significa la construcción de una infraestructura o edificación. En la práctica, estas acciones se pueden traducir en la mitigación de los impactos directos de la edificación sobre su entorno inmediato, en conjunto con aportes monetarios o cesiones de terreno al municipio donde se realizó la construcción, que deben ser proporcionales al impacto de la obra.

Por su parte, el ingeniero consultor en transportes y economista, Angelo Cherubini, señala que, en cuanto a los aportes monetarios o cesiones de terreno, “estos solo se pueden destinar a inversiones en infraestructura de transporte o mejoramiento del espacio público, incluido áreas verdes, los que deben previamente estar definidos en un plan de inversiones de infraestructura de movilidad y espacios públicos definidos por la comuna”.

Para el experto, la ley de aportes tiene un potencial relevante para promover una inversión en los territorios con directa relación a la calidad de vida de las personas, “porque a través de los planes de infraestructura y espacio público comunales y regionales, se permite planificar y construir ciudades más sostenibles y justas para sus habitantes”, señala Cherubini.

¿Por qué no se ha utilizado esta herramienta? Hasta el 2021, solo siete municipios habían experimentado los beneficios de esta legislación y contaban con un plan de inversión en infraestructura y espacio público; estas son Valdivia, Rengo, Pichilemu, Santa Cruz, Valparaíso, San Pedro de la Paz y Providencia. En las zonas donde haya un plan intercomunal, la ley establece que el gobierno regional debe hacer su propio plan.

“Por lo tanto, en esas zonas el aporte que hace el privado va en un 40% al gobierno regional”, mencionó en ese entonces Bernardo Echeverría, presidente de la Comisión Ciudad y Territorio de la CChC, destacando que hasta esa fecha ningún gobierno regional lo había hecho.

Sin embargo, el último Índice Calidad de Vida Urbana (ICVU) de la CChC presenta una gran oportunidad para su uso. El estudio arrojó que importantes ciudades del país como Viña del Mar, La Serena, Talca y Valdivia bajaron en el ranking, por lo que la ley de aporte al espacio público se convierte en una herramienta aún más poderosa para devolverle a las ciudades los espacios públicos que merecen así también devolver la calidad de vida a los lugares que la han perdido y lograr avanzar en las prometidas ciudades sostenibles.

Es así como los expertos Paquette y Fulton, traen esperanzas de que el trabajo equitativo y mancomunado es un factor para hacer posible el desarrollo sostenible e ideal de las ciudades del futuro.

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