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Taiwán: cuando la amenaza de China se convierte en una peligrosa rutina ANÁLISIS Taipei

Taiwán: cuando la amenaza de China se convierte en una peligrosa rutina

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Alberto Rojas
Por : Alberto Rojas Director del Observatorio de Asuntos Internacionales de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la U. Finis Terrae. @arojas_inter
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El mayor riesgo quizás no sea que Beijing decida un día invadir Taiwán, sino que consiga modificar poco a poco el statu quo sin necesidad de hacerlo. Y que, cuando finalmente decida cruzar ese umbral, parte del dispositivo necesario para una operación militar ya haya sido normalizado.


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Durante media hora, el pasado jueves, las calles de Taipéi quedaron prácticamente vacías. Sonaron las alarmas antiaéreas, la población buscó refugio y el gobierno redujo deliberadamente la velocidad de internet móvil para reproducir las condiciones que podrían vivirse durante una guerra. Al mismo tiempo, la Armada y la Guardia Costera taiwanesas realizaron por primera vez un ejercicio conjunto destinado a enfrentar un bloqueo, escoltando un buque mercante y practicando operaciones de limpieza de minas. Todo esto, como parte de Han Kuang, los principales ejercicios militares anuales de esta isla de poco más de 23 millones de habitantes, que concluyeron el viernes.

Pero mientras Taiwán ensaya cómo sobrevivir a una eventual guerra, China lleva años acostumbrando a la isla a convivir con la amenaza de ella. El punto de inflexión se produjo en agosto de 2022, después de la visita a Taipéi de Nancy Pelosi, entonces presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense. Entonces, Beijing respondió con grandes maniobras militares alrededor de Taiwán y comenzó a cruzar regularmente la línea media del estrecho, una demarcación informal que, aunque China nunca ha reconocido oficialmente, durante décadas había contribuido a separar las operaciones militares de ambos lados.

Desde entonces, la presión ha aumentado. Aviones de combate, bombarderos, drones, buques de guerra y unidades de la Guardia Costera china operan regularmente alrededor de la isla. De hecho, en diciembre de 2025, durante uno de sus mayores ejercicios militares, Taiwán detectó 71 aeronaves y 24 buques navales y de guardacostas chinos en sus alrededores.

La estrategia tiene una dimensión militar evidente, pero también otra más sutil: modificar gradualmente el statu quo. Una incursión que inicialmente provoca alarma, cuando se repite decenas de veces termina convirtiéndose en rutina. Y a partir de eso, cada nueva normalidad permite avanzar un poco más.

Ahí aparece un escenario especialmente complejo: la llamada “cuarentena” de Taiwán. A diferencia de una invasión o incluso de un bloqueo naval convencional, Beijing podría utilizar su Guardia Costera para exigir documentación, inspeccionar cargamentos o controlar el tráfico marítimo hacia la isla, presentándolo no como una operación militar, sino como un ejercicio de jurisdicción sobre un territorio que reclama como propio.

La ambigüedad sería parte esencial de la estrategia. China podría aumentar la presión por etapas, obligando a Taiwán, Estados Unidos y Japón a resolver una pregunta extremadamente difícil: ¿En qué momento una inspección realizada por guardacostas pasa a constituir un bloqueo? ¿Y cuándo ese bloqueo justifica una respuesta militar?

Pero la normalización plantea otro riesgo. Cuanto más frecuentes sean los despliegues chinos alrededor de Taiwán, más difícil puede resultar distinguir entre una nueva demostración de fuerza y los preparativos para una operación real. De esta forma, la rutina puede terminar proporcionando cobertura a la sorpresa.

Taiwán se prepara precisamente para ese escenario. Para 2027 proyecta elevar su gasto de defensa alrededor de 16%, superando por primera vez el billón de dólares taiwaneses, unos US$31.000 millones. Pero la preparación ya no es solamente militar, porque los ejercicios de estos días incluyen hospitales subterráneos, evacuaciones urbanas, continuidad de las comunicaciones y protección de infraestructuras críticas.

Así, a ambos lados del estrecho comienza a “normalizarse” algo que hasta hace pocos años parecía excepcional. China instala la coerción constante, mientras Taiwán se prepara para resistirla.

Por eso, el mayor riesgo quizás no sea que Beijing decida un día invadir Taiwán, sino que consiga modificar poco a poco el statu quo sin necesidad de hacerlo. Y que, cuando finalmente decida cruzar ese umbral, parte del dispositivo necesario para una operación militar ya haya sido normalizado ante nuestros ojos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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