Sostenibilidad
Los desafíos del reciclaje y los avances de la gestión de residuos en Chile
En Chile se generan cerca de 19,6 millones de toneladas de residuos al año y más del 80% termina en rellenos sanitarios. Aunque el reciclaje doméstico ha ganado espacio, separar residuos en casa no basta sin infraestructura, educación, tecnología y cambios profundos en los modelos de consumo.
Separar botellas, lavar envases, guardar cartones o llevar residuos a un punto limpio son acciones que poco a poco se han vuelto parte de la rutina de miles de hogares chilenos. Sin embargo, especialistas advierten que reciclar en casa, por sí solo, no basta. Detrás de cada residuo existe una cadena mucho más compleja que involucra infraestructura, políticas públicas, tecnología, cambios culturales e incluso nuevas formas de producción industrial.
En el marco del Día Mundial del Reciclaje —que se conmemora cada 17 de mayo— académicos, empresas y expertos en sostenibilidad coinciden en que Chile enfrenta un desafío estructural: transformar un sistema históricamente enfocado en “retirar basura” hacia uno basado en la valorización, reutilización y reducción de residuos.
La magnitud del problema es considerable. Según cifras del Ministerio del Medio Ambiente, en Chile se generan 19,6 millones de toneladas de residuos al año, de las cuales cerca de 9 millones corresponden a residuos sólidos municipales provenientes principalmente de los hogares. Esto significa que cada persona genera aproximadamente 1,27 kilos de basura diarios. Aun así, el reciclaje efectivo de residuos domiciliarios sigue siendo inferior al 10%.
La propia Estrategia Nacional para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Municipales 2025 reconoce que el 86% de los residuos del país termina en sistemas de disposición final, principalmente rellenos sanitarios. El dato refleja que, pese a los avances regulatorios y a una creciente conciencia ambiental, Chile todavía está lejos de consolidar una economía circular robusta.

Créditos: Cedida.
El reciclaje doméstico: una tarea invisible y desigual
Para la académica María Elena Acuña, del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile, el reciclaje doméstico suele analizarse desde la responsabilidad individual, sin considerar las condiciones materiales que exige sostener esa práctica en la vida cotidiana.
La especialista, quien además imparte el curso “Antropología de la Basura”, plantea que separar residuos implica mucho más que buena voluntad. Lavar envases, secarlos, clasificarlos correctamente, encontrar espacio para almacenarlos y trasladarlos posteriormente a puntos limpios demanda tiempo, conocimiento y recursos.
“Este cambio de práctica implica, a veces, mucho esfuerzo para las unidades domésticas”, sostiene.
La dificultad aumenta cuando se observa la enorme desigualdad territorial existente en el país. Mientras algunas comunas cuentan con puntos limpios, retiro diferenciado y alianzas con empresas recicladoras, otras carecen completamente de infraestructura o programas municipales permanentes. En muchos casos, son las propias personas quienes deben trasladar sus residuos, asumiendo costos de tiempo, transporte y logística.
“No se trata solo de la voluntad de las personas, sino que tiene que haber una arquitectura de política pública, sobre todo a nivel micro, a nivel barrial, mucho más ágil y clara”, explica Acuña.
La académica también pone el foco en una dimensión pocas veces considerada: el reciclaje puede transformarse en una nueva carga doméstica. Acopiar residuos exige organización y coordinación dentro del hogar, tareas que frecuentemente recaen en una sola persona, muchas veces mujeres, reproduciendo desigualdades invisibles dentro de las dinámicas familiares.
A ello se suma otro problema: la limitada capacidad para gestionar residuos más complejos, como electrónicos, textiles y orgánicos. En el caso del compostaje, por ejemplo, Acuña advierte que no basta con repartir composteras. La práctica requiere acompañamiento técnico, educación y seguimiento para sostenerse en el tiempo.
El problema no es solo reciclar: es cómo consumimos
Desde la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile, el profesor Hernán Durán coincide en que el reciclaje debe entenderse como parte de una cadena mucho más amplia de gestión de residuos.
Aunque iniciativas como la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP) han impulsado avances importantes, Durán advierte que el sistema chileno sigue funcionando bajo una lógica centrada en retirar basura y depositarla en rellenos sanitarios, más que en prevenir la generación de residuos o valorizar materiales.
“El reciclaje es posible, es bueno, hay que fomentarlo, pero hay mucho esfuerzo que hacer, tanto desde el punto de vista normativo y del esquema institucional como desde el punto de vista de la conciencia ciudadana”, afirma.
Uno de los desafíos, señala, es modificar los incentivos existentes. A diferencia de otros servicios básicos, donde el consumo está directamente asociado al pago, en la gestión de residuos esa relación muchas veces no es visible para las personas. Esto dificulta promover conductas de reducción desde el origen.
Para Durán, la discusión debe ir incluso más allá del reciclaje y apuntar directamente a los patrones de consumo.
“Si lo que queremos hacer es que haya menos residuos, entonces seguramente el tema no tiene que ver tan solo con el reciclaje, sino que tiene que ver con el consumismo”, advierte.
La reflexión instala un debate de fondo: reciclar puede disminuir el impacto ambiental, pero no resuelve por sí solo un modelo basado en el uso intensivo y desechable de recursos.
Del reciclaje marginal a la economía circular
Hace poco más de una década, hablar de economía circular en Chile era todavía una conversación incipiente. La infraestructura era escasa, los puntos limpios eran excepcionales y muchas iniciativas dependían de esfuerzos aislados.
Para Daniel Paredes, gerente general de TriCiclos, el cambio cultural y regulatorio ha sido profundo.
“Hace 17 años el reciclaje era visto como algo muy marginal. Pero ya hoy existe mayor conciencia ciudadana y también más exigencias hacia las empresas en materia de sostenibilidad y gestión de residuos”, señala.
La empresa, pionera en modelos de economía circular en América Latina y primera Empresa B certificada de Sudamérica, ha sido parte activa de esa transformación. Uno de los hitos más relevantes fue la alianza iniciada en 2010 con Sodimacpara instalar el primer punto limpio en La Reina, mucho antes de que existiera un marco regulatorio robusto en torno al reciclaje.
La iniciativa buscaba convertir el reciclaje en una experiencia accesible y cotidiana para la ciudadanía, conectando a municipios, recicladores, gestores logísticos, plantas valorizadoras y, posteriormente, sistemas REP.
Actualmente, la red desarrollada junto a Sodimac tiene presencia desde Arica hasta Castro y ha permitido recuperar más de 33 millones de kilos de materiales reciclables, además de registrar más de 5,2 millones de visitas ciudadanas.
Entre los residuos valorizados destacan más de 15,7 millones de kilos de vidrio, 12,6 millones de kilos de celulosa y cerca de 3,8 millones de kilos de plásticos. Según datos de la empresa, este trabajo ha evitado además la emisión de más de 197 mil toneladas de CO2, equivalente a sacar de circulación cerca de 44 mil automóviles.
A nivel global, TriCiclos reporta más de 50 millones de kilos de materiales recuperados desde sus inicios, más de 7,6 millones de usuarios impactados y más de 50 proyectos de economía circular aplicada en Chile.
Más allá de la recuperación de materiales, Paredes enfatiza el rol cultural y educativo que han tenido estos espacios.
“Hoy gestionar residuos ya no se limita a su disposición final. Se ha transformado en una decisión estratégica que impacta la eficiencia operativa, el cumplimiento normativo y el posicionamiento sostenible de las organizaciones”, afirma.
Durante estos años, los puntos limpios también han operado como espacios de educación ambiental y participación ciudadana, impulsando campañas de recuperación de residuos electrónicos, celulares, libros, muebles y otros materiales complejos que históricamente quedaban fuera de los sistemas tradicionales de reciclaje.
Tecnología e innovación: el nuevo frente del reciclaje
En paralelo al debate ciudadano y político, distintas industrias están incorporando tecnologías que buscan hacer más eficiente la gestión de residuos y avanzar hacia modelos de economía circular.
Para Juan Pablo Contreras, líder de División de Tratamiento de Agua para la Manufactura para Latinoamérica Sur, Centroamérica y Caribe en Ecolab, el gran desafío actual ya no es únicamente reciclar, sino hacerlo de manera eficiente.
“El reto ya no es solo reciclar, sino hacerlo de forma más eficiente. Hoy existen tecnologías que permiten aprovechar residuos que antes simplemente se desechaban”, explica.

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Entre las soluciones que ya comienzan a expandirse en Chile destacan sistemas de reutilización de aguas industriales, herramientas de monitoreo inteligente de recursos, separación automatizada mediante inteligencia artificial y procesos de pirólisis para reaprovechar plásticos difíciles de reciclar.
La pirólisis, por ejemplo, permite transformar residuos plásticos en aceites reutilizables para la industria, evitando que terminen en rellenos sanitarios. Su relevancia crece en un contexto donde, según ASIPLA, la valorización de plásticos en Chile aumentó un 19% entre 2022 y 2024. Aun así, el reciclaje de envases y embalajes domésticos sigue bordeando apenas el 13%.
Otra de las tecnologías que gana protagonismo es la clasificación automatizada con inteligencia artificial. Sistemas de visión artificial y algoritmos avanzados ya permiten identificar más de 70 tipos distintos de materiales, facilitando procesos de reciclaje más rápidos y precisos.
Estas herramientas resultan especialmente relevantes considerando que, según el Barómetro Cadem-ReSimple 2025, solo el 30% de los chilenos recicla semanalmente y más del 56% del reciclaje ocurre fuera del sistema formal de la Ley REP.
Economía circular en la industria: del discurso a la operación
La transición hacia modelos más sostenibles también está llegando a sectores históricamente asociados a un alto impacto ambiental, como la aviación y la industria automotriz.
El grupo LATAM Airlines Group informó que durante el primer trimestre de 2026 logró evitar que 881 toneladas de residuos terminaran en rellenos sanitarios, equivalente al 44% del total gestionado bajo su modelo de economía circular.
El avance se produjo mediante iniciativas de reducción, reutilización, reciclaje y compostaje implementadas tanto en operaciones de tierra como a bordo de los aviones.
“Estos resultados reflejan que la economía circular se construye desde la operación diaria”, señaló Johanna Cabrera, gerente de Sostenibilidad de la compañía.
La aerolínea además ha eliminado el 97% de los plásticos de un solo uso en sus operaciones, reemplazándolos por alternativas reutilizables o materiales más sostenibles, como utensilios de bambú.
En paralelo, la industria automotriz también comienza a incorporar materiales reciclados desde el origen de fabricación de los vehículos eléctricos.
Uno de los casos más visibles es el Volvo EX30, modelo desarrollado por Volvo Cars y que durante 2025 se posicionó como el automóvil 100% eléctrico más vendido en Chile.
El vehículo incorpora aproximadamente un 25% de aluminio reciclado, un 17% de acero reciclado y cerca de un 17% de plásticos reutilizados. Además, integra fibras provenientes de botellas PET recicladas, textiles reutilizados y residuos de denim recuperado para sus terminaciones interiores.
Según el análisis de ciclo de vida realizado por la marca, el modelo fue diseñado para que hasta un 95% de sus componentes pueda reutilizarse o recuperarse al final de su vida útil.
La apuesta refleja cómo la sostenibilidad ya no se limita únicamente a reducir emisiones durante el uso del vehículo, sino también a reconsiderar el origen de los materiales y el ciclo completo de producción.
El desafío de cambiar el sistema completo
Pese a los avances tecnológicos y regulatorios, especialistas coinciden en que el principal desafío sigue siendo sistémico.
La ciudadanía puede separar residuos en sus casas, pero si no existen redes de recolección diferenciada, infraestructura adecuada, plantas de valorización, educación ambiental y trazabilidad eficiente, gran parte del esfuerzo termina diluyéndose.
Chile se ha propuesto como meta valorizar el 75% de sus residuos hacia 2040. Para lograrlo, será necesario mucho más que campañas de reciclaje domiciliario. La transformación implica fortalecer municipios, descentralizar infraestructura, impulsar innovación tecnológica, modificar incentivos económicos y, sobre todo, revisar los patrones de consumo que están detrás de la creciente generación de basura.