Investigación
Carabineros
La caída del Cartel Jalisco Nueva Generación en Chile: piden 35 años para dos mexicanos
El juicio comienza el próximo 1 de julio en Antofagasta. Ambos imputados fueron detenidos luego de “cocinar” 844 kilos de metanfetaminas. Antes, tanto el Cártel de Sinaloa como el Clan del Golfo también intentaron operar desde el norte del país, lo que fue frustrado por policías y fiscales.
Penas que en total suman 35 años para cada uno está pidiendo la Fiscalía Regional de Antofagasta en contra de dos ciudadanos mexicanos que fueron detenidos hace poco más de un año y que eran parte de una avanzada del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que pretendía generar una suerte de hub se distribución de drogas sintéticas hacia Australia.
Se trata del tercer intento -en los últimos años- de parte de alguna de las mayores organizaciones mundiales de tráfico de drogas por establecerse en Chile. Las dos previas fueron desbaratadas también y corresponden a la investigación efectuada por la Fiscalía de Arica, que culminó con la detención de dos colombianos (uno de ellos, un exmilitar) que pertenecían al Clan del Golfo y la incautación de casi 700 kilos de marihuana creepy. El principal implicado, Mario Cortés Oidor, fue condenado a 14 años y medio de presidio, mientras que el segundo acusado, Luis Polo Beltrán, recibió una condena de tres años y un día.
También en 2023, pero en diciembre, culminó en Iquique el juicio en contra de los hermanos Ricardo y Yolanda Salazar Tarriba, ambos mexicanos y vinculados con el Joaquín “Chapo” Guzmán, quienes intentaron establecer en Iquique también una suerte de filial del Cártel de SInaloa, que pretendía exportar cocaína colombiana hacia Europa. Tras el juicio, el hombre terminó condenado a 23 años y la mujer a 18.
Breaking Bad en Chile
Los planes del CJNG, sin embargo, eran distintos, pues su plan era distribuir metanfetaminas (MDMA) desde Chile hacia Australia y también abastecer el mercado local con esa droga sintética, conocida como “éxtasis” y que hacia Chile llega por lo general desde Bélgica o Países Bajos.
Según lo que descubrió el OS-7 de Carabineros de Antofagasta, en mayo de 2024, el cártel buscaba asentarse en esa ciudad, por lo cual la policía uniformada logró infiltrar a un agente encubierto en la red de contactos de los traficantes y, de ese modo, se organizó un primer envío de MDMA desde Guadalajara a Antofagasta una muestra de sólo 2 gramos, que estaba oculta dentro del repuesto de un vehículo, la cual fue enviada por medio de un courier.
Luego de que el agente encubierto la recogiera y diera su visto bueno a la droga, se acordó que dos mexicanos viajarían a Chile, lo que se concretó en agosto de ese año, cuando volaron Juan Pablo Galindo y Eduardo Michel Avalos, reuniéndose con el agente encubierto y con una serie de otros supuestos narcos que, en realidad, eran agentes encubiertos del OS-7 y de la Dirección de Investigación e Inteligencia Marítima (Dipolmar) de la Armada.
En la ocasión, los mexicanos acordaron enviar grandes cantidades de MDMA a un valor de 9.000 dólares el kilo (es decir, casi nueve millones de pesos), para lo cual pidieron a sus nuevos amigos ubicar una vivienda alejada del radio urbano de la ciudad, a fin de refinar (o “cocinar”) la droga.
De ese modo, en noviembre de 2024, utilizando una factura de la empresa Pluscargo México, los acusados enviaron a Chile desde el puerto de Manzanillo, que es controlado por el CJNG, 36 contenedores plásticos que supuestamente contenían pinturas impermeabilizantes y sellantes, todo lo cual, en total, pesaba 807 kilos (lo que implica un valor cercano de ocho millones de dólares).
Sin embargo, la carga no llegó a Antofagasta, sino que arribó el 18 de diciembre de ese año a Valparaíso.
Ello obligó al cartel a cambiar su estrategia inicial y, ante ello, se ubicó una parcela en las afueras de Lolol (Región de O’Higgins) a fin de efectuar allí el proceso de síntesis y extracción del MDMA y así convertir la droga, que llegó en estado líquido, en cristales.
La droga fue conducida por el OS-7 al departamento antidrogas de Carabineros en Santiago, donde se extrajeron muestras aleatorias, que comprobaron que efectivamente se trataba de metanfetaminas. El 30 de diciembre llegó otro mexicano, Eduardo Jiménez Rangel, al que se sumó -el 3 de enero de 2025- Eduardo Michel Avalos, quien era un “cocinero” de la organización.
Para efectuar el proceso de síntesis los sujetos compraron 100 litros de acetona, una cocinilla a gas y una serie de otros implementos, que fueron trasladados el 7 de enero hasta la parcela de Lolol, donde se instaló un laboratorio que comenzó a operar el día siguiente, conviendo la droga líquida -que llegó en 36 contenedores, semejando ser pintura- en cristales.
Al día siguiente, cuando Carabineros y la fiscalía allanaron el lugar, descubrieron a los dos imputados “cocinando” la droga. En posesión de ambos se encontraron tickets de regreso a México para fines de ese mes y una gran cantidad de cristales de droga ya sintetizada: 844 kilos 122 gramos de MDMA, además de 90 litros sin procesar aún.
Debido a ello, la Fiscalía de Antofagasta los acusó como autores de tráfico de estupefacientes, elaboración ilegal de drogas, tenencia de precursores químicos y asociación para cometer delitos contemplados en la ley antidrogas, con lo cual la petición de penas para cada uno llega a los 35 años.
Una ciudad clave
Los dos imputados se enfrentarán al Tribunal de Juicio Oral en lo Penal (TOP) de Antofagasta el próximo 1 de julio. Al respecto, el Fiscal Regional, Juan Castro Bekios, indica que el plan inicial de los imputados era poner en marcha “un plan piloto, destinado a instalar un laboratorio en Chile para procesar la metanfetamina e introducirla en mercados donde la metanfetamina tiene un mayor valor. Ellos mencionaron en su momento los mercados de Australia, sin descartar Europa también y a la vez dejar algo de ella acá”
Respecto de los motivos por los cuales escogieron inicialmente Antofagasta -donde solo en la que va corrido de este año se han incautado más de 30 toneladas de drogas- el persecutor estima que incidieron dos motivos.
El primero de ellos, señala, es que deben haber realizado un estudio previo y haber notado como una característica positiva para su negocio el que “es una ciudad minera, que tiene muchas empresas de servicio a la minería, fundiciones, muchas empresas químicas y muchos sectores industriales, con grandes galpones en distintas partes de la ciudad, por ejemplo, en el sector de La Negra, y esos barrios industriales, tanto en Antofagasta como en Calama, son ideales para instalar un laboratorio de procesamiento de metanfetamina, porque sería absolutamente imposible poder detectarlo entre tanta circulación de camiones y camionetas con químicos”.
El segundo motivo es que justamente buscaron Antofagasta inicialmente por sus puertos, que dan al Pacífico, pero algo pasó y -como se relata antes- finalmente la droga llegó a Valparaíso.
A modo de ejemplo, Castro Bekios relata que desde las zonas portuarias de la región han salido varios cargamentos con decenas de toneladas de cocaína boliviana, incluyendo al menos dos que estaban escondidas en contenedores con cátodos de cobre producidos por Codelco, en envíos destinados a puertos europeos, fundamentalmente a España, Suecia y Chipre. De hecho, relata que en 2024 fueron incautadas 4.5 toneladas de clorhidrato de cocaína en Europa, despachadas la Región de Antofagasta, lo que explica el interés del cartel mexicano, pues explica que “esta es una zona absoluta y totalmente estratégica, y por eso es tan importante”.
En ese sentido, precisa que casi toda la droga que se trafica desde Brasil tiene por destino final Asia, pues “en términos de dinámica de empresa criminal, lo que más le conviene a las organizaciones criminales es poner su mercadería en Asia y en Oceanía por los precios, que triplican los precios que pueden conseguir en Europa. Por lo tanto, si bien se sigue enviado mucha droga a Europa, porque es un mercado que demanda mucho, el mercado criminal de Asia y Oceanía tiene una gran diferencia: el precio que se paga por la droga llega a triplicarse. De ese modo, un kilo de clorhidrato que vale 60.000 dólares en Europa, cuesta 150 o 180 en Sidney y más todavía en Hong Kong”.
