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Chile, país de metáforas

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¡Hola a todos! Otra semana más rumbo a la primera Cuenta Pública de José Antonio Kast. Esta parece ser –después de todo– la verdadera cuenta regresiva del Presidente: el momento en que le tocará mostrar algo más que metáforas.

  • A propósito de figuras retóricas, este nuevo capítulo de +Políticabusca explicar qué llevó al Mandatario a recurrir malamente al sentido figurado. Chile, país de poetas.

Steinert vuelve a superar a Sedini. La ministra de Seguridad se ha transformado en una figura recurrente en estos reportes semanales. Esta vez lo es por su presentación fuertemente criticada del plan de seguridad del Gobierno en el Congreso, que –dos días después– reconoció que realmente no existía, al menos formalmente. ¿Metáfora o hipérbole?

  • Lo que es absolutamente real, sin medias tintas, es el arribo de Bernardo Fontaine a la presidencia de Codelco, justo en medio de anuncios de auditorías por denuncias de producción “inflada” y un escenario de alza histórica en el precio del metal rojo. Su llegada genera dudas sobre una eventual privatización de la compañía.

Otro que apareció en los trending semanales fue Joaquín Lavín León. El exparlamentario será acusado por la Fiscalía Oriente por delitos electorales, tras comprobar que utilizó bases de datos del Servel en SocialTazk, la plataforma financiada con recursos del Congreso.

Correos, audios y mensajes muestran intercambios de padrones electorales entre asesores de Lavín León y el consejero del Servel Jorge Manzano, exdueño de la billetera electoral de la UDI cuando estalló el caso Penta. Pese la gravedad de los hechos y a que el Ministerio Público puso a disposición del Servel los antecedentes, el organismo público parece convenientemente no darse ni por enterado.

  • A propósito de semanas extrañas, la maratónica jornada de la votación por la Ley Miscelánea en el Congreso transformó el debate parlamentario en un evento kafkiano– plagado de observaciones técnicas–, que dejó a varios parlamentarios sin entender claramente cuándo había que votar “a favor” o “en contra” de alguna indicación. Una crónica imperdible.

El tsunami prometido de indicaciones, en todo caso, terminó chocando contra un rompeolas más efectivo de lo esperado. Las 1.603 indicaciones ingresadas en la Comisión de Hacienda generaron ruido político, pero bajo impacto real. El tsunami finalmente se evaporó, aunque promete transformarse en una “marejada” más fina.

Y junto con todo ello, se aprecia en el horizonte otra competencia para Steinert. La ministra de Ciencia Ximena Lincolao. Diversas fuentes apuntan a que no solo desconoce el mundo científico, sino que además desconfía profundamente de él.

Dentro del ecosistema científico la describen como una figura marcada por la lógica ideológica de Silicon Valley y Peter Thiel, donde la ciencia solo vale si produce rentabilidad inmediata. Incluso proyectos estratégicos de diplomacia científica, como el convenio con Francia para un centro binacional de inteligencia artificial, hoy aparecen amenazados.

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Un Congreso kafkiano

La maratónica jornada de votación en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputadas y Diputados pasará a la historia no solo por la Ley Miscelánea, sino también por haber transformado el debate parlamentario en un evento kafkiano.

  • La jornada comenzó sin preludio de caos. El presidente de la Comisión, Agustín Romero, abrió la sesión con la noble esperanza de que “se avance” rápido. La secretaría solemnemente lee la cuenta y, por segundos, la escena es propia de una institución de raigambre republicana. Pero el espejismo dura poco.

De entrada, se percibía de inmediato el enredo: abrumadoras observaciones técnicas mezcladas con detalles sobre el Servel. Reflexiones sobre “primera vivienda” versus “vivienda principal”. Gritos. Risas. La llegada de más enmiendas, citas a Sabina y una voz que necesita imperiosamente saber qué papel estaba usando la impresora.

  • Apenas arranca la votación particular del artículo 1, el curso entró en un colapso lingüístico que tuvo que ser explicado durante 30 minutos. Algunos consideraron el episodio como el mejor momento de la primera parte: nadie tiene completamente claro cómo se vota. Hay una profunda confusión sobre qué significa votar “a favor” o “en contra” de una inadmisibilidad.

Es necesario explicarlo cuatro veces. El curso entra en crisis semántica. La secretaría intenta aclarar. Algunos entienden. Otros no tanto. Alguien pregunta: “A ver, si votan sí, ¿es sí a la idea o sí a rechazar la idea?”. Ahí el honorable José Carlos Meza propone una solución luminosa: que se vote diciendo “admisible” o “inadmisible”. Primer escollo superado.

  • Otro de los momentos más comentados ocurrió cuando decenas de indicaciones parlamentarias fueron declaradas inadmisibles por el error más básico del manual escolar: los diputados olvidaron firmarlas.

La logística de la sesión rompió varios récord. El documento “comparado” –que detalla cada cambio propuesto– terminó convertido en un Godzilla de 5 mil páginas. El papel acumulado era tan vistosamente pesado, que la secretaría tuvo que utilizar varios carritos con ruedas para transportarlo, desatando la expectación colectiva sobre el eventual colapso de los carros bajo el peso de la ley.

  • En paralelo, la oposición agitó la amenaza más temida del Congreso: el “Naranjazo”. Invocando el fantasma del exdiputado Jaime Naranjo y su mítico discurso de 15 horas, los parlamentarios advirtieron que, si el “profesor” (el Gobierno) no permitía debatir cada una de las 1.500 indicaciones, estaban dispuestos a hablar hasta que las velas no ardieran.

Finalmente, entre tanta ironía y griterío, hubo un momento de inesperada ternura escolar. En medio del agotamiento de la madrugada, Schalper interrumpió el debate no para hablar de impuestos, sino para anunciar: “Ya llegó el pan”. Pidiéndole a la secretaría que no se pusiera nerviosa, porque entre carritos y amenazas estaba en juego el dinero del país.

  • En la madrugada, la comisión cayó en un abismo filosófico: “¿Qué es una empresa ‘grande’?”, preguntó alguien. Mientras el ministro Quiroz explicaba que cinco supermercados pequeños constituían una empresa grande, los diputados debatían con la misma energía de un curso que sabe que aún le falta bastante para salir a recreo.

El surrealismo llegó con la caída del sol. Cuando la comisión ya era una “comunidad de mamíferos exhaustos”, decidieron que era el momento perfecto para discutir sobre inteligencia artificial. En medio de la neblina del cansancio, los honorables sostuvieron debates metafísicos sobre algoritmos y propiedad intelectual, discusiones que terminaron demolidas por la aritmética de un empate.

  • A las 7:10 de la tarde, la humanidad asomó por una rendija. Entre reproches y bloqueos, surgió una frase anónima que resume la fragilidad institucional: “Tengan piedad por los viejitos”. No era una defensa política, era una bandera blanca biológica de parlamentarios, funcionarios y asesores que llevaban demasiadas horas y necesitaban, desesperadamente, irse a casa.

La jornada cerró con la elección del “diputado informante”, que no es otra cosa que elegir al compañero que pasará adelante a exponer el trabajo grupal que todos hicieron peleando, borrando partes y acusándose mutuamente de no leer las instrucciones. Ganó Diego Schalper, el encargado de darle voz a un resultado que, más que una sinfonía, fue un extenuante coro de colegio.

2

El tsunami de indicaciones que se disolvió en la orilla

El “tsunami” de indicaciones con el que la oposición prometía golpear la megarreforma de José Antonio Kast terminó chocando contra un rompeolas más efectivo de lo esperado.

  • Las 1.603 indicaciones ingresadas en la Comisión de Hacienda –en una sesión caótica y de más de 20 horas– generaron ruido político, pero bajo impacto real: solo alcanzaron a incidir en torno al 11% del proyecto.

El oficialismo lo leyó como validación de su estrategia de orden y aceleración del trámite. Desde La Moneda defendieron la ofensiva y acusaron intento de bloqueo, cerrando con su idea fuerza: no “tsunami de indicaciones”, sino “huracán de inversiones”.

En la oposición el balance es más político que técnico: admiten que el impacto normativo fue acotado, pero defienden la estrategia de presión.

  • Cercanos al PPD y al PS señalan que el volumen de indicaciones se utilizó como herramienta para presionar la tramitación legislativa, mientras que cercanos al Frente Amplio van más allá y plantean que parte del rol opositor es directamente obstaculizar lo que consideran retrocesos impulsados por el Gobierno.

El resultado fue una comisión desbordada, con votaciones confusas, largas horas de discusión y un debate que terminó cruzando incluso a la sospecha de uso de inteligencia artificial para procesar el volumen de indicaciones.

Con todo, nadie da el conflicto por cerrado. El “tsunami” se evaporó, pero en el Congreso ya anticipan la siguiente fase: no una ola masiva, sino una “marejada” más fina, persistente y mejor dirigida.

3

¿Qué otra promesa es una metáfora?

“Quedan 103 días para que salgan voluntariamente de Chile”, dijo el 28 de noviembre el entonces candidato José Antonio Kast, en alusión a la migración irregular en Chile y a dos semanas de la segunda vuelta presidencial. Desde ese momento inició una cuenta regresiva cuya amenaza nunca se materializó y hoy queda en el mundo de lo imaginario.  

  • “Si alguien cree que en un día uno va a expulsar a 300 mil, creo que entendió mal el mensaje”, dijo el Mandatario esta semana, y aclaró que su promesa de sacar del país a la totalidad de personas irregulares se trató solo de una “metáfora”. Esa figura retórica que sirve para reemplazar un término real por otro imaginario. O, en forma más pedestre, decir una cosa por otra.

Las explicaciones del jefe de Estado sobre una de sus promesas de campaña más emblemáticas abrieron un nuevo flanco político. La duda que comenzó a instalarse en el debate público es qué otras promesas presidenciales deberían entenderse como metáforas.

  • Más allá de que finalmente se trataba de una hipérbole, los errores de conceptos y declaraciones desafortunadas del Presidente han estado a la orden del día. Sin ir más lejos, este martes se refirió a las críticas por los recortes presupuestarios y señaló que algunos niños que se alimentan gracias a la Junaeb a veces “llevan sándwich y no almuerzan”.

Lo cierto es que el trasfondo de la polémica por la promesa migratoria de Kast es el ajuste de expectativas ante una inexistente estrategia de seguridad y la incapacidad de la ministra Trinidad Steinert de conducir el barco.

Una falta de diseño y de resultados urgente de revertir de cara a la Cuenta Pública del 1 de junio.

  • La guinda de la torta fueron las recientes declaraciones de la secretaria de Estado, quien dijo este viernes que “no esperaba la exigencia de un plan de seguridad estructurado, concreto”. Lo que evidenció nuevamente que la ministra asumió sin comprender bien en qué consistía su nuevo rol.

Las declaraciones de Steinert llegan luego de la sesión especial en la Cámara, donde tuvo que exponer los ejes del plan de seguridad, pero se remitió a leer varias hojas por más de una hora. Este hecho no dejó conforme a la oposición –e incluso a algunos sectores oficialistas– por la inconsistencia y falta de manejo de la exfiscal.

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Ximena Lincolao, la ministra anticiencia

En apenas 60 días como ministra de Ciencia, Ximena Lincolao ha acumulado más conflictos que anuncios.

  • La renuncia de su subsecretario.
  • Acusaciones de despidos masivos.
  • Una crisis interna marcada por miedo y desconfianza.
  • Cuestionamientos por omisiones en su declaración patrimonial.
  • Tensiones con el mundo científico.
  • Polémicas por propiedad intelectual e inteligencia artificial.
  • Y una agresión sufrida en la Universidad Austral que –paradójicamente– terminó convirtiéndose en el episodio que más elevó su nivel de conocimiento público.

Hasta ahora, la ministra parece haberse hecho conocida no por una política científica ni por una reforma estructural o por un descubrimiento, sino por el conflicto permanente.

En el Ministerio de Ciencia se instaló rápidamente la sensación de que algo no calzaba. No solo por el choque de estilos o por las diferencias administrativas normales de cualquier cambio de Gobierno, sino por algo más profundo: la impresión de que la persona a cargo de conducir la política científica chilena simplemente no cree en la ciencia como valor público.

En conversaciones reservadas, distintas voces del ecosistema científico, tecnológico y diplomático coinciden en un diagnóstico inquietante: Lincolao no entiende la ciencia como un proyecto de desarrollo humano, cultural y estratégico, sino como una herramienta transaccional subordinada exclusivamente a la rentabilidad económica inmediata.

  • “Ella no le ve valor a la ciencia”, resume crudamente una fuente vinculada al mundo de la innovación y el desarrollo tecnológico. “Toda la ciencia tiene que generar impacto económico. Si no produce plata, simplemente no sirve”, dice respecto de la visión de la secretaria de Estado.

La crítica aparece repetida una y otra vez en distintos relatos provenientes de áreas muy diferentes: investigadores, expertos en inteligencia artificial, exautoridades y actores ligados a cooperación internacional. Todos describen una agenda ideológica extremadamente marcada por el imaginario de Silicon Valley, las big tech y figuras como Peter Thiel: un Estado reducido, subordinado al mercado y desconfiado del conocimiento que no puede monetizarse rápidamente.

  • Según una experta en política pública científica, el problema no es solo que la ministra privilegie la IA o startups tecnológicas. El problema es que pareciera no comprender para qué existe un Ministerio de Ciencia.

“La tecnología no es solo inteligencia artificial y data centers”, señala. “También es biotecnología, farmacología, robótica, investigación básica, formación de capital humano, universidades, ciencia aplicada. Nada de eso parece estar hoy en la agenda”, recalca.

En el mundo científico hay inquietud porque, bajo esta lógica, la investigación deja de entenderse como una construcción de largo plazo y pasa a evaluarse únicamente bajo criterios de retorno económico inmediato. Un paradigma que, advierten, amenaza con destruir décadas de construcción institucional.

Uno de los ejemplos más delicados es el riesgo que enfrenta el convenio franco-chileno para el desarrollo de un centro binacional de inteligencia artificial, considerado uno de los proyectos de cooperación científica más ambiciosos impulsados por Chile en los últimos años.

El acuerdo, trabajado durante administraciones de distintos signos políticos y respaldado en su momento incluso por la visita de Emmanuel Macron, hoy atraviesa una situación crítica. Francia ya comprometió recursos y financiamiento, mientras Chile mantiene atrasada la formalización del acuerdo económico comprometido hace casi un año.

Fuentes del propio ministerio, que conocen en detalle la agenda internacional que ha marcado nuestro país en diplomacia científica, describen un escenario de deterioro diplomático inédito. Según explica una fuente, desde la cartera la respuesta ha sido simple: “No tenemos presupuesto”.

  • Pero detrás del problema financiero –advierte– existe algo más grave: la ausencia total de interés por la diplomacia científica.

“Este Gobierno rompió una línea transversal de cooperación que Chile había sostenido por años”, afirma. Y añade: “No se entiende el peso estratégico que tiene la ciencia en las relaciones internacionales”.

  • La preocupación no es menor. El centro binacional no solo contemplaba investigación en IA, sino también formación de talento, infraestructura de cómputo avanzada, atracción de inversión extranjera y acceso chileno a capacidades tecnológicas francesas muy superiores a las locales.

La posibilidad de que el proyecto se debilite o incluso colapse aparece hoy como uno de los símbolos más claros de la distancia entre la actual conducción ministerial y la tradición científica chilena.

En paralelo, distintas fuentes describen un ministerio desconectado de las universidades, de las sociedades científicas y de su propio ecosistema interno. Una escena relatada desde el interior de la cartera se ha transformado casi en metáfora de ese estilo.

  • En una de sus primeras jornadas al mando del ministerio, Lincolao decidió realizar una reunión general con funcionarios vía Zoom. El detalle es que todos estaban físicamente en el mismo edificio. Mientras decenas de trabajadores se conectaban desde sus oficinas, la ministra permanecía encerrada en la suya, hablándoles a través de una pantalla.

La anécdota circula hoy dentro del ministerio como símbolo de una forma de conducción distante, poco política y profundamente ajena a la cultura institucional chilena.

“Ella no cuenta con códigos”, resume un actor que tuvo reuniones directas con la ministra. “No entiende cómo funciona el Estado, ni parece interesarle demasiado entenderlo”, agrega.

Ese diagnóstico se repite en distintos niveles. Varias fuentes coinciden en que Lincolao no proviene del mundo científico, ni académico, ni universitario. Su trayectoria está ligada al desarrollo de aplicaciones tecnológicas y emprendimientos digitales en Estados Unidos. Y precisamente allí estaría el origen de su visión.

  • “Ella cree que el ministerio tiene que funcionar como una startup”, dice una de las personas consultadas. “Pero un país no es una startup”.

La frase se escucha con frecuencia en conversaciones privadas dentro del ecosistema científico: el temor de que Chile esté comenzando a reemplazar una política de desarrollo del conocimiento por una lógica de mercado radicalizada, donde la ciencia solo vale si produce rentabilidad inmediata.

Por eso, más allá de las polémicas coyunturales, lo que inquieta al mundo científico no son únicamente los despidos, las tensiones internas o los errores comunicacionales. Lo que inquieta es algo mucho más estructural: la sospecha de que, por primera vez desde la creación del ministerio, la persona a cargo no solo no proviene de la ciencia, sino que además desconfía profundamente de ella.

5

Hondurasgate o la construcción del silencio

¿Por qué un escándalo de financiamiento mediático para desprestigiar gobiernos de izquierda en Latinoamérica no ha generado ruido internacional? ¿Por qué una filtración con nombres, montos, amenazas y planes para generar una industria de noticias falsas para atacar gobiernos progresistas en el continente no tiene repercusiones globales?

  • Estas son algunas de las preguntas que el medio Diario Red–un portal español de noticias fundado por el exsecretario general de Podemos, Pablo Iglesias– se plantea diariamente en columnas de opinión y editoriales, tras la difusión de grabaciones que confirmarían una operación financiada para socavar las administraciones de Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro, presidentes de México y Colombia.

La conversación entre el expresidente de Honduras, Juan Orlando Fernández, con el actual mandatario de ese país, Nasry Asfura, habla sobre la creación de un sitio web de noticias latinoamericano, con el apoyo del Partido Republicano estadounidense, la ayuda de Israel y una parte del financiamiento comprometido desde Argentina, a través de Javier Milei.

  • La iniciativa formaría parte de un plan mayor que combinaría desinformación a gran escala, injerencia en el tablero geopolítico regional, financiamiento oscuro y –según ha trascendido en los audios–la voluntad de ejercer la violencia para mantener en el poder a la derecha a toda costa.
  • En resumen, una mezcla explosiva de ingredientes letales apenas divulgado en la prensa internacional.

La construcción del silencio, le han llamado los periodistas que reflexionan sobre el asunto, buscando comprender las razones que han llevado a una omisión selectiva –hablando de las situaciones como supuestas eventuales–, a través de información redactada con el fin de sonar neutral y transformar, de este modo, “ese hecho incómodo en un paisaje brumoso, perfectamente manejable para la negación plausible”, escribe uno de los columnistas del medio.

  • El debate planteado por Diario Red abre diversas interrogantes sobre la circulación de la información, las agendas mediáticas y el rol de las noticias trending, la capacidad de jerarquización de los administradores de contenido, la transición desde la “agenda setting” a la “agenda baiting” y algo que hoy se comienza a mirar cada vez con más atención: la real influencia de los intereses políticos, económicos e ideológicos en la divulgación de la agenda noticiosa.

Hemos llegado al final de esta edición de +Política. Si tienen algún comentario, duda o información que quieran compartir, pueden escribirnos a maspolitica@elmostrador.cl.

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