Opinión
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Atacama en la encrucijada: degradación territorial y ciencia como respuesta
El 17 de junio, el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía convoca a la comunidad científica a visibilizar uno de los procesos de degradación ambiental más acelerados de nuestra era. En 2026, el lema “Pastizales: Reconocer, Respetar, Restaurar” interpela a la Región de Atacama, donde la aridez no es un fenómeno estático, sino un proceso dinámico agudizado por presiones antrópicas de creciente intensidad.
Cerca del 40% de la superficie terrestre presenta algún grado de degradación y 1.500 millones de hectáreas requieren restauración antes de 2030. La COP16 de la UNCCD (Riad, 2024) posicionó este desafío como una prioridad geopolítica global, al establecer que la pérdida de suelo fértil compromete la seguridad alimentaria, la disponibilidad hídrica y la estabilidad climática regional.
En Atacama, estos indicadores adquieren una expresión concreta. La cuenca del Copiapó registra una sobreexplotación sostenida: los derechos otorgados exceden la recarga natural y la DGA reporta niveles freáticos en descenso, que superan los 116 metros en 2025 en Tierra Amarilla. Este escenario se agrava con la expansión de la industria del litio: su operación mediante la evaporación de salmueras conlleva transferencias hídricas permanentes hacia la atmósfera, lo que altera el balance hídrico del desierto y compromete la integridad de sus ecosistemas.
La ciencia ofrece respuestas de gran pertinencia. La convergencia entre los avances científicos recientes y las condiciones singulares de la Región de Atacama configura un escenario de oportunidad científica y tecnológica sin precedentes. Entre los avances científicos destacan los estudios genómicos que buscan identificar los genes y mecanismos responsables de la capacidad de las plantas del desierto para tolerar la sequía, la salinidad y las temperaturas extremas. Esta aproximación encuentra un importante complemento en el estudio de los microbiomas nativos — promotores de crecimiento (PGPR), endófitos fúngicos y micorrizas de plantas nativas del desierto—, dado que estas plataformas biológicas ya están adaptadas a las condiciones extremas del sistema y ofrecen la mayor probabilidad de un establecimiento exitoso en condiciones de campo. Comprender estos procesos representa una oportunidad para desarrollar estrategias futuras de adaptación al cambio climático. Complementariamente, la captación de agua de niebla, el uso de enmiendas orgánicas (biocarbon) / inorgánicas (zeolitas) y el riego de precisión representan tecnologías con un sólido respaldo experimental y una transferibilidad directa a los desafíos hídricos de la Región.
Articular este capital científico con políticas coherentes es impostergable: actualizar la gestión hídrica de la Región, incorporar soluciones basadas en la naturaleza al ordenamiento territorial e invertir en la transferencia de los avances tecnológicos regionales. El desierto más árido del planeta no es solo el escenario de una crisis: es, con igual rigor científico, un repositorio evolutivo de soluciones que la humanidad aún no ha sabido leer en su totalidad.