Pero ¿qué ocurre con esos trajes una vez que dejan de cumplir su función?
Aunque el neopreno es un material altamente resistente, también representa un desafío ambiental. Al tratarse de un caucho sintético, su reciclaje es complejo y gran parte de estos productos termina en la basura cuando ya no pueden seguir utilizándose. Diversas iniciativas internacionales han comenzado a impulsar programas de reparación y reutilización para extender su vida útil y reducir la generación de residuos.
En Chile, esa pregunta fue precisamente la que dio origen a Aloha, un taller instalado en Pichilemu que desde hace cinco años se dedica a reparar trajes de surf, buceo, kitesurf y windsurf, utilizando piezas recuperadas de otros trajes en desuso bajo una lógica de economía circular.

Crédito: Jean Louis de Heeckeren.
Del mar nació la idea
La historia comenzó lejos de Pichilemu. En 2020, Sabrina Valenzuela vivía en La Serena, donde se iniciaba en el surf. A través de uno de sus primeros trajes descubrió que, en ese momento, prácticamente no existían servicios especializados para repararlo en la zona.
Su formación como diseñadora de vestuario la llevó a mirar el problema desde otra perspectiva.
“Habían cosas que yo dije: ‘espérate, yo puedo mejorar esto’. Me di cuenta que las escuelas desechaban estos trajes, eran bolsas y bolsas de trajes que iban a la basura. Todo eso iba a la basura. Me di cuenta que a los particulares también les pasaba lo mismo“, recuerda.
La idea comenzó a tomar forma junto a Vanessa Cartaya, hoy su esposa y socia. Mientras Sabrina trabajaba en una subestación eléctrica en Copiapó y Vanessa en una empresa de alarmas, ambas comenzaron a preguntarse si era posible transformar ese residuo en una oportunidad.
“Le presenté la idea a Vane. Y ella me dice: ‘Nadie está haciendo eso, estás loca. O sea, no, imposible’“, recuerda entre risas.
Sin embargo, lejos de abandonar el proyecto, decidieron investigarlo.
“Yo empecé a administrar una escuela de surfing después de eso, entonces ahí me di cuenta cómo se botaban los materiales. Se botaban los trajes, pero a montones, en bolsas. Ahí fue donde Vane toma la situación y me dice: ‘ok, vamos a hacer esto, pero lo hacemos así, modo pro'”, añade Sabrina.
Durante seis meses estudiaron técnicas de reparación utilizadas en el extranjero, buscaron materiales específicos y analizaron referentes internacionales. Fue entonces cuando conocieron el trabajo que desde hace décadas desarrolla Patagonia en materia de reparación de trajes.
“Nos dimos cuenta que lo que teníamos en la cabeza sí se podía hacer, pero en Chile no había nada. Entonces empezamos a importar las cosas y mientras reparábamos gratis empezamos a comprar las cosas de a poco“, explica.
Al principio cosían completamente a mano utilizando hilo de poliamida, un material capaz de soportar la elasticidad y la humedad propias del neopreno. Las primeras reparaciones fueron gratuitas mientras perfeccionaban la técnica y reunían recursos para comprar herramientas e importar maquinaria especializada.
Mucho más que un parche
Con el tiempo, Aloha dejó de entender la reparación como un simple remiendo.
Su propuesta consiste en retirar completamente la sección dañada del traje y reemplazarla por un panel proveniente de otro wetsuit que aún conserva material en buen estado.
Para ello reciben trajes que ya no tienen posibilidad de reparación, los desmontan cuidadosamente y clasifican cada pieza. Los cierres también se recuperan, se limpian, hidratan y vuelven a utilizarse cuando es posible.
“Nosotras sacamos la zona que está mala y la reemplazamos con una tela, que esté en buen estado, de otros trajes que están en desuso“, explica Sabrina.
Ese trabajo permite rescatar tanto el traje que llega con una rotura como el material proveniente de otro que, de otro modo, terminaría desechado.
La lógica responde a un principio simple: extender al máximo la vida útil de un producto cuya fabricación implica procesos industriales complejos y cuyo reciclaje sigue siendo un desafío para la industria. Diversas marcas internacionales han comenzado a priorizar precisamente la reparación antes que el reemplazo como estrategia para reducir el impacto ambiental asociado a estos productos.

Crédito: El Mostrador.
De un festival de surf a trabajar con Patagonia
El crecimiento del proyecto llegó casi por casualidad.
Después de recorrer eventos de surf en la Región de Coquimbo con un carro adaptado como taller móvil, fueron invitadas al Surf Festival de Pichilemu. Lo que originalmente serían dos días terminó convirtiéndose en una estadía de un mes.
“Todo ese mes recibimos, recibimos, recibimos. Ahí nos dijimos: ‘ya, tenemos que cambiar’. Ahora tenemos maquinaria industrializada“, cuenta Sabrina.
Fue también durante ese festival donde representantes de Patagonia conocieron su trabajo.
Lo que siguió fue un proceso de casi un año de intercambio de reparaciones, evaluaciones y capacitaciones que culminó con la llegada a Chile de especialistas del taller de reparaciones de California, quienes trabajaron junto a ellas para estandarizar los procesos bajo los criterios técnicos de la marca.
Actualmente, Aloha realiza las reparaciones de los trajes Patagonia en Chile.
“Tenemos un sistema en donde si tú te compras un traje de Patagonia, tienes garantía por tres temporadas y tú lo puedes llevar a la tienda, ahí te lo reciben, te lo cotizan y si hay garantía, responde la marca. Si no hay garantía, lo puedes pagar ahí mismo y eso llega al taller de Pichilemu”, explica Valenzuela.

Crédito: El Mostrador.
El siguiente paso: cerrar el círculo del neopreno
Aunque la reparación sigue siendo el eje central del taller, hoy el objetivo de Sabrina y Vanessa va un paso más allá.
Cada reparación genera pequeños recortes de neopreno que ya no pueden volver a incorporarse a otro traje. En lugar de descartarlos, las emprendedoras comenzaron a almacenarlos.
Actualmente acumulan más de una tonelada de este material y ya cuentan con una trituradora para iniciar una nueva etapa: transformarlo en materia prima para fabricar otros productos.
“La idea es que esto nunca vaya a la basura. Literalmente nos estamos haciendo cargo de este residuo por completo”, añade Vanessa.
Entre las alternativas que estudian aparecen rellenos técnicos, accesorios e incluso otros productos elaborados con neopreno reciclado, experiencias que ya existen en algunos países pero que aún no se desarrollan en Chile.
A la par, utilizan sus redes sociales para enseñar a cuidar correctamente un traje y así prolongar su vida útil.
“Yo surfeo, no soy pro y voy tres veces a la semana y explico cómo debemos cuidar un traje para que nos dure más tiempo. Un traje no dura temporadas, el traje dura horas de surfing“, señala Sabrina.
Así, para ellas, reparar no solo significa devolverle funcionalidad a un wetsuit. También implica cuestionar la idea de que, frente a una rotura, la única solución es comprar uno nuevo.
“Creo que nos vemos de aquí a un par de años más como referentes de este material. Impulsadoras de la circularidad. Y bueno, no sé qué irá pasando más adelante pero creo que podemos hacer el cambio cuando enseñamos y cuando educamos”, concluye Sabrina.