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Más allá de la publicidad: el verdadero costo de las pausas de hidratación Opinión www.magnific.com

Más allá de la publicidad: el verdadero costo de las pausas de hidratación

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El Mostrador Fuente Preferida

Durante estas semanas se ha discutido bastante sobre las pausas de hidratación del Mundial. Que interrumpen el ritmo del partido, que se transformaron en un nuevo espacio para las marcas o que el fútbol perdió parte de su esencia.

Pero quizás esa no es la conversación más importante. La decisión de incorporar pausas obligatorias responde a una realidad que ya no admite discusión: el calor extremo llegó para quedarse y proteger la salud de los jugadores dejó de ser una opción. En ese sentido, detener un partido para hidratarse parece una medida de sentido común.

De hecho, estas pausas ya están demostrando que pueden influir positivamente en los hábitos de las personas. En España, la empresa pública que gestiona el agua en la Comunidad de Madrid registró nuevos aumentos en el consumo de agua justo durante las pausas de hidratación de los partidos. Es decir, miles de personas no solo observan cómo se hidratan los jugadores, sino que aprovechan ese momento para beber agua, levantarse del sofá y hacer una pausa en su propia rutina.

Sin embargo, lo curioso es que casi nadie se está preguntando cómo nos estamos hidratando. Durante el Mundial vemos decenas de botellas plásticas abiertas al mismo tiempo. Es una imagen tan habitual que ya ni siquiera llama la atención. Pero, si se multiplica por 104 partidos, miles de personas en la cancha y millones de asistentes, la historia cambia de escala.

Solo durante la fase de grupos del Mundial, la FIFA informó que cerca de un millón de botellas de agua fueron consumidas dentro de los estadios, en paralelo a una asistencia récord superior a 4,6 millones de espectadores. Si esa misma proporción se mantiene hasta la final, el torneo podría terminar utilizando alrededor de 1,4 millones de botellas plásticas, equivalentes a cerca de 29 toneladas de plástico: un peso similar al de una ballena azul adulta, el animal más grande del planeta.

Y ahí aparece la verdadera contradicción. Estamos adaptando el deporte para enfrentar los efectos del cambio climático, pero seguimos utilizando un modelo de hidratación que contribuye al mismo problema que intentamos enfrentar.

Durante años naturalizamos que tomar agua implicaba comprar una botella. Nunca nos detuvimos a pensar si realmente era la única forma de acceder a algo tan básico. Hoy sabemos que no solo deja millones de residuos; también que los microplásticos ya están presentes en los océanos, en los alimentos e incluso en el cuerpo humano.

La pregunta, entonces, ya no es si debemos hidratarnos más. La verdadera pregunta es por qué seguimos dependiendo de un formato desechable para algo que necesitamos todos los días, cuando hoy existen alternativas que permiten acceder a agua de calidad sin generar residuos en cada consumo.

Esta conversación va mucho más allá del fútbol, se repite cada mañana en colegios, oficinas, hospitales, aeropuertos, conciertos y eventos masivos. En todos esos lugares seguimos resolviendo una necesidad permanente con un producto pensado para durar apenas unos minutos.

Muchas veces hablamos de sustentabilidad como si dependiera únicamente de grandes acuerdos internacionales o de complejas políticas públicas. Pero algunos de los cambios más profundos comienzan cuestionando hábitos que llevamos décadas dando por obvios y la forma en que nos hidratamos es uno de ellos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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