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Los bosques frente a un futuro incierto: más tecnología, nuevas preguntas Opinión Crédito: El Mostrador.

Los bosques frente a un futuro incierto: más tecnología, nuevas preguntas

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Rómulo Santelices Moya
Por : Rómulo Santelices Moya Presidente del comité organizador del X Congreso Chileno de Ciencias Forestales, organizado por el Centro del Secano y el Centro de Investigación en Estudios Avanzados del Maule de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrado de la Universidad Católica del Maule.
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“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. La frase de Mario Benedetti resume bien el momento que viven las ciencias forestales. Durante décadas, buena parte de nuestros esfuerzos se concentró en conocer los bosques, medir su crecimiento y mejorar el aprovechamiento de sus recursos. Hoy, el cambio climático nos obliga
a revisar esas prioridades y, sobre todo, a formular nuevas preguntas.

¿Podrán nuestros bosques resistir sequías cada vez más prolongadas? ¿Cómo enfrentar incendios de gran magnitud, plagas y enfermedades emergentes? ¿Qué debemos hacer para conservar la biodiversidad, proteger las fuentes de agua y restaurar ecosistemas degradados? Y, quizás lo más importante, ¿cómo tomar decisiones acertadas cuando las condiciones ambientales cambian y las certezas del pasado dejan de ser suficientes?

Estos interrogantes fue el centro del X Congreso Chileno de Ciencias Forestales, que se realizó en la Universidad Católica del Maule bajo el lema “Bosques resilientes: conocimiento e innovación para la adaptación climática”. No se trata solamente de compartir resultados de investigación, sino de reflexionar sobre cómo debemos transformar nuestra manera de comprender, manejar y
conservar los bosques.

Paradójicamente, nunca habíamos contado con tantas herramientas para estudiarlos. Las imágenes satelitales, los drones, los sensores, la tecnología LiDAR, los sistemas de información geográfica y la inteligencia artificial permiten observar grandes extensiones de territorio, detectar cambios, evaluar daños y desarrollar modelos para anticipar escenarios futuros. La revolución tecnológica abre oportunidades que hace pocos años parecían impensables.

Pero disponer de más información no significa necesariamente tomar mejores decisiones. El verdadero desafío consiste en convertir los datos en conocimiento y ese conocimiento en acciones oportunas, fundamentadas y responsables. La tecnología es indispensable, pero no reemplaza la experiencia de terreno, la investigación rigurosa ni la capacidad de interpretar los procesos
ecológicos y sociales que determinan el futuro de los bosques.

Esta tarea resulta especialmente urgente en Chile, donde los ecosistemas forestales enfrentan presiones crecientes. Las sequías, los incendios, la fragmentación del hábitat y los cambios en el uso del suelo amenazan su capacidad para mantener funciones esenciales. Los bosques no son únicamente una fuente de madera y otros productos: regulan el ciclo del agua, protegen los suelos, almacenan carbono, albergan biodiversidad y forman parte de la identidad y los medios de vida de numerosas comunidades.

Por eso, la gestión forestal debe superar una visión centrada exclusivamente en la producción de madera. Necesitamos avanzar hacia un enfoque que integre la producción, la conservación, la restauración ecológica y la protección de los servicios ecosistémicos. No todos los bosques enfrentan las mismas amenazas ni requieren las mismas soluciones. Las estrategias deben responder a las características de cada territorio, a sus condiciones ecológicas y a las necesidades de quienes dependen de él.

Este cambio de perspectiva también exige reconocer que los bosques no pueden gestionarse de manera aislada. Los riesgos climáticos, los incendios y las plagas atraviesan paisajes y territorios. Enfrentarlos requiere colaboración entre disciplinas, instituciones, profesionales, investigadores y comunidades, así como políticas y decisiones con una perspectiva de largo plazo.

Las cuatro mesas temáticas del congreso -silvicultura y restauración para la resiliencia climática; gestión del riesgo ante amenazas forestales; servicios ecosistémicos y biodiversidad; y transformación digital e inteligencia artificial- reflejan precisamente esta necesidad de integrar conocimientos y herramientas para responder a desafíos cada vez más complejos. En un escenario de incertidumbre, no podemos limitarnos a aplicar las recetas del pasado ni suponer que la tecnología resolverá por sí sola nuestros problemas. Necesitamos fortalecer la investigación, formar profesionales capaces de integrar conocimientos científicos y tecnológicos, y desarrollar una gestión adaptativa que permita revisar las decisiones a medida que cambia la evidencia.

Las preguntas han cambiado. Tenemos mejores instrumentos para observar y comprender nuestros bosques, pero también una responsabilidad mayor frente a su futuro. Aprovechar las oportunidades que ofrece la ciencia y la tecnología exige ponerlas al servicio de decisiones que consideren los límites ecológicos, el bienestar de las comunidades y los derechos de las generaciones futuras.

Porque proteger los bosques no significa solamente conservar árboles. Significa resguardar el agua, la biodiversidad, el clima y las condiciones que hacen posible la vida. En definitiva, el futuro de nuestros bosques y el de nuestra sociedad están profundamente unidos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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