CULTURA
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Montserrat Martorell y las zonas incómodas del amor en “Solas”
A través de las voces de sus protagonistas, la autora explora las contradicciones de los vínculos humanos y las fronteras difusas entre el amor, el abuso y la responsabilidad, en un relato atravesado también por el feminismo, las funas, las redes sociales y la soledad de la pandemia.
En “Solas”, su más reciente novela publicada este año por Editorial Trayecto, Montserrat Martorell se adentra en los límites del amor, el deseo y las relaciones de poder a través de una historia que incomoda y desafía al lector. La novela cuenta la historia de Amparo, una mujer de 36 años que se enamora de Rafaela, su alumna de 16.
Lo que comienza como un vínculo intenso se prolonga durante cinco años, hasta que ambas empiezan a mirar esa historia desde lugares distintos: mientras Amparo insiste en que fue amor y una decisión compartida, Rafaela comienza a cuestionar lo vivido.
A través de las voces de sus protagonistas, la autora explora las contradicciones de los vínculos humanos y las fronteras difusas entre el amor, el abuso y la responsabilidad, en un relato atravesado también por el feminismo, las funas, las redes sociales y la soledad de la pandemia.
Periodista, diplomada en Filosofía, magíster en Escritura Creativa y doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Complutense de Madrid, Martorell ha construido una trayectoria literaria marcada por su interés en los conflictos íntimos y sociales de nuestro tiempo.
Es autora de las novelas La última ceniza, Empezar a olvidarte y Antes del después, títulos a los que ahora se suma Solas, su cuarta novela. Además de su trabajo como escritora, se desempeña como académica universitaria y dirige talleres de escritura creativa.
En esta entrevista, Martorell habla sobre el origen y los temas centrales de la novela, así como sobre su interés por explorar la intimidad de sus personajes sin imponer respuestas ni juicios morales.
“No me interesa ser juez ni tener una moral”, afirma al referirse a una obra que invita a cuestionar las versiones que construimos sobre nuestras propias experiencias. También reflexiona sobre la escritura como una forma de explorar los silencios, las contradicciones y las zonas incómodas de la vida, y adelanta detalles de su próximo proyecto: un libro de no ficción sobre el duelo, a partir de una experiencia personal.

La premisa de Solas interpela al lector desde el comienzo. ¿Qué fue lo primero que quisiste explorar cuando empezaste a escribir la novela?
Nunca teorizo sobre lo que escribo. Solo con el tiempo, las lecturas de los otros o mi propia mirada que va cambiando sobre algo que al principio era muy mío logro tejer esa respuesta.
Para mí el proceso escritural y el análisis intelectual van por caminos distintos, incluso aunque yo esté poniendo la cabeza y mis conocimientos al momento de elaborar una trama. La escritura tiene (o al menos debería en un primer momento) ser fluida, desconectada de ciertos controles neuróticos, aplacar la racionalidad que no tiene que ver precisamente con lo que te llevó a poner esa primera palabra. Yo en el momento de la escritura solo estoy ahí. Inmersa, habitando los personajes, las atmósferas, las tensiones, los vínculos, las contradicciones.
Pero claro, siempre detrás de una novela, hay una pulsión original. Hace muchos años, en el verano del 2020, me contaron una historia que hablaba sobre eso: dos mujeres que estaban juntas a pesar de su diferencia de edad (dos décadas). Esa era la historia oficial. Debajo estaba el mundo. Y yo quería entrar ahí…meterme en esas pieles. Las mujeres siempre están en el centro de mis obras. Es lo que me importa, lo que me interesa, lo que quiero contar.
¿En qué momento supiste que querías contar esta historia desde las voces de ambas protagonistas?
Desde el momento en que estaba en ese asado y una mujer me contó en voz bajita y con mucha angustia esta historia. Nunca más la volví a ver, pero sus palabras se quedaron para siempre. Así han nacido todas mis novelas. De una frase, de un conversación, de una imagen, de un ruido, de una incomodidad, de una obsesión, de un amor quebrado.
La novela obliga al lector a preguntarse constantemente si está frente a una historia de amor, de abuso o de ambas cosas. ¿Te interesaba precisamente habitar esa zona de incertidumbre?
Siempre. Y sobre todo porque no me interesa ser juez ni tener una moral. Repelo el moralismo en todas sus versiones. Quiero que el lector decida libremente. Uno presenta la historia, el resto es del otro. No quiero estar del lado de las respuestas, sí me interesa escribir sobre los silencios, sobre lo que callamos, sobre las zonas incómodas de la experiencia humana. Es como bordar, pero bordar en voz alta.
Hay una diferencia de edad, una relación profesora-alumna y una evidente asimetría de poder. ¿Cómo trabajaste esos desequilibrios sin convertir la novela en un juicio moral?
Metiéndome en la piel de ellas, de estas mujeres que están muy solas. Algunos pensarán que es abuso, otros que es pedofilia, otros que puede ser amor. Ellas sobreviven todas esas categorías porque están en otro lugar, están peleando con sus propias soledades, con sus propias heridas, con sus propias disfuncionalidades. A mí lo que me interesaba era preguntarme qué pasaba cuando dos mujeres, en esas circunstancias, se encuentran, se conocen, se desean y se siguen eligiendo a pesar de todo.
Amparo insiste en que vivió una historia de amor, mientras Rafaela comienza a reconstruir el pasado desde otro lugar. ¿te interesaba explorar sobre la memoria y la forma en que reinterpretamos nuestras experiencias con el paso del tiempo?
Si, como me dijo una vez Rosa Montero, nos inventamos nuestros recuerdos. Todo siempre es subjetivo. Subjetivamente verosímil… por eso me gusta tanto la polifonía porque así entiendo también la vida: con matices, con versiones, con opacidades…
En Solas, una historia profundamente íntima convive con temas como las funas, las redes sociales y el feminismo. ¿Cómo trabajaste ese cruce entre la experiencia personal de los personajes y el contexto social que los rodea?
Me interesa escribir sobre mi tiempo y en nuestro tiempo están todas estas cosas. El mundo virtual, ahora artificial, una ola de feminismo que se ha transformado en muchas otras. Me gusta escribir desde lo íntimo, desde lo vincular, desde lo que callamos y vivimos y volvemos a vivir. Intento escribir sin miedo y sin vergüenza. No tengo pudores literarios. Esa es mi gran convicción narrativa.
¿Cuánto tiempo tomó escribir Solas y cuánto cambió desde que empezaste a escribirla?
Me acuerdo que la empecé estando sola en mi departamento, en plena pandemia, y la terminé sin saber que estaba embarazada. Es mi cuarta novela. Quería escribirla sin ansiedades. Que nadie me apurara. A la eternidad no le gusta la gente apresurada, dijo el poeta Maquieira.
Después de La última ceniza, Antes del después y Empezar a olvidarte, ¿qué lugar ocupa Solas dentro de tu obra?
Creo que es un libro que viene a sumarse a algo que he intentado hacer durante todos estos años. Ponerle nombres a las cosas, romper tiempos y silencios, profundizar en las emociones, en la libertad. Ser crítica sin renunciar a lo que me importa: la belleza en la escritura, la poesía, el lenguaje.
Ahora estoy escribiendo por primera vez un libro de no ficción sobre una experiencia personal. De alguna manera mis novelas me han ido preparado para este momento.
Si pudieras quedarte con una sola pregunta que el lector siga haciéndose después de cerrar el libro, ¿cuál te gustaría que fuera?
¿Pero qué pasó aquí? Creo que mucho tiene que ver con eso. Con la sorpresa, la incertidumbre y las cosas que no vamos a entender nunca.
¿En qué proyecto literario estás trabajando ahora?
Un libro sobre el duelo, mi duelo.
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