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IA en educación superior: del uso de herramientas al diseño pedagógico Opinión Créditos: El Mostrador.

IA en educación superior: del uso de herramientas al diseño pedagógico

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Ana Henríquez Orrego
Por : Ana Henríquez Orrego Observatorio de IA en Educación Universidad de Las Américas.
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La educación superior enfrenta una decisión más profunda que incorporar o no inteligencia artificial en sus aulas. La pregunta de fondo es qué tipo de experiencia formativa se construye cuando esas herramientas entran en la enseñanza, el estudio, la evaluación y la producción académica. Una plataforma puede estar disponible, ser usada con frecuencia y aun así aportar poco al aprendizaje si no está conectada con una intención pedagógica clara.

El valor educativo de la IA aparece cuando deja de operar como recurso aislado y se integra en una secuencia formativa: una tarea bien diseñada, una pregunta exigente, una retroalimentación útil, una actividad que obliga a contrastar, justificar, corregir y volver a pensar. En ese marco, la inteligencia artificial permite apoyar la exploración de ideas, simulación de escenarios, revisión de argumentos, organización de información y el desarrollo de autonomía. Fuera de ese marco, puede convertirse en un atajo elegante para producir respuestas sin suficiente elaboración.

Por eso, usar IA no equivale necesariamente a innovar. La innovación pedagógica ocurre cuando la herramienta modifica la calidad del trabajo intelectual que se pide al estudiante. Una actividad pobre seguirá siendo pobre, aunque incorpore esta tecnología. Una evaluación centrada solo en el producto final seguirá siendo vulnerable a la delegación automática. En cambio, una tarea que exige proceso, evidencia, reflexión y trazabilidad, puede transformar la inteligencia artificial en un espacio de mediación cognitiva, no en sustituto del razonamiento.

Este punto es especialmente relevante para las instituciones. El debate no puede quedar reducido a listas de aplicaciones, licencias disponibles o capacitaciones centradas en escribir mejores instrucciones. La alfabetización en IA debe articularse con diseño curricular, estrategias didácticas y evaluación de aprendizajes. Supone formar a docentes y estudiantes para decidir cuándo usarla, con qué propósito, con qué límites, bajo qué criterios de verificación y cómo resguardar la autoría, la integridad académica y el desarrollo de capacidades propias.

Esta lectura encuentra respaldo empírico en el artículo de Abubakar Hassan, “Aprovechar la inteligencia artificial para mejorar el compromiso estudiantil y el rendimiento académico en la educación superior”, publicado en 2026 en Education and Information Technologies. El estudio comparó tres períodos en dos módulos de pregrado de economía y negocios: una etapa previa al uso extendido de IA, un período de uso no guiado y una intervención estructurada con orientación pedagógica. Sus resultados muestran que el uso no guiado no mejora de manera consistente el rendimiento e incluso puede afectar la resolución de problemas, mientras que la intervención estructurada incrementa el compromiso, el estudio independiente y ciertos desempeños asociados a pensamiento crítico, comunicación y resolución de problemas. 

En efecto, la inteligencia artificial no produce valor educativo por presencia, sino por diseño. El desafío institucional consiste en pasar del uso espontáneo de herramientas a experiencias de aprendizaje deliberadamente construidas. Eso implica orientar a los equipos docentes, rediseñar actividades, fortalecer evaluaciones auténticas y observar el compromiso estudiantil como parte del proceso formativo. 

En educación superior, el avance no estará en usar más IA, sino en diseñar mejor las condiciones para que esta tecnología ayude a pensar y demostrar aprendizajes con mayor profundidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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