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Más allá de la política: la inclusión como práctica cotidiana Opinión Créditos: El Mostrador.

Más allá de la política: la inclusión como práctica cotidiana

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José Manuel Medina
Por : José Manuel Medina Académico Investigador Facultad de Educación Universidad de Las Américas
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En Chile y América Latina, la inclusión educativa se ha instalado como un principio ampliamente compartido. En la región, las brechas de aprendizaje y participación son un desafío persistente, lo que obliga a mirar no solo el acceso a la escuela, sino también las condiciones que permiten aprender y participar en ella. Las leyes, políticas públicas, programas de apoyo y orientaciones curriculares, han permitido avanzar en el reconocimiento de la diversidad y en el derecho de todos los estudiantes a aprender en la escuela común. Sin embargo, el desafío más profundo no termina en la declaración normativa; por el contrario, la inclusión se vuelve real, o se debilita, en las interacciones cotidianas del aula.

En la práctica escolar, incluir no consiste solo en matricular a alumnos con necesidades educativas especiales, disponer de apoyos o adaptar documentos institucionales. Todo aquello es necesario, pero insuficiente si no se traduce en oportunidades concretas de participación. En nuestro país, las evaluaciones nacionales han mostrado que la interacción pedagógica sigue siendo uno de los aspectos más débiles del desempeño docente, lo que confirma que la inclusión también depende de lo que ocurre en la relación cotidiana entre profesores y estudiantes.

La inclusión se construye en el momento en que una profesora reformula una pregunta para favorecer la comprensión; cuando interpreta un error como una oportunidad de aprendizaje; al  validar una respuesta parcial; o si utiliza recursos visuales, materiales concretos y distintas formas de representación para abrir caminos hacia el conocimiento.

En Chile, durante 2025, más de 473 mil alumnos formaban parte del Programa de Integración Escolar, equivalentes al 13,38% de la matrícula escolar. Entre las necesidades transitorias atendidas se encuentran los trastornos específicos del lenguaje. Para estos estudiantes, así como para quienes enfrentan otras barreras en el aprendizaje y la participación, las exigencias académicas pueden convertirse en obstáculos si la enseñanza no ofrece mediaciones pertinentes.

No basta con considerar las políticas, diagnósticos o recursos disponibles; también es necesario observar las interacciones pedagógicas y atender a cómo se pregunta y escucha, cómo se responde, cómo se acompaña el error y la forma en que se sostiene la participación de quienes suelen quedar al margen de la dinámica escolar.

La política educativa crea condiciones importantes, pero la inclusión se construye en las decisiones docentes de cada día. Fortalecer esta formación implica preparar al profesorado para interpretar lo que ocurre en el aula, responder con flexibilidad y transformar cada interacción en una posibilidad de aprendizaje.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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