Educación
Escolares de Coquimbo proponen mejoras en los espacios y la convivencia de sus escuelas
Más de 250 personas participaron en una jornada en la Universidad de La Serena, donde comunidades educativas de siete comunas presentaron proyectos para mejorar sus escuelas. Las propuestas recogen las necesidades de estudiantes, docentes y apoderados.
Ampliar una biblioteca, mejorar salas y patios o fortalecer las relaciones entre quienes comparten la escuela fueron algunas de las propuestas que reunieron a comunidades educativas de la Región de Coquimbo en la Jornada de Lanzamiento de Proyectos Participativos, realizada en la Universidad de La Serena.
El encuentro convocó a más de 250 personas, entre escolares, docentes y profesionales de la educación, en el marco del proyecto Comunidades de Aprendizaje Dialógico ULS 2495, desarrollado por la universidad y financiado por el Ministerio de Educación. Participaron establecimientos de Andacollo, Coquimbo, La Higuera, La Serena, Ovalle, Paihuano y Vicuña.
Bajo el lema “Venimos a compartir lo que soñamos, construimos y nos atrevimos a transformar”, estudiantes, profesores y apoderados presentaron iniciativas elaboradas a partir de las necesidades de sus propias comunidades. Los stands, las interpretaciones de guitarra y la cueca acompañaron una jornada centrada en compartir experiencias y propuestas para transformar la vida escolar.
El trabajo busca abrir espacios para que quienes integran las escuelas participen en la definición de sus prioridades, considerando las particularidades de cada territorio y vinculando a las comunidades con la formación universitaria.
Estudiantes plantean sus prioridades para la vida escolar
Samanta González Monroy tiene 13 años, cursa séptimo básico y preside el Gobierno Estudiantil de la Escuela Cielo Claro, de Paihuano. Para ella, participar en este proceso ha significado contar con un espacio para expresar necesidades que antes no encontraban respuesta.
“Antes sentíamos que muchas necesidades de la escuela no eran consideradas. Ahora nos alegra poder aportar ideas para participar en cambios reales, no solo en las actividades, sino en los espacios y las salas que habitamos diariamente. Me entusiasma promover mejoras en salas, patios y lugares de encuentro para que sean cómodos, seguros y agradables. Esto significa que nuestra opinión realmente tiene valor”, comenta.
En la Escuela Lucía Núñez de La Cuadra, de Ovalle, Isabella Castillo, de sexto básico; Analia Araya, de séptimo, y Damián Araya, de cuarto, compartieron dos aspiraciones: ampliar la biblioteca CRA para convertirla en un espacio de lectura y encuentro, y mejorar el trato entre estudiantes, profesores y asistentes de la educación.
“Cuando ves que profesores, directivos y gente de la universidad se sientan a escuchar lo que tú propones, sientes que representas a tu escuela y eres un ejemplo para tus compañeros”, explicaron los escolares.
Sus propuestas muestran que la participación estudiantil también abarca las condiciones de los espacios educativos y las relaciones que se construyen diariamente en ellos.
Una planificación que parte de los sueños de la comunidad
La metodología de aprendizaje dialógico contempla una fase de sueños, en la que las comunidades identifican de manera colectiva qué escuela quieren construir. A partir de ese ejercicio se definen metas y proyectos vinculados con su realidad.
Sonia Cortés Rojas, profesora de Lenguaje y Literatura en Paihuano, destaca el efecto que esta forma de trabajo ha tenido en las relaciones dentro de la comunidad educativa.
“Que los proyectos nazcan de una fase de sueños colectiva y no de una manera aislada hace toda la diferencia: esto no es para llenar papeles que terminan archivados, sino para ilusionarnos y fijar metas desde nuestra propia realidad territorial. El aprendizaje dialógico nos permitió afianzar relaciones y abrir la puerta para que los estudiantes tengan voz y protagonismo real en la construcción de su propia escuela. Nuestro anhelo es consolidar una comunidad donde los niños asistan seguros, se sientan escuchados y habiten espacios acogedores donde el aprendizaje cobre sentido e identidad para ellos”.
Felipe Javier Espinosa Barahona, docente de la Escuela Lucía Núñez, subraya que la construcción conjunta de las iniciativas fortalece el sentido de pertenencia y el compromiso con su desarrollo.
“Permite que los proyectos tengan sentido para quienes formamos parte de la comunidad. Permite ver comprometidos a los apoderados y tan ilusionados y creativos a los estudiantes, sintiéndose protagonistas del proceso”.
Desde el mismo establecimiento, Rosa Gloria Guardia, encargada de Convivencia Escolar, y Odet Yáñez, psicopedagoga, destacan la importancia de reconocer las opiniones de todos los integrantes, independientemente de sus cargos o títulos. Para ambas, este enfoque permite orientar las decisiones hacia las necesidades de la comunidad y su identidad local.
Escolares y futuros arquitectos diseñan mejoras para los espacios
La jornada también incluyó la presentación del trabajo de codiseño desarrollado en la Escuela Cielo Claro de Paihuano, mediante una alianza entre el proyecto Comunidades de Aprendizaje y el Departamento de Arquitectura de la Universidad de La Serena.
A través de metodologías de diseño centrado en las personas y aprendizaje más servicio (A+S), los escolares guiaron a estudiantes de Arquitectura por su establecimiento. El recorrido, denominado “la deriva”, permitió identificar espacios poco acogedores o sin uso. Luego, los niños y niñas representaron con bloques de Lego los cambios que imaginaban para su escuela.
María Macarena Díaz, docente del Departamento de Arquitectura y responsable de la iniciativa, explica cómo se utilizará la información recogida.
“Los datos levantados reflejan con claridad cómo, dónde y de qué manera ocupa el espacio cada grupo etario o de género, detectando desde sus lugares preferidos hasta aquellos en desuso por motivos de inseguridad. Es un escáner completo a la convivencia y al uso espacial de la escuela. La comunidad educativa tiene muy claras sus prioridades; nuestro rol técnico es darles una bajada concreta mediante un plan maestro de mejoras a corto, mediano y largo plazo, para que en un futuro próximo la escuela pueda postular a fondos públicos o privados y materializar las obras”.
La académica también destaca el aporte de la experiencia a la formación de los futuros arquitectos, especialmente por el contacto con las dinámicas de las comunidades rurales.
“En la ciudad, los atributos comunitarios suelen fragmentarse o perderse. En cambio, en el mundo rural, las dinámicas a escala humana se conservan intactas. Para nuestros estudiantes, experimentar este contexto constituye un pilar ético y formativo estructural “, concluye.
La formación docente se nutre del trabajo en terreno
El proceso contó además con la participación de estudiantes de Pedagogía como embajadores y monitores. Para ellos, el trabajo con los establecimientos permitió relacionar su formación con las experiencias y necesidades de las comunidades escolares.
David Pérez Núñez, estudiante de Pedagogía en Educación General Básica de la Universidad de La Serena y embajador del proyecto, señala que la experiencia amplió su comprensión del ejercicio docente.
“Al llegar a cada establecimiento uno comprende la diversidad de contextos y valora sus particularidades. Esta experiencia me permitió entender que mi labor como futuro docente va mucho más allá de enseñar dentro del aula: implica involucrarme con las comunidades, reconocer sus realidades y aportar a una educación más inclusiva. Esto me acerca al profesor que quiero llegar a ser”.
Marcela Ignacia Arancibia Ledezma, también estudiante de Pedagogía en Educación General Básica, destaca la necesidad de conocer el entorno de los escolares como parte de la preparación profesional.
“Lo que aprendemos en la universidad cobra verdadero sentido cuando conocemos las realidades de las escuelas. Ver el orgullo y la dedicación con la que defendían sus sueños me hizo comprender que no basta con dominar contenidos: para enseñar de verdad primero tenemos que escuchar, observar y entender el lugar desde donde vienen nuestros estudiantes. Nuestra formación también se construye aprendiendo de las propias comunidades”.
Alessandra Avila, monitora y estudiante de Pedagogía en Biología y Ciencias Naturales, resume ese intercambio: “La vinculación con el medio es real cuando es recíproca: los escolares aprenden de nosotros y nosotros aprendemos de ellos”.
Una red para acompañar los proyectos de las escuelas
El proyecto articula el trabajo universitario con los procesos que desarrollan los establecimientos de la región. Kimberly Villarroel Rivera, coordinadora de Comunidades de Aprendizaje Dialógico, destaca que la jornada permitió visibilizar los avances de esa colaboración.
“Esta Jornada de Lanzamiento de Proyectos Participativos refleja los frutos de un trabajo arduo entre las comunidades educativas y el equipo del proyecto, pero también demuestra el compromiso de la Universidad de La Serena con el territorio. Como única universidad estatal y pública de la región, tenemos la responsabilidad de generar espacios que permitan dialogar, acompañar y fortalecer los procesos que desarrollan las comunidades dentro de sus propias realidades. A través de este proyecto, buscamos impulsar instancias de encuentro y participación donde los establecimientos puedan compartir sus experiencias, mostrar sus avances y ser protagonistas de sus propios procesos de transformación”.
Antes de regresar a sus establecimientos, las delegaciones compartieron sus experiencias sobre los cambios en los espacios y en las formas de participación dentro de sus escuelas. La jornada cerró con una frase que recogió la continuidad de ese trabajo: Lo que hoy compartimos, mañana lo seguimos transformando.