Opinión
Créditos: El Mostrador.
Fiebre en niños: ¿cuándo acudir a urgencias?
La fiebre se define como un aumento de la temperatura corporal mayor a 38°C axilar. Sin embargo, hay estados influidos por la temperatura ambiente o el sobre abrigo en donde el cuerpo puede responder con un aumento de este indicador desde 37,5° hasta 37,9°, logrando descender de forma espontánea. Es decir, consideramos estado febril como tal, cuando este es igual o superior a los 38°C axilar.
Es importante destacar que la fiebre no es una enfermedad, sino una respuesta de defensa por parte de nuestro organismo frente a algún agente infeccioso. Los tratamientos permiten aliviar síntomas, pero no actúan en respuesta a estos agentes. El desafío no es bajar la fiebre a toda costa, sino estar atentos a los signos y síntomas asociados que pueden evidenciar la necesidad de otros tratamientos más específicos.
Los niños, a pesar de tener un sistema inmune aún en desarrollo, lo cual los hace más lábiles a ciertos tipos de infecciones, tienen una característica muy positiva con respecto a su respuesta frente a las enfermedades: su estado de ánimo y la permanencia de este, nos dice mucho con respecto a la gravedad del cuadro. La fiebre “preocupante” es la que se asociada a dificultad respiratoria, coloración azulada en labios, hundimiento de costillas, persistencia de más de tres días, difícil manejo asociado al rechazo alimentario o vómitos persistentes, o que se presente en lactantes menores de tres meses.
Estas condiciones descritas deben ser siempre un signo de alarma y de revisión inmediata con un profesional, ya sea en consulta o urgencias. Sin embargo, ante episodios de fiebre que responden positivamente a medicamentos (antipiréticos), decaimiento o irritabilidad que cede ante el cese de la fiebre, estados febriles de menos de 48 horas de evolución o asociados a rechazo alimentario parcial, pero con buena ingesta de líquidos, son situaciones que no requieren una consulta de urgencia y que pueden ser tratadas en casa, cuidando y estando atentos a la evolución del cuadro.
Las visitas a urgencia no justificadas conllevan un riesgo mayor de contagio a otros agentes y un gasto innecesario para las familias. Es importante evitar el fenómeno de la “fiebrefobia” teniendo en cuenta siempre el estado global del niño y la evolución de los signos y síntomas en el paso de los días.
Aprender a reconocer las señales de alarma no solo permite evitar complicaciones en nuestro entorno, sino que ayuda a descongestionar el sistema y con ello mejorar la resolución efectiva de enfermedades que realmente necesitan un tratamiento urgente.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.