Opinión
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La solidaridad no puede llegar cuando ya es demasiado tarde
Asociamos la solidaridad con la respuesta inmediata ante la tragedia: la ayuda de emergencia, la campaña que nos moviliza a todos o el rescate de última hora. Pero cuando hablamos de niñez, esa idea tiene un problema de fondo: corremos el riesgo de llegar tarde.
Chile dio un paso importante al promulgar la Ley 21.430 sobre Garantías de la Niñez, reconociendo que la protección de niños, niñas y adolescentes requiere la articulación del Estado, las familias y la sociedad. Pero contar con un marco legal también nos exige un cambio cultural: no podemos limitar la solidaridad a reaccionar cuando el daño ya ocurrió.
Ser solidarios con la niñez significa estar presentes antes de que las dificultades se conviertan en crisis. Se juega en espacios cotidianos: en una escuela capaz de detectar una señal de alerta a tiempo, en un barrio que construye redes de apoyo y en una comunidad que decide no ser indiferente.
Esto no exime al Estado de sus responsabilidades ni reemplaza el trabajo especializado de quienes se desempeñan en protección de derechos. Al contrario, una sociedad que acompaña y actúa oportunamente crea mejores condiciones para que la prevención sea una realidad.
En este Día de la Solidaridad, el desafío es dejar de entenderla como un extintor de incendios y comenzar a ejercerla como una forma cotidiana de cuidado. Porque cuando se trata de la niñez, llegar antes no es solo prevenir, llegar antes es cuidar.
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