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Salud mental en adolescentes: cómo reconocer señales de alerta a tiempo Sociedad Crédito: El Mostrador.

Salud mental en adolescentes: cómo reconocer señales de alerta a tiempo

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La percepción de un futuro incierto, la exposición a situaciones de violencia y las dificultades para pedir ayuda configuran un escenario de vulnerabilidad entre adolescentes. La psicóloga Tamara Otzen entrega claves para reconocer cambios que requieren atención.


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La salud mental de niños, niñas y adolescentes enfrenta un escenario marcado por distintos factores de riesgo que pueden acumularse con el tiempo. Datos de la Encuesta de Juventud y Bienestar 2024 de SENDA muestran que un 32,6% de los estudiantes de segundo medio considera que el futuro parece sin esperanzas, mientras que un 36,4% reconoce dificultades para conversar con sus padres sobre temas personales. Para la doctora Tamara Otzen, psicóloga y académica de la Universidad de La Frontera, identificar señales tempranas y generar espacios de conversación son elementos centrales para prevenir situaciones de mayor riesgo.

Un escenario de vulnerabilidad acumulativa

La Encuesta de Juventud y Bienestar 2024, aplicada a estudiantes de segundo medio a nivel nacional, entrega algunos antecedentes sobre las percepciones y dificultades que enfrentan los adolescentes. Según sus resultados, un 32,6% señala que el futuro parece sin esperanzas. A esto se suma que 36,4% declara que le resulta difícil o muy difícil conversar con sus padres sobre temas personales.

Los datos se conocen junto con antecedentes que apuntan a menores expectativas de futuro entre jóvenes chilenos y a una proporción importante que percibe menos oportunidades que sus padres o considera emigrar. Por otra parte, la Defensoría de la Niñez reportó un aumento de 46,4% en las víctimas de violencia sexual y de 137% en los egresos hospitalarios por lesiones autoinfligidas.

Para la doctora Otzen, psicóloga, docente de la Universidad de La Frontera, directora del Doctorado en Ciencias Médicas y presidenta de la Fundación OPA, estos elementos deben entenderse como parte de una situación de vulnerabilidad acumulativa.

“Los factores de riesgo son condiciones de base que aumentan la vulnerabilidad de un adolescente de forma sostenida en el tiempo”, señala.

Entre los factores que menciona están los antecedentes de intentos previos, la exposición crónica a violencia, familias poco contenedoras, el rechazo social y determinados problemas de salud mental.

¿Qué cambios deberían alertar a padres y profesores?

No todas las señales se presentan de la misma manera. La especialista identifica algunas manifestaciones directas que requieren especial atención, como expresar deseos de morir, decir que “ya no aguanta más”, buscar acceso a medios potencialmente letales, despedirse de manera inusual o dejar mensajes relacionados con la muerte.

“Ninguna señal por sí sola confirma un riesgo, pero su acumulación o su aparición brusca sí debe movilizarnos a preguntar directamente y a acompañar”, plantea Otzen.

También existen modificaciones menos evidentes que pueden requerir atención cuando se mantienen en el tiempo. Irritabilidad, ansiedad o tristeza persistentes, deterioro de la autoimagen o conductas que ponen en riesgo la vida pueden dejar de corresponder a un malestar transitorio y requerir intervención profesional.

Según Otzen, la diferencia entre una crisis propia de la adolescencia y una situación que necesita atención está principalmente en la intensidad, persistencia e impacto de los cambios.

El desafío de abrir espacios de conversación

Uno de los obstáculos para la prevención es la dificultad que tienen algunos adolescentes para hablar sobre asuntos personales con sus padres. Frente a esto, la especialista plantea que no siempre debe esperarse a que sean ellos quienes soliciten ayuda.

La prevención, sostiene, requiere que los adultos también sean capaces de abrir espacios de conversación y preguntar cuando detecten cambios que les preocupen.

En este proceso, los colegios también pueden cumplir un papel preventivo mediante protocolos claros y capacitación de profesores y otros adultos, de manera que puedan actuar como “guardianes” capaces de identificar señales y acompañar a los estudiantes.

La especialista plantea que “preguntar es solo el inicio. Lo que viene después es igual de determinante: contener sin juzgar”.

Ante una eventual situación de riesgo, recomienda conversar en privado, mantener la calma, no minimizar lo que el adolescente está expresando y activar la red de apoyo correspondiente.

El papel de los medios y las redes sociales

La forma en que se abordan estos temas también puede tener consecuencias. Otzen advierte sobre los riesgos de difundir contenidos sensacionalistas, simplificar las causas de estas situaciones o exponer métodos, ya que esto puede contribuir a conductas imitativas.

En contraste, una comunicación que promueva la búsqueda de ayuda y muestre posibilidades de salida puede tener un efecto protector.

Desde la Fundación OPA, organización vinculada a la Universidad de La Frontera que trabaja en promoción de la salud mental, prevención de la conducta suicida y fortalecimiento de redes de apoyo, el llamado es a ampliar la mirada sobre la prevención.

La propuesta apunta a que familias, colegios y comunidades puedan reconocer señales de alerta y actuar oportunamente, evitando que la respuesta se active únicamente cuando la crisis ya se encuentra instalada.

En ese escenario, la detección temprana, la conversación sin juicios y la existencia de redes de apoyo aparecen como elementos relevantes para acompañar a los adolescentes frente a situaciones de vulnerabilidad.

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