CULTURA
Crédito: Cedida
Miriam Ramírez y su primer fotolibro: “No solo hay una forma de ser madre”
“Desde las sombras despierto y no sé cómo llegué” explora el duelo, la memoria y la maternidad a partir de la fotografía, el archivo familiar y la autoetnografía visual. Será presentado este jueves en Santiago.
La fotógrafa y psicóloga valdiviana Miriam Ramírez Epple presenta Desde las sombras despierto y no sé cómo llegué, su primer fotolibro, una obra que explora el duelo, la memoria y la maternidad a partir de la fotografía, el archivo familiar y la autoetnografía visual.
En sus páginas, la autora propone un diálogo entre la experiencia íntima y las preguntas universales que surgen frente a la pérdida, los vínculos y la identidad, construyendo un relato donde las imágenes invitan a mirar más allá de la ausencia y a reflexionar sobre la mujer detrás del rol de madre.
El fotolibro será presentado este jueves, a las 18:30 horas, en la Escuela de Imagen y Comunicación Alpes (República 430).
En esta entrevista, Miriam Ramírez Epple profundiza en el proceso creativo detrás de la publicación, reflexiona sobre el poder de la fotografía como herramienta para elaborar la memoria y las emociones, y comparte cómo su experiencia como psicóloga y fotógrafa se entrelaza en una obra que convierte una historia íntima en una invitación a pensar el duelo, la maternidad y los vínculos desde una perspectiva profundamente humana.

– La fotografía ha sido utilizada históricamente para preservar la memoria. En tu caso, también parece convertirse en una herramienta para imaginar, reconstruir e incluso dialogar con aquello que ya no está. ¿Cómo entiendes hoy el poder de la imagen?
– No es difícil darse cuenta de que con el actual acceso a la tecnología estamos rodeados de imágenes que se crean de forma masiva cada segundo. Casi todas las personas hoy en día tienen acceso a un celular con cámara, y la imagen pareciera ser muy relevante si te mueves en las redes sociales o realizando contenido; pero esa misma masividad hace que paradójicamente las imágenes pierdan un valor; todo pasa muy rápido y no sabemos qué es lo que termina preservando. Aun así, en lo personal creo que existe un poder en cuanto a las nuevas formas y posibilidades que da la imagen, el experimentar, y en que no sólo la cristalización de un momento, si no que sea expresión, mensaje, conexión con los demás.
-A diferencia de una exposición, un fotolibro propone una lectura íntima y pausada. ¿Cómo influyó ese formato en la manera en que construiste el relato?
– Cuando decidí hacer un fotolibro, me propuse no solo mostrar los temas ya trabajados en las exposiciones, si no que poder darle profundidad a otros elementos. Desde ahí surgió la necesidad de hablar más detalladamente de la maternidad, pero desde la propia historia con mi madre con el objetivo de conectar esta experiencia íntima con preguntas que pueden ser compartidas en general con otras mujeres. Desde ahí el formato fotolibro creo que permite precisamente esa conexión, ya que no es solo algo de observar, es algo que tocar, se vuelve una experiencia de interacción y un objeto al cual se puede volver cuantas veces uno quiera, que además, con el frenesí de la vida actual, parece ser que va en contra de esa efímera vida que rodea por ejemplo las redes sociales o la internet en general.
– ¿Cuáles son los referentes artísticos que han marcado tu desarrollo como fotógrafa y de qué manera se reflejan en este fotolibro?
– A mí en lo personal me gusta mucho una diseñadora y fotógrafa alemana Grete Ster, que se radicó en Argentina en los años cuarenta y que fue pionera en la fotografía moderna, introduciendo el surrealismo y el fotomontaje con una mirada crítica hacia los colores de género. Sus imágenes son para mí visualmente muy metafóricas, llenas de una expresividad que en épocas donde poco cuestionamiento había por ejemplo de los roles de género, ella los representa a partir de sueños que otras mujeres enviaban a una revista. También Vivian Maier que, aunque su trabajo fue más bien documental de la vida cotidiana, creo que lograba capitular con mucho talento expresiones y momentos muy emocionales sin que la gente lograse percatarse. Este trabajo documental, pero muy sensible con el entorno y la gente creo que también ha influido en mi forma de realizar imágenes.
– A algunas personas les cuesta hablar de la muerte, el duelo y las ambivalencias de la maternidad. ¿Crees que el arte puede abrir espacios para conversaciones que muchas veces permanecen silenciadas?
– Creo en el arte como un medio de expresión, así como también como un vehículo para visualizar temas y como un espacio para encontrarse más allá de las diferentes opiniones que se puedan tener. junto con esto, creo que el arte tiene el potencial de conectar desde la emocionalidad, cuando algo nos llama la atención o sentimos que algo nos resuena, es porque ha logrado tocar una fibra que a veces ni siquiera tenemos conciencia de lo que significa para nosotros, por lo que el arte en sí permite no solo para quien lo crea hablar de temas complejos, si para quien contempla aquello poder también hacerlos aflorar. Para mí una de las cosas más significativas ha sido tener las impresiones de quienes han visto mi trabajo, y como este ha resonado desde algún lugar en sus vidas. Lo que para mí es algo tan personal, también termina siendo una experiencia colectiva.
– En el libro no buscas responder quién fue tu madre, sino observar a la mujer que existió detrás del rol materno. ¿Cómo cambió tu propia mirada sobre ella durante el proceso de construir este fotolibro?
– Construir este fotolibro tuvo un proceso de recopilación de imágenes, sobre todo de archivo familiar, y fue interesante a través de esos registros poder “acercarme” más a mi madre, imaginarme cómo era ella antes de mi nacimiento, adentrarme en sus cambios que quedaron registrados en esas fotografías análogas de la época, ver una transformación ligada a hitos vitales, verla de joven, luego esposa y luego madre.
Ese trabajo de revisión y recopilación creo que no vino a cambiar mi mirada sobre ella, si no que ayudó al entendimiento de mí misma en relación a las preguntas que vengo acarreando de cuando la veía a ella ser madre y mujer. Recuerdo que a los 8 años surgió en mí la pregunta ¿Puedo ser tan buena madre como ella? Pero a esa edad, lo que yo veía de ser “buena madre” era una mujer que se postergó por su familia, llena de amor por sus hijos, pero 100% dueña de casa y no se veía dichosa con aquello,
En la medida que fuimos trabajando en el fotolibro, esas inquietudes no desaparecieron, ya que de alguna manera fueron los tópicos que me guiaron para ir navegando este proceso, pero lo que el fotolibro lo que si me permitió, es entender que no solo hay una forma de ser madre, por lo que tampoco hay solo una forma de ser mujer.
– Como psicóloga y fotógrafa, trabajas con dos formas distintas de aproximarte a la experiencia humana. ¿De qué manera ambas disciplinas se encuentran o se tensionan en este proyecto?
– La fotografía entre sus múltiples virtudes, es que es una herramienta de expresión y la psicología como disciplina entre sus múltiples áreas indaga y acompaña procesos de expresión ya sean individuales y/o colectivos, por lo que creo que en este fotolibro se entrelazan ambas áreas, desde el entendido que para mí este proceso tuvo de elementos terapéuticos sin que esa fuese la finalidad en sí misma; revisar fotografías, reflexionar, generar introspección, para luego construir una imagen fotográfica que intenta transmitir lo que siento o pienso.
Desde ese aspecto, siento que ambas disciplinas se encuentran y congenian desde la posibilidad de la elaboración de algo truncado, darle espacio, forma y presencia a elementos que probablemente solo están en mi inconsciente respecto de lo que fue mi madre y de lo que su fallecimiento significa en mi vida, de la herencia de las emociones entre padres e hijos, de las formas de vínculos y cómo impactan en nuestra vida.
– Quienes se acerquen a este fotolibro probablemente llegarán con historias familiares muy distintas a la tuya. ¿Qué esperas que ocurra en ese encuentro entre la experiencia íntima que propones y la memoria personal de cada lector?
– Este fotolibro es una ventana abierta sobre una etapa y un proceso muy íntimo de mi vida, lo cual a veces es complejo de exponer, ya que siento que estoy dejando ir algo de mí para que pueda ser compartido con otros, pero este relato que es tan propio y mío creo que puede llegar a ser un reflejo para quien pueda sentirse interpelado/a desde cualquiera de las aristas que este proyecto toca, ya sea el duelo, la maternidad, la memoria, la familia, las emociones, etc y con eso generar reflexión y por ende también sentirse conectado con mi trabajo, que busca que este relato personal pueda dar cuenta de experiencias transversales.
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