FT Weekend
Drogas que matan mucho más que el dolor
Utah se encuentra en medio de una explosión de adicción a los opioides — también conocida como ‘opidémica’ — que está matando a media docena de sus residentes por sobredosis de drogas cada semana
Por Gillian Tett
El fin de semana pasado estaba viajando en coche a través de Utah en mis vacaciones familiares, cuando vi una cartelera que me llamó la atención. “¡Pongamos fin a la ‘opidémica’!” decía el poster. Debajo del lema había un dibujo de dos manos agarrando pastillas blancas de aspecto inocente que pretendían ser opioides.
Esto no es lo que uno esperaría en Utah. Por el contrario, el estado desértico es mejor conocido como el hogar de la fe mormona, cuyos seguidores son famosos por ser conservadores en aspecto, temerosos de la ley de Dios y abstemios del alcohol, lo cual se refleja en las duras leyes que regulan el consumo de alcohol en el estado.
Pero Utah se encuentra en medio de una silenciosa explosión de adicción a opioides también conocida como “opidémica”, según las carteleras financiadas por el gobierno. Media docena de residentes se están muriendo por sobredosis de opioides cada semana, ya sea con receta médica como la oxicodona, o con heroína.
Esta cifra supera la tasa de mortalidad provocada por violencia armada o accidentes vehiculares. De hecho el problema es tan severo que este mes el servicio de bomberos de Salt Lake City decidió repartir naloxona, que bloquea el efecto de los opioides, a cualquiera que estuviera demostrando señales de adicción en una movida desesperada por reducir el número de sobredosis.
Lo que es aún más sorprendente es que Utah no es una anomalía; hay varios otros estados de EEUU que tienen una tasa de mortalidad más alta debido al abuso de opioides. De hecho, si revisas los datos del Instituto Nacional de Abuso de Drogas, se están muriendo cerca de 90 estadounidenses al día debido a sobredosis de opioides, una tasa de mortalidad parecida a la del SIDA durante el auge de la crisis del VIH en la década de 1990.
Pero a diferencia de la epidemia del VIH en ese momento, el problema del abuso de opioides aún no ha provocado preocupación e indignación masiva. Sí, Utah ha erigido esas carteleras pero no ha habido campañas realizadas por celebridades o campañas a través de los medios globales. Y aunque algunos políticos a nivel estatal se están enfocando en el problema y revelando estrategias bipartidistas al respecto, Hillary Clinton casi no mencionó el tema durante su campaña presidencial el año pasado.
De hecho, Donald Trump es una de las pocas figuras políticas que ha tocado el tema en los últimos años. Él lo citó como una prueba del fallecimiento de EEUU, un factor que algunos expertos creen que le ayudó a ganar apoyo en la región conocida como el “cinturón de óxido”, especialmente en las zonas más afectadas por esta epidemia.
¿Por qué han tomado tanto tiempo los políticos en reaccionar? Una razón es que la adicción a los opioides es percibida algunas veces como una enfermedad social auto-infligida. Otra razón es que es prevalente en lugares (como mostró la reciente elección) que han sido ignorados por la élite política liberal.
Pero el problema realmente radica en el hecho de que el concepto cultural de “drogas” es conflictivo y complicado. La heroína es ilegal en EEUU, y sólo pensar en esta droga tiende a inspirar el horror, pero a la industria farmacéutica y al sector médico se les permite vender opioides potentes — los cuales tienen efectos similares a la heroína — para controlar el dolor, con muy pocas restricciones. Cerca de 80 por ciento de los consumidores de heroína comienzan usando medicamentos legales recetados por un médico.
En los últimos años, se han disparado las recetas para opioides. Las encuestas sugieren que en Utah un tercio de la población recibió una receta médica legal para un opioide. Y ése es un porcentaje modesto en comparación con las recetas a nivel nacional: el año pasado en una docena de estados hubieron más recetas para opioides que residentes.
Una solución obvia sería imponer restricciones a los médicos con respecto a recetar opioides. Pero el poderoso grupo de presión de la industria farmacéutica odia esta idea. De todas maneras, las encuestas muestran que los votantes estadounidenses quieren tener acceso a analgésicos baratos y efectivos.
Algunos observadores — como el Instituto Libertas en Utah — están a favor de otra opción: promover el uso de la marihuana médica para aliviar el dolor en lugar de los opioides. Aunque esto suena absurdo, los estudios muestran que los estados que han legalizado la venta de marihuana tienen niveles mucho menores de adicción a opioides. Y algunos estudios médicos han mostrado que la marihuana es menos adictiva que el tabaco y el alcohol, mucho menos los opioides.
¿Podría funcionar esta idea? En Utah no. Aunque se ha legalizado la marihuana en otros estados, el gobierno de Utah se ha rehusado a hacerlo, irónicamente, por que se enorgullece de su postura “antidrogas”. La Casa Blanca parece estar de acuerdo: la semana pasada su secretario de prensa, Sean Spicer, sugirió que la adicción a los opioides está empeorando debido a que se ha legalizado la venta de marihuana en algunos estados (una afirmación que el grupo de presión de la marihuana niega vehementemente como una inversión de la lógica).
De cualquier manera, conforme sigue la batalla, lo que sí queda claro es que estas peculiares contradicciones culturales con respecto a las “drogas” no se van a desaparecer pronto. Desgraciadamente, tampoco se va a disipar el dolor que esta epidemia está causando en algunas comunidades que han sido ignoradas durante demasiado tiempo.