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Escudos y “presentes griegos”: el retorno de la antigüedad Opinión Archivo

Escudos y “presentes griegos”: el retorno de la antigüedad

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Gilberto Aranda B.
Por : Gilberto Aranda B. Académico de los Instituto de Estudios Internacionales de las Universidades de Chile y de la Universidad Arturo Prat
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Arranca entonces una carrera militar por mantener abierta determinadas áreas para algunos mientras se deniega a otros. En el caso de los actores designados como disruptivos apunta a un bloqueo cooperativo de espacios comunes para impedir o limitar seriamente flujos y desplazamientos de sus rivales.


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Lejos parecen los días de fines de milenio pasado cuando Estados Unidos, conforme a su tendencia de proyectar su experiencia en un área específica al conjunto de sus relaciones con el resto de América Latina, designaba a México primero y al Chile post Pinochet, enseguida, como los modelos a seguir para la región. La apertura mundial de ambas economías constituyó la piedra arquetípica del plan “Iniciativa para las Américas” de George Bush padre (1990).

Se relativizaba lo que poco más de dos décadas atrás había espetado el todopoderoso secretario de estado Henry Kissinger al ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Gabriel Valdés Subercaseux: “nada importante puede venir del sur. La historia no se ha producido jamás en el sur. El eje de la historia empieza en Moscú, continúa por Bonn, cruza hasta Washington y de ahí pasa a Tokio. Lo que pase en el sur carece de importancia”.

El sur pareció volver a provocar el interés de los Estados Unidos, como en 1933 con la política del “buen vecino” o en 1961 con la Alianza para el Progreso de Kennedy. No es que Washington no persiguiera beneficiarse, sino que la coacción de otros tiempos se reemplazaba por dinámicas más dialógicas.

Pero luego de los ’90 del siglo pasado vinieron la caída de las torres, la Guerra contra el terror, la crisis subprime, los BRICS y sobre todo la re emergencia china, cuya gravitación comenzó a crecer en Sudamérica. Las regiones de Asia Central, Medio Oriente y la Asia lejana se colocaron en la zona de prioridad de Estados Unidos. Hasta que Trump nos volvió a colocar en el mapa.

La resurrección de la doctrina Monroe (o Donroe), la Pax Sílica, El Escudo de las Américas o el reciente documento “La “Gran estafa del Transbordo”, nombres de película y con un aire decimonónico o incluso anterior, si consideramos la portada del último informe estadounidense con un “Caballo de Troya” al centro. La frase del periodista Robert Kaplan en su libro El retorno de la antigüedad, La Política de los guerreros (2002) se hace palpable, al afirmar que “del siglo XXI también pueden derivar movimientos populistas, que se aprovechen de la democratización, motivados esta vez por creencias religiosas y sectarias, fortalecidos por una revolución post industrial: particularmente la tecnología de la información”.

¿Qué clase de conflicto involucra la reemergencia de una doctrina de 1823, la lucha por suministro preferencial de recursos esenciales, un tipo de alianza militar de tipo precautoria y con actor predominante conocida como “Escudo de las Américas”, más la acusación a cuarenta países de ayudar a un tercero extra hemisférico para vulnerar la legislación doméstica de Estados Unidos en material comercial?

La respuesta es la geopolítica. Desde allí se esgrime, por ejemplo, la cooperación internacional ante actores no estatales considerados disruptivos, orientados a explotar y acceder a espacios virtuales. Pero también significa que ante la bifurcación tecnológica y normativa se instala una estrecha competencia estratégica inter-polar por llegar en forma preferencial a determinados espacios y ambientes, lo que redunda en la securitización de las cadenas de suministro.

Aparece una doble dinámica: proyección de poder y anti acceso a competidores y grupos hostiles. Arranca entonces una carrera militar por mantener abierta determinadas áreas para algunos mientras se deniega a otros. En el caso de los actores designados como disruptivos apunta a un bloqueo cooperativo de espacios comunes para impedir o limitar seriamente flujos y desplazamientos (físicos o políticos) de un rival.

Esta última dimensión tiene el atributo de lugar, que facilita la conexión con más de una región del planeta, como los polos, el canal de Panamá, el estrecho de Magallanes y el de Ormuz. En este último caso, por ejemplo, Irán logró reemplazar su evidente ausencia de capacidades militares simétricas respecto de Estados Unidos mediante la implementación de una estrategia asimétrica que elevó considerablemente los costos de un ataque al negar el acceso al estrecho que conecta el Golfo Pérsico con el de Omán.

A escala mayor, es parte de lo que intenta Washington sobre el nivel de las Américas. Además de luchar contra lo que denomina “narco-terrorismo” -que para Stephen Miller equipara Al Qaeda con el Cartel de Sinaloa- y detener las migraciones irregulares para incrementar su seguridad doméstica, además busca dificultar y limitar el acceso chino a minerales críticos y mercados de la región para recuperar prosperidad nacional en un contexto de declinación.

No hay que perder de vista que, en un proceso de creciente bipolarización global armada, las opciones de seguridad y defensa de la actual administración estadounidense en el que llama “Hemisferio Occidental” hace parte de una confrontación indirecta con China.

Dado que el año pasado la guerra comercial directa llegó a que los polos de poder económico se impusieran mutuamente aranceles onerosos e insostenibles, este nuevo movimiento pretende golpear a Beijing a través de varios de sus socios comerciales de la región. China, que a su vez ensaya hace tiempo el papel de portavoz del Sur Global (al que no pertenece si consideramos su centralidad milenaria), aunque menos estridente, realiza advertencias no menos ciertas.

Eso sí, hay que reconocer que la acusación de estafa consistente en apuntar a diversos países como intermediarios para ingresar mercancías chinas a Estados Unidos con aplicación de aranceles ostensiblemente más bajos, justo a menos de 24 horas de que el Jefe del Pentágono solicitara incrementar presupuestos de defensa para 18 estados más su renuncia a la Corte Penal internacional ,no es una casualidad, sino una idea digna del Ulises homérico, un “presente griego” como el caballo de la portada del aludido documento.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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