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Día de la Prevención del Suicidio: una urgencia impostergable Opinión Créditos: El Mostrador.

Día de la Prevención del Suicidio: una urgencia impostergable

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Andrés Flores Retamal
Por : Andrés Flores Retamal Especialista Técnico en Niñez de World Vision Chile.
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El Mostrador Fuente Preferida

El suicidio juvenil es hoy una de las realidades más dolorosas que enfrenta Chile. Entre 2021 y 2022 la tasa de suicidios aumentó en un 37%, y un 44% de los casos correspondió a adolescentes de entre 14 y 17 años.

Las cifras son claras: la tasa de suicidios en hombres alcanza el 17,3% por cada 100 mil habitantes, mientras que en mujeres llega a 3,3%. Más preocupante aún es que un 38% de los niños, niñas y adolescentes bajo cuidado del Estado ha visto interrumpida su atención psicológica, y un 43% su tratamiento psiquiátrico.

A lo anterior se suman los resultados de la Encuesta de Juventud del INJUV, que advierte un alza en los pensamientos suicidas, especialmente entre mujeres, jóvenes de pueblos originarios, migrantes y personas con discapacidad, con mayor prevalencia en regiones como Tarapacá, Metropolitana y Biobío.

Las intervenciones para abordar el suicidio en adolescentes aún resultan distantes o poco accesibles para muchos niños, niñas y jóvenes. Por ende, hay que acercarlas a sus contextos cotidianos, activando protocolos y redes que ofrezcan respuestas rápidas y efectivas. No basta con responsabilizar a escuelas o centros de salud sin los recursos adecuados, ya que sin un trabajo comunitario real y sostenido, el seguimiento seguirá siendo insuficiente y los riesgos más altos.

Cada vida es valiosa y debe ser cuidada. Urge invertir más en salud mental, fortalecer espacios y garantizar un acompañamiento familiar de calidad. La prevención no puede seguir siendo tarea de unos pocos: familias, comunidades y Estado tienen la responsabilidad de asumir juntos la responsabilidad de ofrecer entornos protectores, inclusivos y seguros.

El suicidio juvenil no puede seguir siendo una estadística más, pues es un problema estructural que refleja desigualdades, silencios y carencias históricas en el cuidado de la salud mental y la infancia. Como sociedad debemos entender que la prevención exige actuar antes de que el dolor se convierta en tragedia; escuchar a los adolescentes en sus propios contextos, ofrecer atención oportuna y de calidad, y derribar los estigmas que aún impiden pedir ayuda.

No hay tiempo que perder, ya que cada vida que se pierde es un llamado impostergable a transformar nuestro compromiso en acciones.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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