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Medicamentos falsificados: un riesgo real para la salud pública Opinión

Medicamentos falsificados: un riesgo real para la salud pública

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Jocelyn Cancino
Por : Jocelyn Cancino Directora Técnica de Novo Nordisk Chile
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Recientemente, un reportaje en televisión y notas de prensa dieron a conocer un hecho de la mayor gravedad: en Chile personas inescrupulosas estarían vendiendo sustancias, sin rotulación ni indicación alguna, ofreciéndolas como genéricos de medicamentos conocidos. Esto no se trata de una venta informal cualquiera. Es una alerta grave de salud.

La investigación periodística exhibe un mercado clandestino que ofrece supuestas inyecciones que ayudarían a bajar de peso, en ventas coordinadas por redes sociales y WhatsApp, con entregas en estaciones de metro o a domicilio. En ese contexto, el reportaje muestra un frasco con una sustancia transparente, sin nombre, sin fecha de vencimiento, sin registro sanitario y sin rotulación, y advierte además un elemento crítico, la ausencia de cadena de frío y de condiciones mínimas de almacenamiento.

Los periodistas entregan una muestra al Instituto de Salud Pública (ISP) para su análisis y la autoridad es clara en alertar sobre los riesgos críticos a los que se exponen las personas que se inyectan un contenido, sin tener referencia alguna sobre su contenido. 

Dado que el medicamento que se ofrece como falso genérico alude a una marca de nuestro Laboratorio, es de toda responsabilidad ayudar a que la conversación pública se ordene con información confiable. En esa línea, hay un punto que debe quedar fuera de toda duda: en Chile no existen genéricos de Ozempic. En nuestro país, la única semaglutida autorizada por el ISP es Ozempic, y Novo Nordisk es el único titular habilitado para su comercialización.

Esto no es un asunto de preferencia ni de “marcas”, es un tema de regulación sanitaria. Si algo se vende como “un genérico de la marca” o “semaglutida alternativa” por canales informales y fuera de la autorización del ISP, no es una versión equivalente. Es un producto falsificado y, por ende, del mayor riesgo para las personas.

¿Por qué importa tanto esa diferencia? Porque la autorización sanitaria no es un trámite burocrático. Es lo que permite asegurar que un medicamento cumple estándares de calidad, seguridad y eficacia, y que existe un sistema que respalda y se hace responsable ante cualquier eventualidad, a partir de estudios serios y rigurosos que se desarrollan a lo largo de años de investigación, trazabilidad de lotes, condiciones de almacenamiento y farmacovigilancia. 

Es comprensible que muchas personas busquen soluciones y alternativas a temas que afectan su bienestar, pero cuando se trata de salud, esta búsqueda debe ser siempre en vías formales y establecidas, con respaldo sanitario. 

Es importante decir que nadie debería sentirse avergonzado por querer mejorar su salud o su bienestar. Pero sí debemos estar en alerta y actuar cuando alguien, desde la informalidad y de manera inescrupulosa, arriesga la salud de las personas. 

Nos hemos puesto a disposición de la autoridad de salud para apoyar en todo lo que sea necesario, para reforzar la importancia del control médico, no automedicarse ni tampoco adquirir medicamentos en canales informales. Es una tarea de todos frenar a tiempo este y otros riesgos que amenazan la salud y vida de las personas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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