Salud
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Fibromialgia en Chile: el dolor crónico invisible que afecta a más de 800 mil personas
Fatiga extrema, dolor persistente y problemas de concentración son algunas señales de la fibromialgia, enfermedad crónica que afecta a más de 800 mil personas en Chile y que aún enfrenta diagnósticos tardíos y subestimación médica.
Hay personas que viven con dolor todos los días. Les duele el cuerpo al despertar, sienten agotamiento permanente y tareas simples pueden convertirse en un esfuerzo físico y mental enorme. Sin embargo, muchas veces sus exámenes salen normales y sus síntomas son minimizados.
Esa es una de las principales dificultades de la fibromialgia, una enfermedad crónica que en Chile afecta entre el 2% y el 4% de la población, es decir, a más de 800 mil personas.
En el marco del Día Mundial de la Fibromialgia y el Síndrome de Fatiga Crónica, especialistas advierten que esta condición continúa siendo poco comprendida y frecuentemente confundida con estrés, ansiedad o depresión.
La fibromialgia se caracteriza por dolor musculoesquelético generalizado, cansancio persistente, trastornos del sueño y dificultades cognitivas conocidas como “niebla mental”. También puede provocar sensibilidad al tacto, dolores de cabeza y molestias digestivas.
En tanto, “la fatiga crónica no es simplemente estar cansado. Existe una alteración en la forma en que el organismo regula la energía y responde al esfuerzo, lo que genera una incapacidad real para recuperarse”, explica Daniela Cuadra, directora médica de Clínica CRL.
En Chile no existen cifras epidemiológicas concluyentes sobre la prevalencia del síndrome de fatiga crónica, lo que ha llevado a advertir que muchos casos podrían confundirse con estrés o burnout.
El problema de una enfermedad que no se ve
Uno de los mayores desafíos es que la fibromialgia no suele reflejarse en exámenes de laboratorio o imágenes, lo que provoca diagnósticos tardíos y que muchos pacientes recorran distintos especialistas antes de obtener respuestas. “Es frecuente que los pacientes lleguen después de haber consultado a múltiples especialistas sin resultados claros. Por eso es clave validar el dolor y la fatiga: son reales y tienen una base fisiológica”, agrega Cuadra.
La enfermedad afecta principalmente a mujeres entre los 30 y 50 años y puede impactar de forma importante la vida laboral, familiar y social de quienes la padecen.
Además, muchos pacientes presentan síntomas asociados al síndrome de fatiga crónica, una condición debilitante que podría afectar a cerca de 67 millones de personas en el mundo y que suele coexistir con la fibromialgia.
Las señales que no deberían normalizarse
Entre los síntomas más frecuentes están:
● Dolor corporal persistente.
● Agotamiento que no mejora con descanso.
● Sueño no reparador.
● Problemas de memoria y concentración.
● Sensación de empeorar después de hacer esfuerzo físico o mental.
Aunque no existe una cura definitiva, los especialistas aseguran que sí es posible mejorar la calidad de vida con tratamiento integral, que incluye ejercicio terapéutico guiado, manejo del sueño, regulación del estrés y apoyo psicológico.
“El reposo prolongado puede empeorar los síntomas. El tratamiento debe ser progresivo y adaptado a cada paciente”, advierte la especialista.
“Lo importante es no normalizar el dolor crónico ni el cansancio persistente. Con el enfoque adecuado, los pacientes pueden recuperar funcionalidad y bienestar”, concluye.
Especialistas advierten que uno de los principales problemas de la fibromialgia y del síndrome de fatiga crónica es que muchas personas aprenden a convivir con el dolor y el agotamiento, postergando la consulta médica durante años. La normalización de síntomas como el cansancio extremo, los problemas de concentración o el dolor muscular persistente puede retrasar el diagnóstico y afectar significativamente la calidad de vida.
Por eso, recalcan la importancia de acudir a evaluación profesional cuando las molestias comienzan a interferir con la rutina diaria, el descanso, el trabajo o las relaciones personales. Un tratamiento integral y personalizado —que combine apoyo médico, ejercicio terapéutico, manejo del estrés y acompañamiento psicológico— puede ayudar a reducir los síntomas, mejorar la funcionalidad y recuperar bienestar físico y emocional.