Opinión
Chile, actor geopolítico global
El país es ahora un actor en la competencia geopolítica global. Es una condición inédita en su historia y que, cronológicamente, converge con los mayores riesgos y avatares que la seguridad internacional contemporánea puede generar para Chile.
En los últimos años la evolución general de la seguridad internacional –cuyas características y dinámicas han sido ampliamente comentadas, por lo que no cabe insistir en ellas– ha generado una reapreciación global del valor de la geopolítica. Ha sido un proceso incremental y acelerado impulsado, además, por la confrontación entre Estados Unidos y China.
La National Security Strategy 2025 y la réplica de China, menos difundida pero no menos contundente, dan cumplida cuenta de esto. En sentido estricto, la geopolítica como herramienta del decisor político siempre ha tenido vigencia, aunque quizás con un perfil más discreto, pero hoy día existen un potenciamiento y una revaloración significativos de la forma en que la ubicación geográfica y factores conexos inciden en el posicionamiento de los Estados en la comunidad de naciones y en su estatura estratégica, así como en los riesgos y oportunidades inherentes a dicha posición.
Varios países están experimentando este fenómeno. Chile es uno de ellos, de hecho es uno de los más afectados, lo que se manifiesta en, al menos, los siguientes activos:
Control de los pasos marítimos australes: estrecho de Magallanes y Paso Drake. Este ha sido uno de los activos geopolíticos tradicionales de Chile, con abundante evidencia histórica. Hoy la importancia de los pasos marítimos –los choke points de las rutas oceánicas– se incrementa exponencialmente. La situación en el estrecho de Ormuz y el renovado interés en el canal de Panamá lo atestiguan. También son de interés estratégico global, y deben serlo para Chile, las aguas que se extienden al este y al oeste del estrecho y del Paso Drake, que conforman una unidad geoestratégica con estos.
Ubicación geográfica relevante para la vigilancia y el control del espacio exterior en el hemisferio sur. El espacio es hoy un dominio estratégico de igual valor que los “clásicos” –terrestre, naval, aéreo y ciber– y de mayor proyección. Quien domina el espacio controla la superficie del planeta. La posición de Chile y sus cielos oscuros facilitan el control y la vigilancia espacial en el hemisferio sur y lo inscriben de lleno en la competencia global por el dominio del espacio exterior. A lo anterior se agrega una posición privilegiada como punto de lanzamiento de satélites en órbitas polares bajas, de especial valor estratégico.
Disponibilidad de minerales estratégicos: tierras raras, cobre, litio y otros. En la competencia general por la superioridad tecnológica y considerando la acelerada expansión del gasto militar y la producción de armamentos a nivel global, el acceso a minerales estratégicos es indispensable (un avión de combate F-35 requiere aproximadamente 400 kilos de tierras raras), lo que aumenta la puesta en valor –político y económico– de la riqueza minera del país e incide directamente en su perfil geopolítico.
Proyección antártica Las regiones polares del planeta se cuentan hoy entre las zonas de mayor interés estratégico. Están en el eje de la competencia geopolítica global. Por el momento, esta se concentra en el Ártico, pero es cuestión de tiempo que dicha focalización se oriente hacia la Antártica, cuyo valor geopolítico es mayor: minerales estratégicos, la mayor reserva de agua dulce del planeta, riqueza pesquera, todo lo cual incide directamente en la proyección y responsabilidad de Chile en los parajes polares australes.
Esta lista no es cerrada, tampoco representa una escala de prioridades. Todos los activos geoestratégicos de Chile son de igual significación.
El país es ahora un actor en la competencia geopolítica global. Es una condición inédita en su historia y que, cronológicamente, converge con los mayores riesgos y avatares que la seguridad internacional contemporánea puede generar para Chile. El reciente debate acerca del control del estrecho de Magallanes, entre otros antecedentes, evidencia lo anterior.
En este escenario, el país debe comprender y asumir su realidad geopolítica y expandir su mirada estratégica con una perspectiva all azimuth, aunque sin abandonar las miradas regionales. Este proceso debería implicar acciones sinérgicas de factores diplomáticos y de defensa, partiendo por, al menos, mantener sus actuales capacidades militares, con adecuado financiamiento, y todo sustentado en una clara voluntad y dirección política, en un entorno donde la seguridad de los países es, más que nunca, responsabilidad individual de cada uno.
Estos desafíos no están en el futuro, son actuales y deben abordarse con celeridad. La seguridad exterior de la república no permite realmente dilaciones.
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