Opinión
Diálisis peritoneal primero: una decisión correcta que exige acción ahora
La reciente actualización del sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES), que posiciona a la diálisis peritoneal como primera opción terapéutica, marca un punto de inflexión en la forma en que enfrentamos la enfermedad renal crónica en Chile. Es una señal clara de hacia dónde debe avanzar nuestro sistema de salud: más centrado en las personas, más eficiente y equitativo.
Este cambio no es menor. Hoy, más de 27 mil pacientes en Chile dependen de la hemodiálisis, mientras que solo 1.767 personas acceden a diálisis peritoneal, una terapia eficaz, segura y que permite a los pacientes tratarse desde sus hogares. Esta brecha evidencia que, hasta ahora, no hemos aprovechado plenamente una alternativa que no solo mejora la calidad de vida de las personas, sino que también contribuye a la sostenibilidad del sistema sanitario.
La diálisis peritoneal permite a los pacientes mantener su vida laboral, familiar y social, reduciendo traslados y otorgando mayor autonomía, lo que resulta especialmente beneficioso para quienes viven en zonas remotas o aisladas a lo largo del país, donde el acceso a centros de hemodiálisis puede ser complejo. Además, ha demostrado beneficios clínicos concretos, como una mejor adherencia al tratamiento y la posibilidad de iniciar terapias de manera más oportuna cuando existen programas bien estructurados.
Transformar esta definición en una realidad efectiva exige abordar brechas urgentes: falta de infraestructura en algunas zonas del país, necesidad de mayor capacitación de los equipos de salud y dificultades en procesos clave como la instalación de catéteres. A ello se suma la importancia de contar con sistemas de apoyo sólidos, donde la telemedicina cumple un rol esencial para asegurar un seguimiento seguro y continuo de los pacientes.
Al mismo tiempo, la diálisis peritoneal representa una oportunidad estratégica para el sistema de salud, al optimizar recursos, y reducir hospitalizaciones. No obstante, el desafío también es cultural: cambiar la predominancia histórica de la hemodiálisis requiere informar mejor a los pacientes, promover decisiones compartidas y garantizar que la elección terapéutica responda a las necesidades de cada persona y no a las limitaciones del sistema.
La definición del GES va en la dirección correcta. Ahora nos corresponde a todos, autoridades, equipos de salud, sociedades científicas y sector privado, trabajar de manera colaborativa para que esta política se implemente de forma efectiva y sostenible en todo el país.
Chile tiene la oportunidad de dar un salto cualitativo en el manejo de la enfermedad renal crónica. Convertir la diálisis peritoneal en una verdadera primera opción no es solo una decisión técnica: es un compromiso conla equidad y la calidad de vida de miles de personas.
El desafío está planteado y demanda acciones concretas en el corto plazo.
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