Opinión
Créditos: El Mostrador.
Los pacientes tienen valor y no precio
En los últimos días se ha planteado la posibilidad de reducción presupuestaria de varios programas estatales, entre ellos el de Cuidados Paliativos Universales. La sola idea además de desoladora en su dimensión humana, revela una incomprensión profunda sobre el rol de estos equipos y la situación de las personas a quienes acompañan.
Los cuidados paliativos trabajan por el alivio del dolor, de los síntomas complejos y del sufrimiento, en contextos de enfermedad avanzada y procesos de fin de vida. Sostienen a pacientes y a sus familias que cuidan en condiciones tremendamente exigentes y muchas veces prolongadas, proveyendo tratamientos, orientación, acompañamiento y guía.
Si se está pensando en reducir costos, el camino es el fortalecimiento de dichos servicios. Los cuidados paliativos han demostrado ser altamente costo-efectivos, disminuyendo el uso de los servicios de urgencia, los reingresos hospitalarios innecesarios y los tratamientos invasivos al final de la vida. Su debilitamiento desplazaría esa carga hacia otras áreas del sistema, con mayor costo y menor calidad de la atención.
Estas decisiones no son solo un recorte presupuestario. También son una declaración de quiénes son considerados dignos de cuidados y de quiénes quedan en un lugar secundario.
Y ahí se define la sociedad que estamos construyendo: una que reconoce (o no) que las personas tienen valor y no precio.