Salud
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Queso y yogur podrían ayudar a reducir el riesgo de demencia y depresión, según estudios científicos
Investigaciones recientes vinculan el consumo habitual de queso y yogur con un menor riesgo de demencia y síntomas depresivos en adultos mayores. Especialistas destacan el aporte de los lácteos fermentados a la salud cerebral, la microbiota intestinal y el bienestar general.
Consumir al menos 50 gramos diarios de queso con alto contenido de grasa se asocia a un riesgo 13% menor de sufrir demencia por todas sus causas y 29% menor de desarrollar demencia vascular. Eso reveló un estudio publicado en enero en la revista Neurology, que siguió a 27 mil personas en Suecia durante 25 años y que Rodrigo Valenzuela, médico y director del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile e integrante del comité científico del programa “Gracias a la Leche” del Consorcio Lechero, cita como evidencia de que los lácteos no son un factor de riesgo para la salud cerebral, sino todo lo contrario.
La investigación, liderada por el epidemiólogo Yufeng Du y colaboradores internacionales, utilizó datos de la cohorte Malmö Diet and Cancer, que recopiló información dietaria mediante diarios alimentarios, cuestionarios de frecuencia de consumo y registros clínicos hasta 2020.
Para la crema de leche, el estudio encontró que quienes consumían al menos 20 gramos diarios presentaban un 16% menos riesgo de demencia frente a quienes no la consumían, patrón que se repitió también para el Alzheimer y la demencia vascular. Los investigadores observaron además que la asociación protectora entre queso y Alzheimer se dio principalmente en personas que no portaban la variante genética APOE ε4, considerada uno de los principales factores de riesgo para esa enfermedad.
“Lo primero que hay que destacar es que el consumo de lácteos no aumenta el riesgo de desarrollar Alzheimer. Por el contrario, este estudio demostró que el consumo de queso y grasa láctea puede disminuir ese riesgo”, señala Valenzuela, y agrega que el hallazgo confirma lo que la evidencia acumulada ya venía mostrando: que los mitos sobre la grasa láctea no tienen sustento científico sólido.
Yogur y salud mental en adultos mayores
Un segundo estudio, publicado este año en la revista Nutrients, evaluó hábitos alimentarios y síntomas depresivos en adultos mayores australianos. El trabajo observó que el consumo diario de yogur, cercano a una porción estándar, y el de queso bajo en grasa se asociaron con menos síntomas depresivos y menor riesgo de depresión en comparación con quienes los consumían con menor frecuencia. Los investigadores apuntan a la interacción entre microbiota intestinal, inflamación y funcionamiento cerebral como mecanismo posible detrás de ese efecto.
Para Valenzuela, los lácteos fermentados actúan como un “puente” hacia una mejor alimentación general. “Hoy sabemos que la grasa láctea es beneficiosa para el ser humano y, cuando se consume en productos fermentados como el yogur entero, ayuda incluso a controlar el peso y mejorar la presión arterial”, explica. La clave no está en evitar la grasa del queso, sino en el contexto del consumo: “El problema no es el alimento en sí, sino el exceso o acompañarlo con embutidos, frituras o ultraprocesados. Consumido de forma equilibrada, el queso es un gran aliado para la salud mental”.
El deterioro cognitivo –que se expresa en problemas de memoria, aprendizaje y fluidez verbal– es un proceso inevitable con el envejecimiento, pero es posible retrasarlo. En ese contexto, los lácteos aportan proteínas de alto valor biológico y la mayor parte de las vitaminas del complejo B, nutrientes relevantes para la función neurológica. Valenzuela pone también el foco en cómo se integran a la dieta: “Si el queso va en un sándwich con tomate y lechuga, o el yogur se acompaña con frutas de temporada como manzana o pera, se enriquece la calidad de lo que comemos”.
La recomendación para adultos es alcanzar tres porciones diarias: un vaso de leche, un yogur y una rebanada de queso o quesillo.