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Investigación en EE.UU. advierte que los cigarrillos electrónicos generan alteraciones genéticas
Un estudio en Estados Unidos reveló que el vapeo altera más de 3.000 genes en las células de la boca y provoca cambios biológicos distintos a los del cigarrillo tradicional. Los efectos varían según el dispositivo, los sabores y el nivel de consumo.
Un estudio realizado por investigadores de Estados Unidos reveló que los cigarrillos electrónicos generan alteraciones genéticas en las células de la boca que son más complejas y variables que las provocadas por el tabaco convencional. Los hallazgos, publicados en la revista Frontiers in Oncology, reavivan el debate sobre los efectos reales del vapeo y sus posibles consecuencias para la salud.
Los cigarrillos electrónicos funcionan mediante baterías que calientan líquidos compuestos por nicotina, propilenglicol y aromatizantes, produciendo un aerosol que es inhalado por los usuarios. Si bien investigaciones previas ya habían vinculado su consumo con inflamación, cambios en el ADN y alteraciones en genes asociados a enfermedades como el cáncer, el nuevo trabajo identificó diferencias clave respecto al daño causado por los cigarrillos tradicionales.
La investigación fue liderada por Jessica George y Ahmad Besaratinia, junto a otros científicos de la Facultad de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California.
Un impacto biológico que varía según el dispositivo y los sabores
Estudios anteriores habían demostrado que el vapeo altera genes y procesos moleculares en los tejidos epiteliales, que recubren superficies como la boca, la nariz y los pulmones. Sin embargo, hasta ahora no se había evaluado de manera sistemática si esos cambios dependían de la intensidad del consumo o de las características de los dispositivos utilizados.
En paralelo, una investigación encabezada por Christina Watts y publicada en Health Promotion International advirtió que las industrias tabacalera y del vapeo han dirigido sus estrategias de marketing hacia los jóvenes mediante sabores atractivos, diseños llamativos, campañas en redes sociales y acciones de lobby destinadas a frenar regulaciones.
Los autores alertaron que, sin una supervisión adecuada, estas prácticas podrían favorecer el surgimiento de una nueva generación con dependencia a la nicotina.
La evolución tecnológica de los dispositivos también ha complejizado el panorama. Desde los primeros modelos hasta las versiones más recientes, los vapes han incorporado mayores niveles de potencia y una amplia diversidad de sabores, dificultando la comparación entre estudios y la elaboración de conclusiones regulatorias consistentes.
El estudio que analizó miles de genes en células bucales
Para investigar el efecto del vapeo sobre la actividad genética, los científicos analizaron muestras de 83 adultos sanos del área metropolitana de Los Ángeles: 35 vapeadores, 24 fumadores y 24 personas que no utilizaban ninguno de estos productos.
Las muestras fueron obtenidas mediante un cepillado suave del interior de las mejillas, lo que permitió recolectar células epiteliales para estudiar qué genes se encontraban más o menos activos. Posteriormente, los investigadores aplicaron técnicas de secuenciación de ARN para identificar diferencias en la expresión genética entre los grupos.
Los resultados mostraron que los vapeadores presentaban 3.124 genes con actividad alterada respecto de los no usuarios, mientras que en los fumadores la cifra alcanzó los 2.180 genes.
Además, el 60,1% de las alteraciones detectadas en los vapeadores fue exclusivo de ese grupo y no apareció en los fumadores, una señal de que los cigarrillos electrónicos generan efectos biológicos propios y diferenciados.
Daño genético menos uniforme que el provocado por el tabaco
Uno de los hallazgos más relevantes fue que las alteraciones genéticas observadas en fumadores seguían patrones mucho más consistentes en función de la exposición acumulada al tabaco.
En ese grupo, el 54,1% de los genes alterados respondió de manera uniforme a indicadores como los años de consumo, la cantidad de cigarrillos fumados y los niveles de cotinina en sangre, marcador utilizado para medir la absorción reciente de nicotina.
En contraste, solo el 27,6% de los genes alterados en vapeadores mostró una relación clara con estas métricas. Según los investigadores, esto sugiere que los efectos del vapeo son más difíciles de anticipar y dependen de múltiples factores.
El análisis también reveló que los dispositivos de tercera generación y el uso de diversos sabores estaban asociados con los cambios genéticos más pronunciados, lo que indica que no todos los cigarrillos electrónicos impactan al organismo de la misma forma.
El cáncer aparece como la principal enfermedad vinculada
Los investigadores identificaron al cáncer como la enfermedad más estrechamente relacionada con los genes alterados tanto en vapeadores como en fumadores.
El 90,8% de los genes desregulados en quienes utilizaban cigarrillos electrónicos y el 92,8% de los observados en fumadores estaban asociados con procesos vinculados al desarrollo de esta enfermedad.
Asimismo, la vía molecular más afectada en ambos grupos fue la relacionada con las proteínas RHO GTPasa, encargadas de regular funciones celulares fundamentales como la división, migración y adhesión de las células, procesos estrechamente ligados a la formación y progresión de tumores.
Las limitaciones del estudio y los próximos desafíos
Los autores reconocieron que algunos grupos de usuarios, especialmente quienes utilizaban dispositivos de primera y segunda generación, estuvieron representados por un número reducido de participantes, lo que pudo limitar la detección de ciertas diferencias.
Además, los dispositivos de cuarta generación no fueron incluidos porque aún no eran ampliamente utilizados cuando se realizó el reclutamiento de voluntarios.
Otra diferencia relevante fue el tiempo de exposición: mientras los fumadores acumulaban una mediana de 23 años consumiendo tabaco, los vapeadores registraban solo tres años de uso. Esta brecha podría explicar por qué las alteraciones genéticas asociadas al tabaquismo se presentaron de forma más uniforme.
Los investigadores recomendaron ampliar futuras investigaciones para incorporar nuevas generaciones de dispositivos y evaluar cómo factores como el mentol, los filtros y otros componentes influyen en las respuestas genéticas.
“Tanto el vapeo como el tabaquismo se asocian a perturbaciones transcriptómicas sustanciales en las células epiteliales orales, pero la estructura de estas perturbaciones difiere fundamentalmente entre ambos tipos de exposición”, concluyeron.
El estudio fue financiado por el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial, el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas y el Programa de Investigación de Enfermedades Relacionadas con el Tabaco de la Universidad de California.