El desafío de proteger la Antártica frente al crecimiento del turismo
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La Región de Magallanes y de la Antártica Chilena ocupa el extremo sur de Chile y del continente americano. Más al sur aparece el Cabo de Hornos y, cruzando el Drake, la Antártica. Hoy quiero llevarlos precisamente hacia esos confines.
Queramos o no, muchas de las decisiones que tomemos en torno a estos territorios tendrán consecuencias directas para el futuro de nuestra región y también del país. Ahí se cruzan la ciencia, la logística, el turismo y la política pública que acompaña el desarrollo de todo este ecosistema austral.
De eso, y de un poco más, les contaré en esta edición:
- El desafío de proteger la Antártica frente al crecimiento del turismo. El turismo antártico se mantiene en niveles históricamente altos y abre una discusión sobre cuánto puede seguir creciendo sin aumentar la presión sobre sus ecosistemas. La nota revisa los principales riesgos advertidos por la ciencia, el marco de protección del Sistema del Tratado Antártico y las medidas que están adoptando operadores y empresas logísticas para reducir la huella de una actividad que también genera oportunidades para ciudades como Punta Arenas.
- Habitar el extremo: Cabo de Hornos pide un nuevo trato del Estado para enfrentar su insularidad. El alcalde de Cabo de Hornos, Patricio Fernández, pidió avanzar hacia un reconocimiento especial de la Provincia Antártica Chilena como territorio insular, argumentando que su aislamiento impone costos y dificultades que no pueden abordarse con los mismos criterios del territorio continental. La propuesta incluye medidas especiales en conectividad, salud, vivienda y retención de profesionales, y busca instalar una discusión más amplia sobre cómo el Estado sostiene la vida permanente y el desarrollo de uno de sus territorios más estratégicos.
- El turismo y el punto de inflexión para Puerto Williams. La ciudad más austral del mundo enfrenta una etapa que podría transformar rápidamente su desarrollo turístico, impulsada por nuevos flujos hacia la Antártica, inversiones y el creciente interés por isla Navarino. La nota aborda la necesidad de anticipar ese crecimiento mediante planificación y reglas claras, fortaleciendo al mismo tiempo la identidad local, la conservación biocultural y el valor propio de Cabo de Hornos como destino subantártico.
- Glaciólogo tras imagen de la NASA: “Tyndall vive un retroceso dramático“. Una reciente imagen de la NASA volvió a poner el foco sobre el acelerado retroceso del glaciar Tyndall, que ha perdido 2,2 kilómetros de longitud desde 2022. El glaciólogo Camilo Rada explica que el fenómeno forma parte de una tendencia más amplia de adelgazamiento en los glaciares patagónicos y advierte que sus efectos van más allá de la pérdida de hielo, modificando el aporte de sedimentos, los ecosistemas asociados y las condiciones físicas del entorno.
- Magallanes suma más de cinco mil metros cuadrados para producir alimentos bajo invernadero. Una nueva inversión de INDAP y el Gobierno Regional financia 37 proyectos agrícolas en Punta Arenas, Puerto Natales y Porvenir, incorporando más de cinco mil metros cuadrados de cultivo protegido, además de salas de proceso y maquinaria. La iniciativa busca extender la temporada productiva, diversificar la agricultura regional y avanzar gradualmente hacia una mayor disponibilidad de alimentos producidos en Magallanes.
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El desafío de proteger la Antártica frente al crecimiento del turismo
Hace algunas décadas, la Antártica dejó de ser un territorio visitado casi exclusivamente por motivos científicos. El turismo antártico pasó de cerca de 38 mil visitantes en 2015-2016 a más de 113 mil en 2025-2026, concentrados principalmente en la península Antártica. Ushuaia sigue siendo la principal puerta de entrada, mientras Punta Arenas cumple un rol creciente en operaciones aéreas y marítimas, en tanto que Puerto Williams busca consolidarse como nodo complementario.
Este crecimiento también ha encendido alertas científicas. Investigaciones han advertido sobre impactos acumulativos, introducción de especies y patógenos, además de emisiones asociadas al transporte. Un estudio publicado en 2022 detectó mayores concentraciones de carbono negro en zonas con presencia turística y científica, mientras este año investigadores de Milenio BASE han planteado reforzar la bioseguridad, el monitoreo y, eventualmente, establecer límites a la actividad.
Desde el Instituto Milenio BASE, su director Elie Poulin ha advertido sobre riesgos como la introducción de especies exóticas y patógenos y los efectos acumulativos sobre la biodiversidad. Entre ellos menciona posibles perturbaciones en colonias reproductoras de aves y mamíferos marinos y alteraciones en la microbiota del suelo, que podrían afectar la recuperación de la vegetación incluso cuando el daño superficial ya no sea visible.
El crecimiento del turismo instala así una tensión cada vez más evidente: se trata de una actividad de alto valor, que genera oportunidades para ciudades como Punta Arenas y Ushuaia, pero que al mismo tiempo aumenta la presión sobre un territorio sometido a estrictos objetivos de conservación.
El turismo antártico, sin embargo, no opera sin reglas. Las actividades están sujetas al Sistema del Tratado Antártico y a su Protocolo sobre Protección del Medio Ambiente, mientras existen directrices específicas para visitantes y para los sitios más frecuentados, actualizadas por última vez en 2025. A ello se suma la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO), que reúne a gran parte de los operadores y establece protocolos de bioseguridad, desembarcos y comportamiento en terreno.
El gerente de Antártica Logística, Carlos Millán, propone “tres cambios urgentes” para reducir el impacto asociado a estas operaciones: “Primero, que la coordinación en tierra deje de ser reactiva, porque la improvisación de último minuto genera viajes y consumo de recursos evitables. Segundo, que la trazabilidad de proveedores sea una exigencia real. Y tercero, optimizar rutas y carga compartida en el transporte aéreo y marítimo hacia la Antártica, especialmente a la isla Rey Jorge”.
Antarctica21 señala que su modelo de AeroCrucero opera con menos de cien pasajeros por viaje y que en la temporada anterior mantuvo una proporción de un guía por cada seis visitantes, condiciones que, según la empresa, facilitan el manejo de los desembarcos y actividades en terreno. También informa medidas de reducción de emisiones, entre ellas la optimización energética de sus buques, la certificación CarbonNeutral® y el uso de e-fuel producido en Magallanes para sus embarcaciones Zodiac.
“Cada expedición se planifica con anticipación, pero se ajusta día a día según las condiciones meteorológicas, el estado del hielo, la presencia de fauna y los lineamientos de las autoridades e IAATO. Eso puede significar cambiar un sitio de desembarco, suspender una actividad, modificar horarios o reforzar medidas de bioseguridad, siempre priorizando la seguridad y la minimización del impacto sobre los ecosistemas”, señalaron desde la empresa.
Un caso reciente de adaptación operacional fue el refuerzo de los protocolos de desembarco frente al riesgo de gripe aviar. Para ello se incorporaron mayores restricciones al contacto directo de los visitantes con el suelo antártico, siguiendo recomendaciones de IAATO.
“Como industria, el desafío es tener claridad sobre la huella que deja cada viaje, entendiendo que comienza mucho antes del desembarco. Transporte, abastecimiento y almacenamiento también forman parte de esa responsabilidad, que debe atravesar toda la cadena y a las ciudades desde donde se opera hacia la Antártica”, agregó Carlos Millán.
Habitar el extremo: Cabo de Hornos pide un nuevo trato del Estado para enfrentar su insularidad

Puerto Williams.
El creciente interés turístico, científico y estratégico que despierta Cabo de Hornos contrasta con una realidad mucho más cotidiana para quienes habitan permanentemente el extremo austral de Chile: llegar a Puerto Williams, acceder a determinados servicios o ejecutar una obra pública sigue implicando costos y dificultades difícilmente comparables con gran parte del territorio nacional.
Esa fue una de las principales ideas planteadas por el alcalde de Cabo de Hornos, Patricio Fernández, ante la Comisión de Zonas Extremas y Antártica Chilena de la Cámara de Diputadas y Diputados, donde solicitó avanzar hacia un reconocimiento especial de la Provincia Antártica Chilena como territorio insular.
El argumento es que su geografía no debería seguir siendo abordada únicamente mediante políticas diseñadas desde parámetros continentales. Desde Punta Arenas, el viaje marítimo hasta Puerto Williams supera las 30 horas y tiene frecuencia semanal, mientras que la conexión aérea reduce considerablemente los tiempos, pero funciona con una capacidad mucho más limitada.
Esa distancia termina proyectándose sobre múltiples dimensiones de la vida local. Una atención médica que requiere mayor complejidad puede depender de una evacuación; atraer y mantener profesionales supone competir con el aislamiento; construir viviendas e infraestructura implica costos adicionales, y la conectividad condiciona tanto el desplazamiento de personas como el abastecimiento del territorio.
Fernández planteó que Chile ya cuenta con una figura jurídica que reconoce condiciones territoriales excepcionales, a través del régimen especial establecido para Rapa Nui y Juan Fernández. La propuesta no apunta necesariamente a replicar esos modelos de manera idéntica, sino a abrir la discusión sobre instrumentos específicos para una provincia marcada por su insularidad, aislamiento geográfico y posición estratégica.
Entre las medidas solicitadas aparecen garantías para evacuaciones aeromédicas, mayor capacidad resolutiva de la salud local, incentivos para retener profesionales, estándares especiales de conectividad aérea y marítima, y criterios diferenciados para la construcción de viviendas sociales. También se propuso estudiar junto a ENAP la factibilidad de una futura conexión de gas hacia isla Navarino a través del corredor Vicuña-Yendegaia.
La discusión adquiere una dimensión mayor en un territorio donde la presencia permanente de comunidades, servicios públicos e infraestructura está estrechamente vinculada con la proyección de Chile hacia el Cabo de Hornos y la Antártica. Por eso, desde el municipio plantean cambiar el enfoque: pasar de administrar las dificultades derivadas del aislamiento a “gobernar la insularidad”.
Detrás de esa idea existe una pregunta de fondo sobre cómo Chile sostiene sus territorios más extremos. Porque mientras Puerto Williams comienza a proyectarse hacia nuevas actividades e inversiones, garantizar condiciones adecuadas para quienes viven allí durante todo el año aparece como una condición previa para cualquier estrategia de desarrollo.
El turismo y el punto de inflexión para Puerto Williams

Trekking Dientes de Navarino.
Puerto Williams, ubicado en isla Navarino, en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, concentra uno de los territorios más extremos del planeta y una singularidad natural difícil de replicar. Su ubicación geográfica constituye uno de sus principales activos turísticos y atrae a visitantes que miran cada vez más hacia este extremo del continente como un destino en sí mismo. A ello se suman la cultura yagán, las estancias, las historias locales, la conservación biocultural y la ciencia subantártica, elementos que conforman una identidad territorial que todavía tiene espacio para incorporarse con mayor profundidad a la experiencia turística.
Hoy Puerto Williams funciona como base para distintos tipos de turismo de intereses especiales. Entre ellos destacan la navegación a vela en torno al Cabo de Hornos, que concentra un público muy específico; el trekking en los Dientes de Navarino, reconocido por sus condiciones agrestes y desafiantes; y el turismo de cruceros, hasta ahora asociado principalmente a operaciones logísticas. Este último comienza a adquirir una nueva dimensión con inversiones orientadas a pasajeros que viajan hacia la Antártica, entre ellas la próxima entrada en operación de un hotel de alta gama con más de 150 habitaciones.
Para el coordinador del Área de Turismo del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), Miguel García, la convergencia de estos factores sitúa a Puerto Williams y Cabo de Hornos frente a un punto de inflexión. Después de dos décadas viajando regularmente al territorio, proyecta que durante los próximos cinco años podría producirse una transformación turística acelerada.
“Hoy el territorio no tiene ningún resguardo pensado específicamente frente a este proceso. Es muy importante avanzar en regulación urbana y planificación, ordenar el crecimiento y promover un turismo con una identidad local reconocible, permitiendo también la inversión externa, pero con reglas y márgenes claros. Para eso va a ser fundamental fortalecer instrumentos que apoyen a los negocios locales”, señala García.
Desde el CHIC, uno de los aportes a esta discusión está precisamente en generar conocimiento que contribuya a orientar ese desarrollo desde la identidad territorial y la conservación biocultural. García advierte que un crecimiento sin planificación puede favorecer procesos de homogeneización cultural mediante modelos de negocio y servicios cada vez menos relacionados con las particularidades de Cabo de Hornos. Frente a ello, el Centro busca aportar contenidos y conocimiento científico que permitan reconocer y poner en valor aquello que distingue al territorio.
“La conservación biocultural es la principal materia prima del destino. Sin ella, lo que queda es solamente la condición geográfica extrema, y eso no es suficiente. El CHIC tiene una presencia importante en Puerto Williams y también puede aportar en la construcción de conocimiento y contenidos que permitan fortalecer esa identidad territorial”, plantea García.
Una referencia que el especialista ha estudiado directamente es Rapa Nui. Aunque se trata de territorios con historias y realidades diferentes, García observa allí una experiencia útil para discutir cómo un destino insular y remoto puede establecer mecanismos que permitan que una mayor proporción de los beneficios generados por el turismo permanezca en la comunidad local.
“La regulación ha sido clave, principalmente porque existe un régimen de propiedad de la tierra que limita la entrada directa de grandes capitales y ha permitido mantener una oferta desarrollada por actores locales. En Puerto Williams también tenemos que sentarnos a pensar el territorio y buscar herramientas que permitan un turismo sostenible y de largo plazo, porque, de lo contrario, los problemas que podríamos enfrentar en los próximos cinco o diez años pueden ser bastante críticos”, sostiene.
Dentro de esa discusión, el CHIC también busca reforzar el valor propio de la condición subantártica de Cabo de Hornos frente al creciente vínculo de Puerto Williams con los viajes hacia la Antártica. Para García, la oportunidad no pasa únicamente por transformarse en una plataforma logística para quienes se dirigen al continente blanco, sino por conseguir que esos flujos reconozcan y valoren primero el territorio que están atravesando.
“Lo subantártico tiene su propia singularidad”, afirma. Desde esa perspectiva, fortalecer una identidad turística basada en el conocimiento científico, la conservación biocultural y las particularidades naturales y culturales de Cabo de Hornos permitiría aprovechar su creciente conexión con la Antártica sin que Puerto Williams termine definiéndose únicamente como una puerta de entrada hacia ella.
Glaciólogo tras imagen de la NASA: “Tyndall vive un retroceso dramático”

Fotografía del glaciar Tyndall tomada por la NASA, publicada el 21 de julio de 2026.
La NASA publicó hace unos días una espectacular imagen satelital del glaciar Tyndall, ubicado en el Parque Nacional Torres del Paine. La fotografía fue tomada en el mes de mayo por un astronauta a bordo de la Estación Espacial Internacional. En la toma, se pueden observar fragmentos de hielo desprendidos del glaciar flotando en el lago Geikie.
Desde la misma publicación, los norteamericanos señalaron que Tyndall ha perdido 2,2 kilómetros de longitud desde noviembre de 2022, acompañado de un adelgazamiento considerable. En marzo y abril de 2023, los satélites observaron cómo varios icebergs de gran tamaño se desprendían del frente del glaciar, proceso que ha acelerado el retroceso del hielo.
Para el glaciólogo y académico de la Universidad de Magallanes, Camilo Rada, este proceso se debe principalmente a que el clima no favorece la acumulación de nieve en el sector. “Tyndall vive un retroceso superdramático, y el adelgazamiento es un factor clave porque define el balance de su masa. Pero también es algo que está ocurriendo de manera sistemática en muchos otros glaciares, especialmente en los que terminan en mar o lagos”, señaló.
Rada explica que el proceso puede acelerarse cuando el hielo alcanza un nivel crítico y comienza a flotar en una porción importante del glaciar. Al dejar de estar apoyado sobre la roca del fondo, pierde estabilidad, se forman nuevas grietas y grandes bloques pueden desprenderse en poco tiempo. Ese punto de inflexión puede provocar una rápida fragmentación del frente glaciar y la aparición de grandes témpanos.
El retroceso del glaciar también modifica el aporte de sedimentos hacia ríos y fiordos. A medida que el frente se aleja, una mayor parte de ese material decanta antes de llegar al mar. Estos sedimentos aportan nutrientes, reducen la penetración de la luz y ayudan a determinar qué organismos y cadenas tróficas pueden desarrollarse en los ecosistemas bajo influencia glaciar.
“Hay especies que dependen de esas condiciones, como el ostión del sur, pero también muchas otras. A eso se suma el efecto albedo: cuando el hielo retrocede deja expuesta roca o agua, que absorben más energía solar que el hielo. Eso genera una retroalimentación que favorece una mayor absorción de energía y puede intensificar localmente la pérdida de hielo”, explica el glaciólogo.
Así, el retroceso de Tyndall no solo modifica la forma del glaciar, sino también las condiciones físicas y ecológicas de su entorno. Los cambios en el aporte de sedimentos, la expansión del lago y la pérdida sostenida de hielo muestran cómo el calentamiento está reconfigurando de manera progresiva los glaciares de la Patagonia.
Magallanes suma más de cinco mil metros cuadrados para producir alimentos bajo invernadero

Beneficiarios de Tierra del Fuego.
Producir alimentos durante más meses del año sigue siendo uno de los principales desafíos para la agricultura de Magallanes, donde el clima, las heladas y el viento reducen fuertemente la temporada productiva. Una nueva inversión de INDAP y el Gobierno Regional busca ampliar esa capacidad mediante 37 proyectos que incorporan invernaderos, salas de proceso y maquinaria en Punta Arenas, Puerto Natales y Porvenir.
Solo en infraestructura de cultivo protegido, las iniciativas suman más de cinco mil metros cuadrados: 2.992 en Punta Arenas, 1.098 en Última Esperanza y cerca de 1.200 en Tierra del Fuego. El objetivo es extender la estacionalidad de los cultivos, mejorar las condiciones de producción y avanzar hacia una mayor disponibilidad de alimentos generados dentro de la propia región.
Es precisamente en Porvenir donde aparecen algunas de las apuestas más particulares. Nidia Silva produce claveles, rosas, lirios y gladiolos, mientras Dante Ortega proyecta cultivar frutillas, lechugas y otras hortalizas en nuevos invernaderos diseñados para enfrentar heladas, nieve y los fuertes vientos fueguinos. En una provincia históricamente dominada por la ganadería, estas experiencias muestran una diversificación gradual de la pequeña agricultura.
El primer llamado del programa destinó más de $212 millones a los 37 proyectos, como parte de un convenio mayor entre INDAP y el Gobierno Regional para fortalecer la agricultura familiar campesina.
La escala todavía es acotada frente a las necesidades de abastecimiento de Magallanes, pero apunta a una tendencia relevante: producir durante una mayor parte del año, diversificar la oferta regional y reducir, aunque sea de manera gradual, la dependencia de alimentos que deben recorrer miles de kilómetros antes de llegar al extremo austral.
Y hasta aquí llegamos por esta semana. Una edición bien austral, entre Antártica, glaciares, turismo y los desafíos de habitar y desarrollar estos territorios sin perder aquello que los hace únicos. Gracias, como siempre, por acompañarnos y leer Aquí Magallanes. Nos reencontramos en la próxima edición.
Como siempre: si tienes algún comentario, duda o información que quieras compartir, puedes escribirme a aquimagallanes@elmostrador.cl.
¡Un abrazo austral!
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