La policía de Río desecha chalecos antibala para cambiar de imagen antes de la Copa Mundial
La policía militar de Río de Janeiro está cambiando su imagen antes de la Copa Mundial del año que viene para suavizar la apariencia de una fuerza que ha estado en la línea de frente de los choques con manifestantes desde junio.
Todos los agentes de la ciudad de Río salvo los de unidades especiales recibirán nuevos uniformes de camisa azul y birrete para reemplazar los chalecos antibalas ligeros que suelen lucir, según Roberto Alzir, subsecretario de megaeventos de la secretaría de seguridad pública de Río. Entre los cambios también se incluye la eliminación gradual de los rifles de los agentes y la capacitación en derechos humanos.
En el país más grande de América Latina se produjeron protestas antes del torneo de fútbol Copa Confederaciones que tuvo lugar en junio, cuando los manifestantes objetaron los gastos en instalaciones deportivas y eventos mientras que los servicios públicos siguen siendo inadecuados. Las manifestaciones continuaron en Río, que será la sede de la final de la Copa Mundial en julio próximo y de los Juegos Olímpicos 2016, y los choques entre la policía y los manifestantes suscitaron más críticas.
“Tenemos que revertir la imagen de Río como una ciudad violenta, aprovechando los grandes eventos para mostrar una nueva realidad que es resultado del trabajo que se inició en 2007”, dijo Alzir en una entrevista en su oficina de Río. “Cambiar la estética es una de las acciones pero no basta”. Unos 8.500 policías de la ciudad de Río recibirán uniformes nuevos, señaló Alzir.
Detención de oficiales
Río tiene menos necesidad de agentes con protección antibalas después de haber expulsado a las facciones criminales y mejorado la seguridad en algunas zonas, según Alzir. La policía de las favelas, donde se han creado puestos de avanzada permanentes como parte de una llamada campaña de pacificación, ya llevan los nuevos uniformes.
Los esfuerzos para mejorar la imagen pública de la policía militar sufrieron un revés en julio. En el mayor barrio de emergencia de América Latina, Rocinha, el albañil Amarildo de Souza desapareció la misma noche en que los policías lo detuvieron para interrogarlo. Las protestas callejeras que motivó el hecho llevaron a una investigación y a que se procesara a 25 oficiales por supuesta participación en la tortura y asesinato de De Souza y el posterior ocultamiento del cuerpo.
Cinco de los oficiales niegan las acusaciones, según el estudio de abogados Marcos Barros Espinola Advogados Associados. La policía militar no accedió a formular declaraciones sobre el caso.
El primer manual de capacitación de la policía militar, publicado el año pasado con el título de “Una nueva era en la seguridad”, incluye un texto sobre derechos humanos y los actos que constituyen tortura. Esta instrucción aún no ha llegado a las calles, según Florinda Lombarda, una de las directoras del sindicato de docentes, cuyos miembros fueron expulsados del Concejo Municipal por la fuerza el 28 de septiembre.
“El autoritarismo de Río de Janeiro quedó al descubierto cuando exigimos una discusión sobre nuestras carreras”, dijo Lombarda en un discurso del 12 de octubre. “Nos trataron como animales”.
“La orientación de los oficiales, el entrenamiento, los vehículos, el equipo de protección individual, la comunicación, todo está siendo revisado en este proceso”, explicó Alzir. “Si miramos la realidad actual, se ha hecho mucho y queda mucho por hacer”.