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Enemigo histórico de Francia extiende alfombra roja a compañías francesas en Gran Bretaña

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El primer ministro británico David Cameron dijo hace 17 meses que iba a “extender la alfombra roja” a los franceses. En las últimas semanas, ha cumplido su promesa.

Los mayores grupos industriales de Francia reciben al otro lado del Canal de la Mancha la bienvenida del enemigo histórico de su país. El 21 de octubre, Électricité de France SA se aseguró un contrato de US$26.000 millones para construir los primeros reactores nucleares de Gran Bretaña en 18 años, lo cual lleva negocios a Areva SA, Alstom SA, Bouygues SA y Groupe Gorgé. El 1º de noviembre, Groupe Steria ganó un contrato de tecnología de la información valuado en 1.000 millones de libras (US$1.590 millones), el mayor de su historia.

Si bien las declaraciones de Cameron de junio de 2012 habían sido un comentario jocoso destinado a atraer a empresarios que enfrentaban los impuestos del entonces flamante presidente, el socialista François Hollande, las compañías francesas descubren que no están excluidas de la hospitalidad británica. En momentos en que según el Fondo Monetario Internacional la economía de Gran Bretaña se dispone a crecer a un ritmo de casi el doble del francés el año próximo, las empresas reciben una ayuda muy necesaria conforme buscan salir de la recesión europea.

“Parece ser una de las pocas economías occidentales que ha recuperado cierto dinamismo”, dijo Emmanuel Babeau, máximo responsable financiero de Schneider Electric SA, que en julio acordó la compra de la fabricante de equipamiento de automatización británica Invensys Plc por 2.400 millones de libras. “El contexto que se creó para las compañías es favorable y permite un aumento de la inversión, algo de lo que Europa occidental carece, dado que sigue estando muy deprimida”.

Viejos enemigos

El apoyo que recibe Francia de su vecino desmiente la espinosa relación de amor-odio que ambos países han mantenido durante siglos. Desde el resentimiento francés por la derrota de Napoleón en Waterloo en 1815 hasta las críticas del ex presidente Jacques Chirac a la cocina británica, las relaciones siempre han sido complejas.

La prensa británica se apresuró a lanzarse contra el tradicional rival de su país, y el Daily Mail lamentó la “pérdida de control (de la energía) a manos de extranjeros” como consecuencia del contrato de EDF.

Para asegurarse de que EDF –con sus socios Areva, la mayor constructora de reactores atómicos del mundo, y dos compañías chinas- invierta 16.000 millones de libras en la construcción de dos plantas nucleares en el sudoeste de Inglaterra, el gobierno de Cameron acordó garantizar precios rentables durante 35 años.

“Los nuevos reactores nucleares transferirán miles de millones de libras por año de los consumidores británicos a Francia y China”, dijo el Telegraph. “Necesitar la aprobación de los presidentes Xi Jinping y François Hollande para seguir teniendo luz es un humillante reconocimiento de la declinación nacional”, señaló el Mirror.

A pesar de las críticas, para las compañías francesas Gran Bretaña se ha convertido en un punto luminoso en una región sombría.

Las empresas de Francia incrementan sus operaciones en Gran Bretaña en tanto Cameron trabaja en la reducción de los impuestos corporativos a 20 por ciento para 2015. Gran Bretaña obtuvo el año pasado 3.300 millones de euros de inversión extranjera directa de Francia, un 12 por ciento del total francés, indican cifras del Banco de Francia. Es casi el doble de las inversiones francesas en China o en Brasil.

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