Casas de empeño transforman el consumo conspicuo en dinero en efectivo
El año pasado, Marc Kaye tuvo un déficit de efectivo. Tenía que pagar la enseñanza en tres universidades –Harvard y Columbia incluidas- y su negocio de seguros no estaba generando comisiones suficientes para cubrir las facturas.
Kaye recordó entonces a un amigo en Londres que, para cubrir un vacío similar, había empeñado su reloj Patek Philippe en una empresa llamada Borro Ltd. A diferencia de las casas de empeño tradicionales, llenas de armas y computadoras personales, Borro presta a cambio de artículos suntuarios. Es el prestamista para el 1 por ciento, informará la revista Bloomberg Pursuits en su número correspondiente a las Fiestas 2013.
Fue así como Kaye, coleccionista de arte, sacó de la pared de su casa en Long Beach, Nueva York, un boceto de Picasso –“Tres mujeres desnudas junto a una ventana”- y se subió al Ferrocarril de Long Island hasta las oficinas de Borro en Manhattan. Al día siguiente, él tenía US$39.500 en su cuenta bancaria, y Borro tenía su Picasso en un depósito asegurado de obras de arte.
“Pagué el préstamo en seis meses y ahora estoy mirando el Picasso”, dice Kaye, de 61 años, en una entrevista telefónica desde su segunda residencia en Delray Beach, Florida. “Los que somos dueños de nuestra propia empresa muchas veces nos quedamos sin efectivo”.
Borro, con sede en Londres, es la creación del empresario británico de la tecnología Paul Aitken, quien tuvo la idea de una casa de empeño elegante cuando en 2007 los depositantes montaron una corrida contra Northern Rock Plc por miedo a que pudiera quebrar. Hasta ese momento, los ricos del mundo habían agotado los Bentleys, los diamantes rosados y montones de relojes costosos, en muchos casos gracias a un crédito barato. Muy pronto, pensó Aitken, buscarían transformar esos activos nuevamente en efectivo.
Expansión estadounidense
El momento fue perfecto. Aitken abrió Borro en agosto de 2008 –un mes antes de que quebrara Lehman Brothers Holdings Inc. Los mercados mundiales colapsaron y miles de trabajadores en la City de Londres dejaron de comprar BMW y comenzaron a guardar las libras. Él se expandió llegando a los Estados Unidos en enero de 2012.
Desde entonces, Aitken ha otorgado préstamos –el plazo normal son seis meses, pero los deudores pueden solicitar una ampliación- con garantía de aretes de brillantes y rubíes Harry Winston (US$315.000), un BMW M5 (US$82.500), un Patek Philippe 5960 (US$30.000) y una acuarela de Salvador Dalí (US$20.000). Para este año, prevé ingresos por US$17 millones –casi el doble de la recaudación de 2012- y el año próximo espera ser rentable.
En septiembre, abrió una nueva y elegante oficina en el centro de Manhattan, nueve pisos más abajo que una más pequeña y anticuada.
Para la mayoría, las casas de empeño implican desesperación. Aitken dice que es diferente en el segmento de alta gama. Muchos de sus clientes son empresarios, artistas del espectáculo y estrellas deportivas. Están acostumbrados a los momentos de auge, a los fiascos y –más probables todavía- a los déficits temporarios de efectivo. “Quienes consumen bienes de lujo son personas que asumen riesgos”, dice Aitken.
Además, si sus clientes estuvieran desesperados, no pagarían como lo hacen, dice. Noventa por ciento de los deudores honran sus préstamos y recuperan sus cosas. Es raro que Borro tenga que retirar un objeto de una caja fuerte o de un estacionamiento protegido para venderlo.