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Feminismo, hembrismo, machismo y humor festivalero

por 27 febrero, 2018

Feminismo, hembrismo, machismo y humor festivalero
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En Chile, el Festival de Viña llega como un hito que nos determina que murió el verano, el descanso, la playa, los happy hour y que inevitablemente se nos aparecerá marzo.

La vuelta al colegio, a la oficina, a los tacos y la rutina.

El festival nos entrega el último suspiro veraniego. Los artistas que pegaron durante el año, los hits bailables, coreables, y, por supuesto, el humor.

Este año, el humor dio que hablar y les guste o no a los hombres que nos tildan de feminazis o a las mujeres que nos ven como una secta que solo quiere sacrificar machos, el humor dio para hablar de las mujeres, feminismo, hembrismo y machismo.

Los primeros ápices del tema, se asomaron con la rutina de Bombo Fica. Hubo críticas a una rutina que a ratos se volvía extremadamente repetitiva, con un Willy Benítez, que pasó de ser una intervención con fin de homenaje, a un relleno algo burdo. Ni hablar cuando se desplegó todo un show dentro del show del humorista, a cargo de Mariela Montero. Ahí la paciencia del Monstruo que lleva años bastante manso, no aguantó más y las pifias asomaron de inmediato.

Este “relleno”, además de resultar un tanto sin sentido, estuvo cargado de falta de humor. De ese humor que tanta expectativa se había creado en torno a Bombo Fica. Pero lo peor, es que venía acompañado de bastantes pasajes descalificativos hacia la mujer, a los estereotipos y a la denigración que podemos estar de acuerdo, en el contexto del “humor”, llevamos años viendo y hasta riéndonos a carcajadas cuando se tomaban el centro de una rutina.

Pero los tiempos han cambiado, somos más críticas y más críticos. Hemos entendido que seguir fomentando rutinas humorísticas basadas en que la mujer es histérica, fea, gorda, ridícula, loca o, por el contrario, extremadamente excitante, sexy o admirable desde lo físico como quien idolatra a una maniquí, ya no nos provoca gracia.

En la segunda noche, tuvimos a Jenny Cavallo y aquí la punta del iceberg se comenzó a asomar a todas luces.

Se habló de HEMBRISMO. ¿Hembrismo? ¿De verdad? Jenny Cavallo hizo una rutina, que a unos habrá sacado más carcajadas que a otros, basando principalmente su show en falencias del sexo masculino, llevadas además a un hombre en específico: su marido dentro de su hogar y la rutina diaria.

Ridiculizó, como ya es costumbre ver en los stand up comedy, el día a día de una mujer a la que partió definiendo como: madre, estudiante, trabajadora y cónyuge. Parodió lo que, desde su abierta mirada feminista, hemos vivido y permitido dentro de nuestras casas y en la crianza con nuestros hijos. Y somos nosotras de las que se burlaba al mismo tiempo que ponía como ejemplo a su marido. De nuestros defectos, de estar esperando el error del otro para enrostrárselo, de tratar a nuestras parejas como si fueran nuestros hijos… y pequeños más encima.

¿Pero hembrismo? ¿Qué rutina vieron los que pudieron señalarla de hembrista si se reía de hombres y mujeres por igual?

Obtuvo gaviota de plata. Su rutina cumplió. Quizás en un bar con un tequila frambuesa me hubiese causado más gracia, pero para Viña, esperábamos más.

La tercera noche nos dejó un Stefan Kramer apocalíptico y con esto no caigo en una comparación, un endiosamiento ni mucho menos en un acto machista, al ponerlo a un nivel superior al de Cavallo.

La experiencia, el histrionismo, la puesta en escena, el profesionalismo y la interpretación, de una rutina que quizás tenía un trasfondo prácticamente idéntico a la de Jenny Cavallo, hizo la diferencia.

Kramer, una vez más, se echó al bolsillo a toda la Quinta Vergara.

No hubo espacio a este apretón de guata que nos invadió las dos noches anteriores, cuando en cualquier momento el monstruo podía despertar.

Y no, ¡no es machista decirlo, como leí por ahí! Como tampoco es más feminista la mujer que es incapaz de criticar a otra mujer sin sentirse culpable. Tampoco es falta de sororidad encontrar que otra fémina hizo mal o bien su trabajo, puesto que ser feminista y querernos entre mujeres conlleva la crítica, siempre que se haga desde el cariño y el respeto a la congénere (como debería ser siempre entre personas del mismo género o no).

Alison Mandel llegó la cuarta noche, con un estilo que ya conocemos y con un tremendo punto a favor: el éxito de No Estoy Loca, la última comedia de Nicolás López, protagonizada por Paz Bascuñán, en la que Mandel hizo reír a todos con su ahora celebre frase de donde hace alusión al olor a… “¡PIÑA!”.

Una rutina de stand up nada muy distinta a la de Cavallo, en argumento, pero muy diferente en cuanto ritmo, lo que denota sus años de experiencia. Mandel se retiró con dos gaviotas, un público agradecido y sus amigas y marido emocionados, según nos mostraban las cámaras, que dicho sea de paso, abusaron de mostrar a público y farándula en vez de los artistas y sus espectáculos.

La penúltima noche de humor estuvo a cargo de la colombiana Alejandra Azcárate. Periodista, modelo de alta costura, animadora y comediante, conocida en su país por sus polémicas, como aquella en que causo gran polémica por representar a Jesús crucificado y semidesnuda.

Se presentó ante la Quinta como “ácida y desagradable”, lo que quedó lejos de su real manera de hacer vibrar al público, con una rutina inteligente y divertida. ¡¡¡Real sorpresa!!! También basada en las falencias de los hombres y las decepciones de las mujeres, quienes tenemos la culpa de formar a hombres con estas carencias de las cuales luego nosotras mismas nos quejamos. Vale decir, que es la primera comediante extranjera que llega a la Quinta Vergara en 20 años.

No amigos, lo que estas mujeres hicieron sobre la Quinta no es hembrismo. Es humor realista, inteligente, elaborado y creado por mujeres desde la nueva visión que tenemos de lo vapuleadas y también, a ratos, ridículas y contradictorias que podemos llegar a ser.

Y no amigas, no es machismo que un hombre se destaque más que una mujer, si esa ventaja la obtuvo de su habilidad, profesionalismo y superior experiencia.

No todo será siempre consecuencia del machismo, como tampoco cada crítica que hagamos será hembrismo o repudio a los hombres. Son los tiempos nuevos, en que las mujeres aceleramos un poco el paso, nos atrevimos a invadir los escenarios que eran exclusivos de los hombres y eso, tomará tiempo en que todos lo logremos acomodar como normal, sin apellidos, sin encasillamientos. El día que no nos definamos como hembritas o machistas, será el día que felices podremos decir que entendimos qué era la equidad de género.

PD: Esta columna fue escrita antes de la exitosa rutina de Sergio Freire, pero valga un reconocimiento por ser el único que se atrevió con otras temáticas.

FOTOS: Agencia Uno

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