viernes, 22 de marzo de 2019 Actualizado a las 08:15

Feminismo y desarrollo rural

por 26 enero, 2019

Feminismo y desarrollo rural

Crédito: Lorena Álvarez

La feminización de la agricultura es hoy en día una restricción para las mujeres rurales. Pero puede ser una oportunidad, para ellas y para la sostenibilidad del mundo rural, la agricultura y la producción de alimentos.
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Para asegurar la equidad de género, aún son muchos los temas en los que es necesario cerrar brechas, mover el cerco y crear conciencia sobre la necesidad de políticas públicas.

En esta agenda feminista, uno de los temas clave -y que lamentablemente está prácticamente ausente del debate- es el de la particular situación que enfrentan las mujeres rurales. Si las mujeres se encuentran en una situación de desventaja relativa respecto de los hombres, las mujeres rurales no sólo lo están respecto de los hombres rurales, sino también de las mujeres urbanas.

El observatorio de género Mujeres y Territorios de Rimisp entrega información alarmante al respecto: la pobreza entre las mujeres rurales es casi el doble que en las urbanas, siendo las más afectadas las jóvenes rurales (una de cada 4 estaba en situación de pobreza al año 2015, según datos de la Encuesta CASEN) e indígenas (que son un 50% más pobres que la media de mujeres a nivel nacional).

Esta superposición de desventajas configura un panorama particularmente complejo para un conjunto de mujeres. Hoy día ser mujer, joven, indígena y vivir en una zona rural de Chile es casi una condena a la vulnerabilidad y la falta de oportunidades.

Evidenciar esta situación y proponer medidas para revertirla, debe ser una prioridad de la agenda feminista que promueve la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pero también, entre las mujeres.
Debe ser también, una prioridad para la agenda de desarrollo.

En Chile, como prácticamente en toda América Latina, la agricultura sigue siendo una de las principales formas de ocupación de los sectores rurales más pobres y de las mujeres.

Mientras que los hombres tienen más probabilidades de diversificar sus fuentes de empleo e ingresos, así como de migrar en busca de mejores oportunidades laborales, son las mujeres y las personas de mayor edad quienes mantienen su dedicación a la agricultura. No obstante, ellas no tienen la propiedad ni el control sobre las tierras que trabajan, pues lo hacen en calidad de temporeras, o como trabajadoras no remuneradas en tierras que pertenecen a sus padres, parejas o familiares (hombres).

La feminización de la agricultura es hoy en día una restricción para las mujeres rurales. Pero puede ser una oportunidad, para ellas y para la sostenibilidad del mundo rural, la agricultura y la producción de alimentos. Pero -como lo señala un reporte del Banco Mundial del año 2016- el grado en que el creciente rol de la mujer en la agricultura puede contribuir al empoderamiento de las mujeres, está fuertemente vinculado con la posibilidad de que ellas consigan incrementar su control sobre los recursos del hogar y sobre la toma de decisiones, así como sobre la posibilidad de que esta mayor autonomía trascienda la esfera doméstica y convierta a las mujeres en sujetas activas de su desarrollo y el de sus territorios.

Eso es doblemente positivo. Positivo para las mujeres rurales como para el desarrollo rural.

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