Opinión
El diputado Leandro Kuntsmann (Oscar Guerra/AgenciaUno)
De las 40 horas a una jornada de 24 horas de lunes a miércoles
En una de esas, a Kuntsman y los otros nueve diputados que se fueron de vacaciones en una semana que está considerada dentro de su jornada de trabajo, quizá se les ocurra enviar un proyecto para bajar la jornada laboral de 40 a 24 horas, que es lo que significa trabajar de lunes a miércoles.
Debe ser uno de los argumentos más torpes que ha dado una autoridad elegida por voto popular, en muchos años, para justificar su ausencia al trabajo. Y no es poco mérito, considerando la cantidad de explicaciones que hemos escuchado de parlamentarios que no asisten a las sesiones o que viajan al extranjero, a sospechosos encuentros o seminarios en el Caribe, Europa o Miami. Sin ir más lejos, hace solo unos días, el diputado del PDG Patricio Briones justificó su ausencia a la Cámara por cuatro días, porque había viajado a Argentina a comprarse ropa, debido a su envergadura física.
Leandro Kuntsmann Collado es diputado del Partido Republicano por la Región de Los Ríos. “Creemos en el orden, el respeto y el trabajo bien hecho”, repetía en su campaña, rematando con la frase cliché “Valdivia merece autoridades que sirvan y no se sirvan”.
Kuntsmann es considerado del ala dura y confesional de los republicanos, tanto así, que suele invocar a Dios en casi todos sus argumentos. El médico veterinario no es nuevo en la política. Ejerció como concejal por la UDI e intentó ser alcalde de Valdivia, sin éxito. Es uno de los fundadores del partido de Kast en la región y la verdad es que, hasta ahora, no tenía un perfil público muy destacado, salvo por un caso judicial -en que llegó a un acuerdo fuera de los tribunales- en que fue acusado por hurto y receptación (2023) por Fernanda Pérez, debido a que el parlamentario retiró unos contenedores de su propiedad, sin autorización.
Sin embargo, y luego que Meganoticias diera a conocer un listado de nueve diputados que viajaron al extranjero en el contexto de la semana distrital, el diputado por Valdivia salió de inmediato a contra atacar. Su actitud dejó en evidencia no sólo la falta de autocrítica, sino más bien la normalización que un grupo importante de parlamentarios le otorga al hecho de que pueden faltar al Congreso -a su trabajo- cuando les parece. A la base, pareciera existir una especie de autoimagen de personas que gozan de derechos que están, definitivamente, sobre el resto de los chilenos. Por supuesto, son personas importantes.
Kuntsmann, demostrando una escasa habilidad política y comunicacional, hizo gala de un estilo que ya parece estar afianzándose entre los republicanos: meter la pata en secuencia. No cabe duda de que el partido aún no se acostumbra a navegar en el poder. Sin duda, era más fácil ser opositor a quienes estaban antes en La Moneda -Piñera y Boric-, y de ahí que se fueron acostumbrando a la crítica ácida, la ironía y un cierto aire de superioridad.
Eso explica la reacción inicial del parlamentario. Argumentó -molesto- que su trabajo parlamentario era entre “lunes y miércoles” y de ahí que no le veía ningún problema a su viaje al Caribe. Agregó además, tener “derecho a la vida privada”. Una actitud arrogante, soberbia.
Sin embargo, con el paso de las horas, se dio cuenta del error y lo desafortunado de la frase y dio un punto de prensa para disculparse. Pero, más que aclarar el hecho, lo que hizo fue el despliegue de un relato ideológico que marcó aún más la diferencia con el resto de los chilenos.
“Yo primero respondo a Dios y luego a mi familia”, señaló, para graficar su escala de prioridades y la razón por la que optó por República Dominicana en vez de concurrir a su trabajo, como lo hacen día a día millones de trabajadores. Como si no bastara, hizo un extenso discurso acerca del cumpleaños de su padre y el viaje con otras 15 personas de su familia a celebrarlo, como si eso fuera el cumpleaños tipo de un chileno promedio.
Más allá de la torpeza de Kuntsmann, que lo único que hace es dejar en evidencia ante la ciudadanía los privilegios de que gozan los integrantes de la institución peor evaluada de todas (el parlamento), el episodio demuestra la escasa autorregulación de quienes tienen la responsabilidad de redactar las leyes que rigen al resto. Parlamentarios que viajan permanentemente al extranjero (solo en 2024 lo hicieron 66 de los 155, gastando 222 millones en viáticos y 194 millones en pasajes) asistiendo a eventos irrelevantes, honorables que en horario de trabajo se pasean por programas matinales, o diputados -como lo dejó en evidencia en su momento Lavín Jr.- que entran a la sala por 15 segundos a marcar su asistencia y se retiran, o sesiones importantes que no se pueden realizar por falta de quórum.
Y si nuestros parlamentarios no son capaces de ver el impacto que producen en la gente sus conductas, son los ciudadanos los que deben castigarlos en las épocas de elecciones. ¿Qué pensara un obrero, un cajero, un chofer de transporte, un auxiliar paramédico, un Carabinero, una profesora que para hacer un trámite administrativo o acompañar a su hijo al médico debe pedir permiso sin goce de sueldo? ¿Entenderán Kuntsmann, Ramírez (UDI), Cretton (UDI), Brito (PDG), Winter (FA), Araya (Republicano), Schönhaut (FA), Mora (RN), Pardo (RN), Ossandón (RN) y Hotuiti Teao (Evopoli) que a un trabajador chileno que no llega a trabajar se le descuenta de su salario la ausencia y corre el riesgo de ser despedido?
En momentos que un sector del oficialismo levanta el grito al cielo contra la jornada de 40 horas, argumentando que esto solo ha traído consecuencias en la economía y el empleo, un grupo de parlamentarios le comunica a la sociedad chilena que ellos son superiores, estando por sobre el resto, y que tienen la flexibilidad de ejercer su labor sin fiscalización ni sanción alguna.
Bueno: en una de esas, a Kuntsman y los otros nueve diputados que se fueron de vacaciones en una semana que está considerada dentro de su jornada de trabajo, quizá se les ocurra enviar un proyecto para bajar la jornada laboral de 40 a 24 horas, que es lo que significa trabajar de lunes a miércoles. No es mala idea.
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