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América Latina: defensoras de los derechos humanos, víctimas por partida doble

por 11 marzo, 2020

DW
América Latina: defensoras de los derechos humanos, víctimas por partida doble
Ser mujer y defensora de los derechos humanos, los pueblos indígenas o la tierra es una combinación peligrosa. Y más en América Latina. A las amenazas, las detenciones y las agresiones se suma la violencia sexual.
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Cristina Auerbach lucha en México por los derechos de los mineros del carbón. En Honduras, Rosa Santamaría levanta la voz por las mujeres campesinas y su derecho al territorio. Ninfa Cruz denuncia las violaciones a los derechos humanos en medio del proceso de paz en Colombia.

Su lucha, destacada por la organización Peace Brigades International, se suma a la de otras activistas que arriesgan la vida día a día en diferentes países de América Latina, una de las regiones más peligrosas para las mujeres defensoras. Aquí confluyen dos realidades que multiplican el riesgo.

Según datos de CEPAL, 14 de los 25 países con más feminicidios son latinoamericanos. Al mismo tiempo, en la región ocurre el mayor número de asesinatos a defensores en el mundo, el 68%, de acuerdo con datos de la organización Front Line Defenders (FLD).

"En esta región enfocada en el extractivismo, surgen conflictos por la tierra, el acceso a los recursos naturales, el medio ambiente y los derechos de los pueblos indígenas. Y son las mujeres las que están en la primera línea de defensa de esos derechos. Ellas además enfrentan la cultura machista y patriarcal y la agenda conservadora que ha tomado fuerza política en América Latina”, dice a DW Simon Ticehurst, director regional de Oxfam en América Latina y el Caribe. El asesinato de la líder hondureña Berta Cáceres, ocurrido en 2016, es un caso emblemático.

El asesinato de la líder hondureña Berta Cáceres, en 2016. (picture alliance/AP Photo/F. Antonio)América Latina es una región peligrosa para las mujeres que se atreven a levantar la voz por los derechos de sus comunidades. El asesinato de la líder hondureña Berta Cáceres, en 2016, lo confirma.

"En América Latina hay una creciente restricción sobre el espacio de la sociedad civil y un aumento de las violaciones a los derechos humanos, todavía más en Brasil y en Colombia. Dentro de los defensores, algunos sectores tienen más riesgo. Las mujeres lideresas, indígenas o quienes defienden derechos sexuales y reproductivos son más vulnerables”, agrega Ticehurst.

Según el informe Análisis Global 2019, de FLD, el año pasado se evidenció una gran hostilidad contra las defensoras. También en espacios virtuales. Activistas y periodistas enfrentaron "campañas de difamación, amenazas sexuales y de muerte y ciberacoso tras expresar su preocupación por las nuevas políticas gubernamentales”, detalla FLD.

Asimismo, la organización denuncia ataques que conllevan violencia sexual y difamación misógina contra defensoras y organizaciones que promueven los derechos reproductivos y LGTBI+ y luchan contra la violencia sexual en Argentina, Brasil, Chile, El Salvador, Guatemala, México y Nicaragua.

Zona de peligro

Entre los seis países más letales para hombres y mujeres defensores, cinco son latinoamericanos, según datos de FLD. De los 304 asesinados a nivel mundial en 2019, la mayoría fueron colombianos (106). También figuraron de Honduras (31), México y Brasil (23 cada uno) y Guatemala (15).  El 13% de los defensores asesinados fueron mujeres.

La violencia contra defensoras en América Latina se expresó mayoritariamente en agresiones verbales, detenciones, arrestos, agresiones físicas y acciones legales, en un año marcado por protestas, crisis políticas, sociales y ambientales, así como elecciones y conflictos por proyectos extractivos y ambientales.

Sarah Dee Shenker, investigadora de Survival International, conoce de cerca la realidad de las defensoras de pueblos indígenas que luchan por el derecho a la tierra. Como Máxima Acuña, líder indígena de Perú, que se enfrenta a una empresa minera, o Damiana Cavanha, indígena guaraní en Brasil, expulsada de sus tierras debido al cultivo de caña de azúcar y soya.

Damiana Cavanha lucha por recuperar sus tierras ancestrales. (Survival International)Damiana Cavanha lucha por recuperar sus tierras ancestrales. Actualmente vive con su comunidad en un pequeño terreno sin agua limpia, junto a una carretera, donde los camiones pasan a gran velocidad. Su marido y tres hijos murieron atropellados.

"En comunidades indígenas, no sólo los hombres están luchando. En muchos casos las mujeres también están en la línea de frente. Por ejemplo, entre los Guardianes de la Amazonía hacen expediciones en la selva para ver dónde hay madereras ilegales, lo que es muy peligroso”, dice Shenker a DW.

Amenazas de intereses económicos y estados
"¿Cuál es el trabajo más peligroso del mundo? Ser defensora de la tierra y el medioambiente”. Con estas palabras, la campaña "Juntas Somos Victoria”, de Oxfam y otras organizaciones en Colombia, busca crear conciencia sobre la realidad de "mujeres campesinas, indígenas y afrocolombianas amenazadas y asesinadas por quienes tienen intereses económicos, legales e ilegales”.

La iniciativa busca que el gobierno garantice medidas de prevención y protección efectivas para las defensoras. Según Oxfam, 55 defensoras de la tierra y el medio ambiente fueron asesinadas entre 2016 y 2019 en Colombia y las agresiones contra ellas casi se habían duplicaron en el primer trimestre de 2019.

La violencia contra defensoras se ha intensificado en Colombia. (Reuters/L. Gonzalez)La violencia contra defensoras se ha intensificado en Colombia. La campaña Juntas somos Victoria busca que el gobierno asegure protección a las líderes y activistas.

En México y Centroamérica, la Iniciativa Defensoras Mesoamericanas de DDHH denuncia una verdadera epidemia en la región: "los ataques contra mujeres defensoras no sólo se han duplicado en 2017-2018 con respecto a 2015-2016, sino que este aumento progresivo de violencia parece determinar una tendencia”.

Según un estudio de la organización, entre 2017 y 2018, al menos 3305 mujeres defensoras sufrieron agresiones, la mayoría de parte de "funcionarios de los estados mesoamericanos, que perpetran siete de cada diez ataques contra defensoras”.

Los datos confirman que estas líderes sufren agresiones repetidas, por ser mujeres y por ser defensoras, ya sea descalificación, violencia sexual, violencia por parte de la pareja, hostigamiento psicológico, campañas de desprestigio y criminalización, entre otras formas. Muchas de estas agresiones, denuncian las organizaciones, quedan en la impunidad.

Ticehurst destaca que "el movimiento feminista tiene una gran fortaleza en toda América Latina. Pero también está dando una lucha que va más allá de la reivindicación de los derechos de las mujeres. Son la fuerza política que está contestando al modelo patriarcal arraigado en la región y también al modelo económico que genera desigualdad, exclusión y reproduce la pobreza”.

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