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Gobierno de excelencia: caen 32 seremis, dos ministras y cinco subsecretarios en 145 días Opinión

Gobierno de excelencia: caen 32 seremis, dos ministras y cinco subsecretarios en 145 días

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Germán Silva Cuadra
Por : Germán Silva Cuadra Psicólogo, académico y consultor
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En apenas 145 días, 39 autoridades han dejado el Gobierno de José Antonio Kast. La promesa de un “equipo de excelencia” choca con renuncias, escándalos y errores que revelan el costo de gobernar tras años de oposición y promesas radicales.


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El chiste forma parte de la rutina del jueves pasado de Yerko Puchento en El Club de la Comedia: “Han salido más seremis que migrantes”. Por cierto, es una ironía entre las muchas que circularon en programas de televisión y redes sociales, luego de que en solo tres días abandonaran el Gobierno el subsecretario de Hacienda y tres seremis, uno de ellos a pocas horas de ser formalizado y detenido por la violación de una trabajadora sexual en Magallanes.

Sin duda, una paradoja después de que el gobernante prometiera durante la campaña que tendría un “gobierno de excelencia”, en comparación con el de su antecesor.

Por supuesto, las 39 autoridades que han abandonado el barco no caben en el mismo saco. A las exministras Steiner y Sedini se les pidió la renuncia después de su pésimo desempeño, batiendo el récord del cambio de gabinete más rápido implementado en democracia. Lo mismo ocurrió con los exsubsecretarios Andrés Jouannet y Ana Victoria Quintana, a petición del recién asumido ministro de Seguridad.

Rafael Araos, de Ciencias, y Daniela Castro, de Mujer y Equidad de Género, en cambio, presentaron sus renuncias como una crítica a los estilos autoritarios de sus respectivas ministras.

El caso de Juan Pablo Rodríguez, exsubsecretario de Hacienda, es más delicado. Al economista se le pidió la renuncia luego de que diera positivo en un examen de drogas. Aunque Rodríguez ha negado consumir sustancias ilícitas, lo cierto es que se convirtió en un misil para el Ejecutivo, principalmente porque la autoridad estuvo, ni más ni menos, a cargo de conducir gran parte de la megarreforma del Gobierno.

Aunque ambos hechos no están relacionados, esto dio pie a cuestionamientos políticos, como el formulado por el diputado Manouchehri, quien sostuvo que el subsecretario había conducido el proyecto estrella de Kast “bajo el efecto de las drogas”. Claro que el parlamentario se pasó un par de pueblos y dejó, una vez más, muy mal parado a un mundo político que dispara sin asumir ninguna responsabilidad.

Ahora la teleserie podría tener un giro, luego de que Rodríguez presentara nuevos resultados negativos ante la prensa el viernes, un día después de que un laboratorio afirmara que había obtenido dos muestras positivas. Para agregar más condimentos al caso, pocas horas después de la comunicación pública del exsubsecretario comenzó a circular en el Gobierno que el laboratorio no cumpliría con las estrictas normas que utiliza Senda.

Entre los 32 seremis encontramos una mayor variedad de razones para abandonar el Ejecutivo, pero todas parecieran tener un factor en común: la pobreza de los perfiles con los que se llenan estos cupos en las regiones, precisamente en cargos de alta trascendencia si se considera la descentralización del poder.

Aquí se han batido todo tipo de récords en comparación con las administraciones anteriores, desde 1990 hasta la fecha. Desde el comienzo del Gobierno vimos a designados que no alcanzaron siquiera a asumir el cargo; otros que duraron menos de 24 horas; y unos cuantos que renunciaron antes de cumplir un mes debido a la “baja renta”.

Luego siguieron los casos de personas con problemas con la justicia, maltrato, acoso laboral y denuncias bajo la Ley Karin. También aparecieron operadores políticos que buscaban llenar cupos técnicos con militantes republicanos. ¿Se acuerdan de cuando Cristián Valenzuela, asesor directo del Presidente, denunció este tipo de prácticas durante el Gobierno de Boric y llamó “parásitos” a sus responsables?

Todo terminó por rematar en el sórdido episodio protagonizado por Fabián Barrientos Andrade, exseremi de Salud de Magallanes. Carabineros acudió a su domicilio después de que protagonizara una riña vinculada a un desacuerdo por el pago de servicios sexuales y constató que Barrientos se encontraba bajo los efectos del alcohol. Seremi de Salud ejemplar…

No cabe duda de que el Gobierno del Presidente José Antonio Kast ha debido enfrentar un verdadero choque con la realidad durante estos 145 días. Acostumbrado durante casi 20 años a ser opositor y, por lo tanto, a abusar de la crítica ácida contra los gobiernos de Bachelet, Piñera y Boric, el Mandatario ha tenido que enfrentar los mismos problemas frente a los cuales prometió hacer todo de manera distinta.

Por ejemplo, cuando fue asesinado el carabinero Marcos Cosme, las redes sociales recordaron las brutales frases con las que el entonces candidato Kast desafió a Gabriel Boric en situaciones similares: “No más discursos ni palabras: Kast emplazó al Presidente tras muerte de carabinero”; “Kast califica de ausente, negligente e incapaz al Gobierno tras muerte de carabinero baleado fuera del Teatro Caupolicán”; “Kast pide declarar Estado de Sitio tras asesinato de carabinero en Cañete. Emplazó a remover a ministra del Interior y subsecretario”.

Lo mismo ocurrió con la muerte de dos estudiantes a manos de compañeros de colegio y con las amenazas del embajador estadounidense por las declaraciones de algunos ministros, a raíz de la aplicación unilateral de aranceles.

Unos meses antes de asumir su mandato, Kast fue durísimo con el Gobierno de Boric cuando un estudiante apuñaló y dio muerte a una inspectora en Calama y se conocieron las amenazas de Estados Unidos por el famoso cable a China. El actual Mandatario señaló entonces que el Gobierno había fracasado en su política educacional y que no entendía cómo la Cancillería se había dejado “sorprender” por las posibles sanciones.

Un déjà vu casi calcado de lo ocurrido la semana pasada, pese a que Pérez Mackenna había estado con Marcos Rubio diez días antes —en una reunión que calificó de “extraordinaria”— y se enteró del arancel del 12,5 %… por la prensa.

Nadie dice que gobernar sea fácil en un país donde los chilenos se comportan más como clientes que como ciudadanos y en el que llevamos más de 12 años con presidentes que, según todas las encuestas, registran más rechazo que aprobación desde el primer mes en que toman las riendas de La Moneda.

Por cierto, el exceso de promesas radicales —del tipo “se les acabó la fiesta a los delincuentes”— en que incurrió Kast durante la campaña generó expectativas desmedidas. Entre ellas, la expulsión de 360.000 migrantes “desde el día uno”, que después el Mandatario aclaró que había sido una hipérbole; el “plan implacable”; o la “tolerancia cero a la delincuencia”.

Eran frases de marketing, por cierto, pero la gente las interpretó como promesas que iban a cumplirse. El país de hoy no es muy distinto al que teníamos hace un año: los asesinatos y crímenes siguen ocurriendo a diario, el desempleo se igualó al que teníamos durante la pandemia y el crecimiento continúa siendo negativo por quinto mes consecutivo —dos corresponden a la era Boric y tres a la de Kast—.

Y, claro, la promesa del “equipo de excelencia” también queda en esta misma categoría cuando constatamos que 39 autoridades han debido abandonar el Gobierno en poco más de cuatro meses.

Todas estas realidades demuestran que los futuros postulantes deben actuar con mayor prudencia cuando son oposición, sin importar su color político. De lo contrario, se corre el riesgo de que los aterrizajes sean forzosos, de que los ciudadanos-clientes comiencen a enfurecerse y, lo que es peor, de que terminemos con un próximo presidente populista que lance por la borda el sistema democrático chileno.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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