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Yo opino

Adultocentrismo-crianza consciente 

por 3 noviembre, 2020

Adultocentrismo-crianza consciente 

Créditos: Foto de @crianzayconsciencia

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¿Cuánto tiempo nos hemos detenido a escucharnos? Escuchar cuánto hablamos, cuándo hablamos, qué hablamos y lo que demoramos en ser coherentes entre lo que decimos y luego hacemos tras lanzar un puñado de palabras que si bien se supone están dirigidos en enseñar, al final cumplen la función opuesta? ¿Acaso existe en medio de esa pausa reflexiva el espacio a la autocrítica y la empatía?

Me surgen preguntas constantes, me llegan respuestas diversas y es que comunicarse con niños, niñas y adolescentes es un arte. Los matices que nacen entre miradas, gestos, abrazos, disgustos, incomodidades y amor es lenguaje difícil de traducir para quién no ha tenido el placer de sumergirse en sí mismo para explorar la ambivalencia.

El adultocentrismo es patriarcal y está perdiendo cabida, se está ahogando solo. A flote nos salvaremos por respeto y amor a las infancias que fueron, que están y que vendrán.

La infancia invisible, anulada, nublada, bloqueada, que tanto necesitamos recuperar, que tan bien nos hace, que nos ha convenido silenciar por miedo a su sabiduría y percepción ante este mundo frío, rápido y frenético. Que no quiere ver, que no quiere enfrentar, que no se permite el placer genuino y que le atemoriza tanto la simplicidad y lentitud de la vida que nace en esos cuerpos nuevos.

¿Cuánto hemos perdido al no darle espacio a las infancias? Porque hemos perdido, de eso si que estoy segura. Pero hoy me convenzo con la convicción de que no hay precedente en este camino de crianza que no venga cargado de cuestionamientos profundos tiempos y espacios en donde por fin nos reconciliemos con los bebés, niños, niñas y adolescentes de esta sociedad y de este mundo.

El adultocentrismo es patriarcal y está perdiendo cabida, se está ahogando solo. A flote nos salvaremos por respeto y amor a las infancias que fueron, que están y que vendrán. El camino se está empezando a emparejar, por fin y espero sentada en primera línea a que esos pedazos de rabia y dolor caigan para ser reconstruidos desde la consciencia, coherencia, el feminismo y el poder colectivo que nos atraviesa a todos en esta lucha por la horizontalidad de las relaciones que estamos aprendiendo a tejer una vez más. Espero que esta nueva constitución, de este nuevo Chile que construiremos, realmente ponga a los niños primero.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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