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La masculinidad del funado

por 27 enero, 2021

La masculinidad del funado
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La “funa” como fenómeno social, surge en la última década con el crecimiento del Movimiento Feminista y la visibilización de la violencia machista en todas sus formas. Diferentes páginas en redes sociales se han creado con este fin: funar a machitos abusadores; bajo la consigna de “sino hay justicia, hay funa”. Y es que la funa viene ser un acto de condena social y a la vez de sororidad cuando la Justicia, una vez más, nos ha fallado.

Hay un discurso poco populista que se refiere a los hombres que han sido funados y que causa curiosidad en cómo perciben sus masculinidades. La mayor parte de las veces desde una posición de privilegio, que no resiste la interpelación de una voz, una que no están dispuestos a escuchar. Por lo tanto, las masculinidades han tomado dos posturas en torno a la interpelación feminista: haciéndose cargo o cuestionando de manera cerrada.

Existe una dificultad para percibir objetivamente los privilegios, sobre todo  cuando se vive inmerso en ellos.

Generalmente desde su posición privilegiada, tienden a responder tratando de equiparar la discusión a través de comparaciones absurdas (de las cuales extraen conclusiones erradas), en vez de internalizar o reflexionar sobre lo que se les está planteando.  Existe entonces existe una dificultad para percibir objetivamente los privilegios, sobre todo  cuando se vive inmerso en ellos, siendo importante destacar que, muchos de los privilegios masculinos no son privilegios en sí, sino que se transforman en privilegios cuando a nosotras se nos vulneran los derechos.

En ese sentido, debemos revisar la masculinidad, teniendo en cuenta que: vivimos en una sociedad donde el androcentrismo se encuentra presente en cada aspecto de nuestra vida; y que las relaciones asimétricas garantizan un rol dominante de los hombres  y una posición  subordinada de nosotras las mujeres.  Sin embargo, poco nos cuestionamos por la subjetividad de los hombres, por sus prácticas, por los modos en que vivencian las relaciones de opresión y cómo se construyen sus masculinidades. La masculinidad parte desde la forma en que se define la lógica binaria respondiendo a parámetros establecidos en una sociedad heteronormada y jerarquizada, en la que se premian actitudes y conductas, siendo sometidos a constante evaluación vinculada con relaciones de dominación, incluso, entre ellos mismos.  Por lo tanto, las consecuencias de la violencia machista no se limitan solamente hacia mujeres y disidencias, sino que se extienden  también hacia ellos como seres humanos.

Para finalizar, los hombres no necesitan adherirse al movimiento feminista, sino que simplemente requieren autocuestionarse e incorporar lo que se interpela, a través de la deconstrucción del propio discurso para develar y analizar de forma crítica los valores patriarcales, dando paso a acciones y reflexiones colectivas que permitan desalojar conceptos hegemónicos,  reconociendo la invisibilización histórica hacia las mujeres y también entender hasta qué punto han sido reproductores de lógicas de opresión.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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