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El manifiesto de Palantir: una guía para entender cómo opera el tecnopoder MUNDO Archivo

El manifiesto de Palantir: una guía para entender cómo opera el tecnopoder

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Carlos Basso Prieto
Por : Carlos Basso Prieto Unidad de Investigación El Mostrador
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Se trata de un resumen en 22 puntos del libro de Karp y Zamiska, donde se plantean ideas como que “la era atómica está llegando a su fin” y que “es necesario revertir el debilitamiento de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial”, entre otras cosas.


Miles de comentarios en redes sociales y en las cadenas internacionales, además de reportajes de todo tipo generó, a partir del 18 de abril pasado, un extenso posteo en la red social X de la empresa de inteligencia artificial Palantir, propiedad del multimillonario Peter Thiel y cuyo CEO y confundador es el también billonario Alexander Karp, la cual se encuentra detrás del software de inteligencia artificial (IA) Gotham, que usan –entre otros– el Ejército de Israel, la agencia de inmigración ICE, la CIA y otra organizaciones del mundo de la defensa y la inteligencia.

Thiel –como ya ha informado El Mostrador– no solo fue socio de Elon Musk en los inicios de Pay Pal, sino que también fue el principal financista de la campaña a senador del actual vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, y además es uno de los principales impulsores de lo que se denomina “La ilustración oscura”, movimiento creado por ingenieros informáticos que propone que los Estados democráticos deberían dar pie a verdaderos feudos manejados por gerentes. Hace pocos días estuvo en Argentina, donde se reunió con el presidente de ese país, Javier Milei, y gracias a un posteo de José Piñera se supo que también estuvo en Chile.

Karp, por su parte, estudió filosofía (fue alumno de Jürgen Habermas) y coescribió junto a Nicholas Zamiska (jefe jurídico de Palantir) el libro La república tecnológica: poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente, publicado el año pasado en Estados Unidos, que se convirtió en el número 1 de los libros más vendidos del país, durante varias semanas.

En su introducción, los autores plantean sin ambage que el sector tecnológico debe estar unido al Estado, especialmente en materia de defensa, pero critican que “no está claro, sin embargo, que las empresas tecnológicas que construyen estas nuevas formas de IA vayan a permitir que se utilicen con fines militares. Muchas dudan, cuando no se oponen rotundamente, a colaborar con el gobierno de Estados Unidos”.

Lo anterior parece haber sido una suerte de vaticinio de lo que sucedió en marzo de este año, cuando la compañía Antrophic (creadora de la IA Claude) se negó a entregar acceso ilimitado a su herramienta al Pentágono, tras lo cual el secretario de Defensa de EE.UU., Pete Hegseth, calificó a la empresa como “un riesgo en la cadena de suministros”, calificación que –como recordó la BBC– se reserva para firmas que son sospechosas de cooperar con aparatos de inteligencia estatales, como sucede con la china Huawei o la rusa Kaspersky.

Donald Trump, fiel a su estilo, no usó un eufemismo: “Estados Unidos nunca permitirá que una empresa de izquierda radical y woke dicte cómo combate y gana guerras nuestro gran ejército”.

El momento

El posteo de Palantir que generó tanto revuelo es un resumen en 22 puntos del libro de Karp y Zamiska, el cual plantea ideas como que “Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su auge”, “la cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito”, “el servicio militar obligatorio debería ser un deber universal” y “si un infante de marina estadounidense pide un fusil mejor, deberíamos fabricarlo, y lo mismo ocurre con el software”.

Asimismo, dice que “la era atómica está llegando a su fin” y que “es necesario revertir el debilitamiento de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial”, entre otras cosas.

El posteo se produjo justo en momentos en que llegaba a un peak la pugna entre el presidente Trump y varios personajes que antes eran sus acérrimos seguidores (como Tucker Carlson o Alex Jones). Al mismo tiempo, cobraba protagonismo el vicepresidente JD Vance, debido a su papel en las negociaciones con Irán. Además, Peter Thiel se hallaba en medio de su gira, en la cual, entre otras cosas, dijo que el Anticristo es el progresismo.

Al respecto, consultado sobre por qué Palantir decidió hacer ese posteo en medio de ese contexto, el Dr. en Filosofía Francisco de Lara, profesor de las universidades Adolfo Ibáñez y de Chile, señala que los tres aspectos son relevantes, aunque precisa que “quizá se pueda especular con que el manifiesto reposiciona a Palantir”, en el sentido de mostrar a la compañía no solo como “contratistas de defensa, sino arquitectos intelectuales del nuevo orden occidental“.

A ello, De Lara añade un detalle importante: que lo anterior puede ser “con o sin Trump”, pues “recordemos que la carta de Thiel es Vance” y en dicho sentido “puede ser un manifiesto político y a la vez para inversores”.

Del mismo modo, puntualiza que además hay “no poca competencia por ser el proveedor de defensa mundial en esta nueva era” y que al mismo tiempo los guiños a Japón y Alemania se pueden entender como un mensaje al estilo “cuenten con nosotros para la remilitarización“.

Silicon Valley

A su vez, el Dr. en Ciencias, Tecnologías de la Información y Comunicación Carlos Navarrete, académico de la U. de Concepción y experto en inteligencia artificial, plantea que “pienso que es una mezcla entre un manifiesto político, más alineado con movimientos como MAGA, y una respuesta directa a Anthropic, que se restó de quitar restricciones a su modelo Claude en temas de vigilancia. Por lo mismo es que el manifiesto parte directamente apuntando contra Silicon Valley”.

En dicho sentido, indica que “no creo que sea algo espontáneo, sino más bien apunta contra las empresas de IA como Anthropic, Google u OpenAI, y a sus potenciales baneos del uso de IA para fines de supervigilancia”, apuntando a que “de hecho, lo veo como una respuesta al proyecto Glasswing de Anthropic, donde anuncian que tienen un modelo de IA tan potente, que puede poner en riesgo la seguridad de software”.

Por su parte, el director del Observatorio Internacional de la Universidad Finis Terrae, Alberto Rojas, detalla que “lo central es el contexto en que aparece el posteo. Hoy, el sistema internacional está atravesando una fase de transición inestable: la guerra en Ucrania ha demostrado el peso decisivo de la tecnología en el campo de batalla y en Medio Oriente el conflicto se expande de forma controlada hacia espacios como el mar, y Estados Unidos proyecta señales ambiguas entre contención, negociación y uso de la fuerza. A eso se suma un elemento clave: la fragmentación interna del debate estratégico en Washington. No hay una doctrina clara y compartida sobre cómo ejercer el poder en esta nueva etapa. Y ese vacío es precisamente el espacio en el que interviene Palantir”.

Por ello, “considero que el manifiesto no está dirigido al público general, sino a las élites políticas, militares y tecnológicas. Es una propuesta de cómo debe organizarse el poder en el siglo XXI”.

Así, coincide con De Lara: “No es propaganda, sino un intento de definir doctrina. Y ahí aparece el punto más relevante: Palantir ahora no se presenta como proveedor del Estado, sino como actor que participa en la definición de la estrategia misma”.

Respecto del quiebre entre Donald Trump y sus antiguos adherentes, indica que “forman parte del contexto, pero no como detonantes directos, sino como síntomas de algo más profundo. Lo que estamos viendo es la fractura del campo America First en varias corrientes: una más aislacionista, otra más orientada a la competencia estratégica con potencias rivales, y una tercera –donde encaja Palantir– que apuesta por un ‘tecnonacionalismo’, donde la ventaja decisiva proviene de la inteligencia artificial, los datos y la integración entre Estado y sector tecnológico”.

Y ahí surge una figura clave, la de JD Vance, la que, a juicio del experto, “representa una generación política que ya no separa tecnología y poder estatal, y cuya influencia creciente –por ejemplo, en Irán– sugiere que la política exterior estadounidense está siendo reformulada bajo esa lógica”.

Sin embargo, apunta a que “más estructural aún es el rol de Peter Thiel, porque como cofundador de Palantir y articulador intelectual de este ecosistema lleva años planteando que Occidente enfrenta un momento crítico. Sus intervenciones recientes apuntan a la necesidad de abandonar el optimismo liberal clásico y asumir una lógica de competencia existencial. Entonces, el manifiesto encaja perfectamente en ese marco, proponiendo más capacidad de coerción, más integración tecnológica y una élite dispuesta a ejercer poder de forma más directa”.

Por ello, finaliza Rojas, “esta es una señal de que actores como Palantir se perciben a sí mismos como coarquitectos del orden occidental en un escenario de guerra fragmentada, donde la tecnología –más que la geografía o incluso las armas tradicionales– empieza a convertirse en la principal fuente de poder”.

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