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Lenguaje inclusivo y género: "Su negativa evidencia la hegemonía falo-céntrica propia de la lengua"

por 23 marzo, 2022

Lenguaje inclusivo y género: «Su negativa evidencia la hegemonía falo-céntrica propia de la lengua»

Créditos: Foto de EFE

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El lenguaje es un instrumento que nos ayuda a construir nuestra identidad y realidad. En la actualidad, existe un acalorado debate en torno a la adopción del lenguaje inclusivo. Este último facilitaría la inclusión de ambos géneros en palabras que se asumen naturalmente bajo la hegemonía de lo masculino, evidenciando así la hegemonía falo-céntrica propia del lenguaje. La controversia sobre el lenguaje inclusivo se ha transformado en una forma de apropiación identitaria y subjetiva que no se circunscribe en la normativa consensuada. Excluir a alguien de esta construcción lingüística significa negarle las posibilidades de autorrepresentación.

Oponerse a este cambio lingüístico no sólo sugiere una negación para quienes intentan abrir nuevos significantes por medio del lenguaje, sino que también es negar el factor dinámico propio del lenguaje. Debemos aceptar que el lenguaje se mantenga flexible en su historicidad y mutabilidad, sin intentar fijarlo como pretenden hacer quienes se oponen al lenguaje inclusivo, evitando así un cambio esencial del carácter histórico de las lenguas.

Los debates culturales en torno al género y la sexualidad siempre han sido complejos. Sin embargo, creo que debemos aprender de la historia en torno a los discursos sobre la sexualidad. En 1905 Sigmund Freud publicó Los Tres ensayos sobre teoría sexual, una de las propuestas teóricas más rupturistas sobre la psique humana y la sexualidad. Para la sociedad decimonónica era indiscutible que había dos sexos y que cierta normativa entre sexo y género seguía el orden natural.

El pensamiento crítico y la ciencia pueden llegar a ser peligrosos cuando merman los mitos que han dado coherencia a nuestra sociedad.

Lo anterior, que todavía hoy resulta evidente para muchos, no tenía detractores en aquella época. Tampoco se ponía en duda, como el propio Freud postulaba, la idea de que los niños fueran naturalmente “inocentes”, un tema sobresaliente en sus ensayos. Por lo mismo, la inocencia infantil era también “obvia” para la sociedad decimonónica. Sin embargo, lo “obvio” siempre requiere una evaluación crítica. Estas obviedades eran producto de un sistema cultural de mitos que Freud intentaba desmitificar desde varias perspectivas teóricas.

Los mitos dan coherencia a la cultura y la contextualizan con sus pertinentes normas y desvíos. El pensamiento crítico y la ciencia pueden llegar a ser peligrosos cuando merman los mitos que han dado coherencia a nuestra sociedad. Las teorías de Freud socavaron supuestos culturales bastante arraigados, y por lo mismo no fueron aceptadas durante mucho tiempo. Tomó años para que la comunidad científica aceptará estas teorías sobre la sexualidad humana.

Hoy en día, nadie puede renegar sobre la importancia del pensamiento freudiano. Lo anterior resulta significativo para este momento cuando, nuevamente, los discursos sobre la sexualidad se proyectan en un campo de batalla cultural. Hoy, quienes atacan la “ideología del género” parecen desconocer como los discursos en torno a la sexualidad han cambiado a lo largo de los años. 

Para quienes trabajamos con la literatura, el lenguaje y la teoría queer nos sorprende la incapacidad de algunos para aprender del pasado y sus discursos dominantes. La teoría queer pone bajo sospecha los discursos hegemónicos que históricamente han reprimido la sexualidad. Quizás la identidad individual se puede pensar como una espiral elástica en lugar de un rol monolítico designado por un orden natural. Aunque la identificación personal está culturalmente controlada por imperativos de imitación performativa de los requisitos socialmente aceptables y sistémicos, siempre existe un margen de maniobra.



El énfasis crítico en la alteridad de género también ha motivado intervenciones críticas en el ámbito del lenguaje. Es importante destacar cómo las disidencias sexuales usan el lenguaje para construirse a sí mismos como identidades legítimas frente a las normas que los privan de sus derechos. Así, un enfoque lingüístico demuestra cómo las normas no solo limitan la práctica del lenguaje, sino que también ofrecen los medios para su propia impugnación.

Algunas de las ideas del pensamiento queer han llegado a ser parte esencial del actual debate cultural. La teoría queer nos permite deconstruir las mitologías culturales que relacionan sexo y género. Estas ideas no habrían sido posibles si el feminismo no hubiese contribuido a interrogar las construcciones culturales de masculinidad y feminidad y su correlación con el deseo sexual. Si queremos una sociedad inclusiva, deberíamos luchar contras las desigualdades que han generado estos mitos culturales. Este momento histórico debe garantizar un espacio en el que todos se puedan sentir representados. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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